La saga BioShock lleva años en pausa, con BioShock Infinite como su última entrega principal hace ya 13 años. Desde entonces, los fans han esperado novedades, aunque reportes indican que incluso un supuesto remake habría sido cancelado en 2025, reflejando un desarrollo complicado dentro de Take-Two Interactive.
Lo que sí ha seguido en marcha es la adaptación cinematográfica de la primera entrega para Netflix, aunque las actualizaciones sobre el proyecto han sido escasas. Recientemente, el productor Roy Lee explicó en una entrevista que los retrasos se deben principalmente a la competencia con otros grandes estrenos que han ido desplazando su calendario.
Sin embargo, lo más llamativo es que Take-Two y Netflix estarían interesados en coordinar el lanzamiento de la película con un nuevo juego de BioShock. Según Lee, ambas compañías quieren que el estreno del filme coincida con “nuevas encarnaciones potenciales del juego”, sugiriendo una estrategia de sinergia entre cine y videojuegos.
La idea no es descabellada. En los últimos años, varias adaptaciones han impulsado notablemente las ventas de sus franquicias originales, como ocurrió con Fallout, que revitalizó las ventas de los juegos de la saga, o con The Last of Us y The Witcher, que también generaron importantes picos comerciales.
Por su parte, Take-Two ha reiterado que el próximo BioShock sigue en desarrollo y que se trata de “una franquicia muy importante” para la compañía. Todo apunta a que la editora busca lanzar simultáneamente la película y lo que muchos consideran provisionalmente como BioShock 4, apostando por un gran regreso coordinado de la saga.





