La franquicia Prince of Persia atraviesa una etapa peculiar. Tras el lanzamiento de The Forgotten Sands en 2010, la saga estuvo catorce años sin un título principal hasta la llegada de The Lost Crown en 2024. Este último buscó replantear la identidad de la serie en la década de 2020, apostando por un formato Metroidvania en lugar de su tradicional estilo de plataformas de acción en 3D y prescindiendo del Príncipe como protagonista. Aunque la crítica lo recibió con entusiasmo, su fracaso comercial llevó a la disolución del equipo de desarrollo. Poco después, apareció The Rogue Prince of Persia en acceso anticipado, convirtiéndose en la única entrega en curso junto con el problemático remake de Sands of Time.

El estreno en versión 1.0 de The Rogue Prince of Persia, un año y medio más tarde, llegó rodeado de altas expectativas y mucha presión. Esto se debe a que pertenece al género roguelite, el cual muchos consideran saturado y repetitivo, además de estar a cargo de Evil Empire, un estudio externo con experiencia como apoyo, pero sin títulos propios publicados. Todo ello alimentó dudas y exigencias, tanto de Ubisoft como de los seguidores de la franquicia. Sin embargo, el antecedente de Evil Empire habla por sí mismo: fueron el estudio que apoyó durante cinco años el desarrollo de Dead Cells, uno de los roguelikes más destacados de la última década. Y lo cierto es que The Rogue Prince of Persia sorprende gratamente. Su propuesta combina de manera impecable jugabilidad, combates dinámicos, exploración, progresión y un apartado sonoro envolvente, ofreciendo una experiencia visual y mecánica que honra el legado de la saga y, al mismo tiempo, se siente renovada. El control del Príncipe se convierte en un baile ágil y peligroso, donde cada movimiento aporta fluidez y emoción.

En cuanto a la trama, el juego sitúa al Príncipe en Ctesifonte, ciudad invadida por los hunos bajo el mando de Nogai, un líder que manipula magia corrupta. Incapacitado al inicio, el Príncipe recibe la ayuda de una bola mágica que le permite resucitar en el último lugar donde descansó cada vez que muere. Gracias a este poder, debe enfrentarse repetidamente a la ocupación enemiga con el objetivo de salvar a la familia real y derrotar al caudillo invasor.

Aunque el planteamiento es típico del género, encaja de manera natural en Prince of Persia. Desde Sands of Time, la saga ha explorado conceptos ligados al tiempo y la repetición, pilares fundamentales de los roguelikes. A esto se suma la clara influencia de Dead Cells, que se refleja en el ritmo veloz de los combates y en la movilidad del personaje, logrando que el resultado final se alinee perfectamente con el espíritu y las expectativas de la franquicia.

Sin embargo, Evil Empire no se quedó de brazos cruzados. Esto no es un simple reskin de Dead Cells, ya que el estudio también incorporó el característico interés de Prince of Persia por las plataformas. El jugador cuenta no solo con un dash típico que permite saltar sobre los enemigos, sino también con la posibilidad de correr por las paredes en cualquier superficie del escenario. Esto, combinado con los saltos de muro y el dash, otorga un repertorio robusto de movimientos que el juego constantemente reta al jugador a aprovechar. Hay niveles que se sienten más como un plataformero que un juego de acción, exigiendo esquivar picas, cuchillas giratorias, escalar torres y mucho más. Al inicio, los controles y la movilidad pueden tomar un tiempo en sentirse naturales, pero una vez dominados, avanzar por los niveles y enlazar fluidamente enemigos y obstáculos se convierte en una experiencia fascinante.

El plataformeo también se integra al combate. Aunque hay abundancia de acción directa, muchos enemigos te invitan a usar los dashes y las carreras por muros para enfrentarlos de manera más eficaz. Las muertes ambientales son frecuentes y, en muchos casos, solo requieren un dash y una patada. Al igual que Hi-Fi Rush o la saga Batman: Arkham, The Rogue Prince of Persia entiende que algunos de los mejores juegos de acción son, en el fondo, juegos de ritmo (bueno, en Hi-Fi Rush ni tan oculto). Al sumar el movimiento, el combate se convierte en una danza de esquivar, correr, golpear y lanzarse al compás de un ritmo casi invisible. La acción se transforma en percusión. La mecánica más evidente de este ritmo es el sistema llamado Aliento de Vayu: cada vez que el jugador realiza una acción con el tiempo justo —como impulsarse en un poste, eliminar a un enemigo o saltar en medio de una carrera por la pared— acumula impulso que, al llenar la barra, acelera la velocidad del Príncipe hasta un frenesí casi caricaturesco. Este sistema es brillante y prácticamente convierte al Príncipe en una especie de Sonic, recorriendo el escenario de enemigo en enemigo en un baile letal de espadas, ataques elementales y movimientos vertiginosos.

