La semana pasada nos llevamos una grata sorpresa cuando Tomb Raider: Definitive Edition apareció de forma inesperada en la familia de consolas Nintendo Switch. El reboot de 2013 sigue siendo uno de los grandes momentos de la recta final de PS3 (y también de los primeros años de PS4, pese a una remasterización algo apresurada). Y con la segunda temporada de la fantástica serie animada de Netflix preparándose para retomar la línea temporal “Survivor”, este lanzamiento llega en el momento ideal para regresar al punto de partida de Lara.
Siendo un juego que nació en la transición entre PS3 y PS4, cualquiera pensaría que Tomb Raider debería funcionar sin problemas en Switch 2. Pero la realidad es… un poco más matizada. Así que lo mejor es empezar por lo bueno.
Tomb Raider: Definitive Edition aterriza por primera vez en una consola de Nintendo con una edición que realmente hace honor a su nombre. Incluye todos los DLC, trajes y material extra de otras versiones, además de una galería muy completa en el menú principal; incluso el modo multijugador está presente.

El juego como tal sigue funcionando muy bien. El viaje de Lara —del naufragio a la supervivencia extrema, pasando por enfrentamientos con guerreros samuráis sobrenaturales— continúa siendo una mezcla vibrante de exploración, rompecabezas, tiroteos y secuencias de acción rápida. Ya pasó la época en que los QTE estaban por todas partes, así que ahora incluso se sienten un poco entrañables. Sobre todo cuando fallar una acción te lleva a ver escenas realmente difíciles de ver. Las cinemáticas siguen mostrando a una Lara llevada al límite tanto por los cultistas de la isla como por la propia naturaleza.
A nivel jugable, Lara tiene una evolución sólida: va adquiriendo armas, herramientas y mejoras que le permiten enfrentarse mejor a todo lo que encuentra. En mi memoria el juego se sentía algo más abierto. Tal vez ahora parece menos así por culpa del aluvión de mundos abiertos que hemos tenido en la última década, o quizá simplemente lo recordaba distinto. Aun así, resolver puzles y deshacerte de enemigos sigue siendo tan divertido como siempre. Y con eso claro, toca entrar en los apartados un poco más aspéros.
Tomb Raider lleva un tiempo en un momento complicado. Más allá de la serie de Netflix, la saga prácticamente no avanza, y aquellos rumores sobre un nuevo juego que uniría las líneas temporales y presentaría a una Lara más madura se han ido desvaneciendo desde que Square Enix prácticamente regaló sus estudios occidentales a Embracer. Desde entonces, lo único que han recibido los fans son ports de la era clásica, reunidos en dos colecciones producidas por Aspyr.



Los remasters de la época de PS1 no son más que una capa de pintura sobre un clásico lleno de asperezas, que es justo lo que muchos fans de la vieja escuela quieren. Aunque tengo mis críticas hacia esas versiones, reconozco que respetan bastante el material original. Pero tratándose de Tomb Raider: Definitive Edition, quedarse con esa simple “lavada de cara” no debería ser suficiente.
Tomb Raider: Definitive Edition rinde bien en Nintendo Switch 2. Al final, es un juego de 2013 corriendo en el hardware más moderno de Nintendo, así que lo mínimo esperado era un rendimiento sólido. Sin embargo, la experiencia no pasa de correcta: alcanza 60 fps en modo dock y se comporta parecido en portátil, pero la caída en calidad visual es mayor de lo que uno imaginaría para un título tan antiguo en una consola tan capaz.
Ese recorte visual se entiende cuando juegas en portátil, pero en modo dock sí se siente como una oportunidad perdida, porque debería verse tan bien como en PlayStation 4. Y si NieR:Automata tuvo un port sobresaliente en la Switch original hace apenas unos años atrás, cuesta justificar que Tomb Raider no logre algo similar en Switch 2. No es que se vea mal, porque en movimiento luce bastante bien, pero cuando te detienes a observar los detalles, saltan a la vista las costuras.

En mi opinión, todo esto tiene que ver con las prioridades. No sé con qué tiempos trabajaba Aspyr para preparar este remaster, pero desde fuera queda claro que debieron concentrarse más en pulir la experiencia central del juego. El multijugador es un detalle simpático, sí, pero lo más probable es que el matchmaking quede desierto en poco tiempo. Los controles giroscópicos son una curiosidad que apenas aporta algo, ya que solo producen un efecto visual en los menús y ni siquiera sirven para apuntar como en Zelda. Lo más llamativo son los controles tipo mouse de los Joy-Con 2, que suenan geniales en teoría… pero en la práctica son un caos.
Y luego está la versión para Switch 1, que sinceramente no era una prioridad en 2025. Es cierto que Tomb Raider puede funcionar en la consola anterior, pero a estas alturas habría sido más sensato volcar todos los esfuerzos en la versión de Switch 2 y convertirla en algo realmente destacable. Lo que termina llegando se siente más como un port a medio cocinar para Switch 1 que como un ejemplo de lo que la Switch 2 es capaz de hacer.
Hubo un momento en el que, mientras Lara cruzaba gateando un puente de cuerda sobre un abismo, el juego simplemente dejó de animarla. En vez de moverse como debía, se deslizó por la cuerda como si fuera un tranvía, arruinando por completo la tensión de lo que tenía que ser una escena angustiante. Honestamente, habría preferido que eliminaran el multijugador, los controles por movimiento e incluso la versión de la generación pasada antes que dejar pasar errores así en una reedición de un juego con más de una década a cuestas.

Aun así, Tomb Raider: Definitive Edition es prácticamente una gran oferta en Switch 2, con un precio de 20 dólares. Aunque esperaba un port con más mejoras de base y menos esfuerzos puestos en añadidos poco útiles, volver al inicio de la era “Survivor” de Lara fue, en general, muy disfrutable. Además, su jugabilidad se adapta de maravilla al modo portátil. Incluso me encantaría que las otras dos entregas también llegaran a la consola. Pero, por favor, antes de sacar otro port “que cumple y ya”, dénle a Lara el tiempo que necesita.

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Tomb Raider: Definitive Edition brindada por Aspyr para Nintendo Switch 2.
PUNTOS BUENOS
Lanzamiento inesperado y oportuno. Edición realmente “definitiva”: incluye todos los DLC, trajes y extras (galería y hasta multijugador). Juego base que sigue funcionando y encaja bastante bien en portátil.PUNTOS MALOS
Caída de fidelidad gráfica en dock, aunque mantiene 60 fps, pierde calidad visual más de lo esperado en la TV. Algunos bugs molestos. Énfasis en multijugador, giroscopio y compatibilidad con Switch 1 en vez de pulir la versión Switch 2 y la experiencia principal.CONCLUSIÓN
Tomb Raider: Definitive Edition llega como una versión completa y bastante disfrutable —sobre todo en modo portátil—, pero pierde brillo por sus recortes visuales, algunos bugs y varias decisiones de desarrollo que no terminan de convencer.