La variedad en el combate también es destacable. Aunque no ofrece un repertorio interminable, incluso tras varias horas seguían apareciendo nuevos tipos de enemigos y combinaciones inesperadas. Las armas aportan una diversidad considerable: al igual que en Dead Cells, empiezas con un conjunto pequeño que puedes encontrar en cada partida, pero nuevas opciones se desbloquean a un ritmo generoso. Cada arma posee un ataque rápido, un ataque especial y condiciones distintas para los golpes críticos, lo que hace que su manejo sea más variado de lo que parece al inicio y que modifique el flujo de combate de diferentes maneras. Además, se pueden equipar herramientas —armas que requieren acumular energía en combate para ser usadas—, aunque, a pesar de la amplia variedad disponible, el sistema de energía me llevó a usarlas poco, de modo que no llegaron a definir mi estilo tanto como mis armas principales y medallones.

En realidad, son los medallones el verdadero eje de la construcción de personaje en cada partida. Estos ítems otorgan bonificaciones pasivas que van desde un simple +10% de daño hasta efectos creativos como lanzar dagas llameantes cada vez que ejecutas un ataque especial. Como en Dead Cells o en el reciente Monster Train 2, la jugabilidad de The Rogue Prince brilla con más fuerza cuando encuentras la combinación perfecta de medallones y armas. Por ejemplo, mi configuración con la que derroté por primera vez al jefe final duplicaba todo mi daño crítico y mantenía al Príncipe en un estado casi permanente de velocidad mejorada, transformándolo en un torbellino afilado que eliminaba enemigos en segundos.

La meta-progresión en The Rogue Prince of Persia está muy bien diseñada y se siente justa en su ritmo. Es uno de los apartados que mejor diferencian a un roguelike de un roguelite, y aquí se refleja en dos sistemas que funcionan de manera complementaria. Por un lado, la experiencia obtenida entre partidas permite desbloquear ventajas en distintos árboles de habilidades; por otro, existe una moneda que sirve para acceder a nuevas armas y medallones. Este último añade variedad a cada partida y te da cierta capacidad de elegir qué tipo de equipo se suma al repertorio general. El primero, en cambio, ofrece beneficios más tradicionales como mayor salud, pociones adicionales o más recursos para acelerar el progreso. Algunas mejoras, en especial las que otorgan vidas extra al estilo de Hades, se vuelven casi indispensables. Aun así, la flexibilidad del sistema y sus modificadores de dificultad permiten que los jugadores más experimentados opten por un desafío propio de un roguelike puro si lo prefieren.

En el apartado visual, el título es una verdadera sorpresa. Su estética con cel-shading es clara y legible, sin llegar a lo caricaturesco, logrando un estilo que se mueve entre la frescura de un dibujo animado oscuro y la elegancia de un cómic independiente. Los escenarios que se desbloquean al avanzar son totalmente distintos entre sí, con ambientaciones que van desde laberintos subterráneos y puertos azotados por criaturas tentaculares hasta una academia diseñada como un enorme reloj antiguo. Si bien dentro de cada zona se percibe cierta repetición en los patrones de diseño —algo que deja la sensación de que podría haberse aprovechado más la aleatoriedad—, el juego hace un trabajo notable en mantener siempre al jugador bien orientado.

Y si hablamos de lo que termina de darle personalidad propia al juego, sin duda es la música. El apartado sonoro suele estar infravalorado en el desarrollo de los roguelikes, pero aquí brilla desde el primer momento. La banda sonora corre a cargo de Asadi, músico irano-estadounidense reconocido por fusionar instrumentos clásicos persas con bases electrónicas, logrando un sonido que encaja a la perfección con la esencia de Prince of Persia y al mismo tiempo se siente único. Cada escenario cuenta con su propia pista, con ritmos sincopados que acompañan y realzan el carácter percusivo del combate. Durante los días de prueba, me descubrí alternando entre dos actividades: jugar The Rogue Prince of Persia o simplemente escuchar su banda sonora.

Más allá de mis observaciones sobre sus herramientas, diría que el punto más flojo de The Rogue Prince está en su historia. Es un terreno en el que muchos roguelikes modernos —con excepción de los de Supergiant— suelen fallar, y aunque este título hace un esfuerzo mayor que la mayoría, no termina de brillar. Los personajes cuentan con diálogos frescos y personalidades bien diferenciadas, e incluso hay momentos capaces de generar cierta emoción. Aun así, los conflictos familiares del Príncipe se resuelven con demasiada rapidez para dar paso al avance de la trama. Con todo, el ritmo narrativo está bien cuidado: cada partida aporta nuevos detalles argumentales y abre la puerta a escenarios adicionales justo cuando los anteriores empiezan a volverse rutinarios.

A todo esto, para quienes se preocupan por la relación entre duración y valor, conviene señalar que, tras vencer al jefe final, aún queda mucho por hacer. Hay retos adicionales y un nivel de dificultad pensado para los más dedicados, lo que asegura una rejugabilidad considerable que sabrán aprovechar los amantes de los roguelikes.

The Rogue Prince of Persia logra ser a la vez un gran exponente de la saga Prince of Persia y un roguelite sobresaliente. Evil Empire toma inspiración del ADN de Dead Cells para crear una experiencia que fusiona con maestría el plataformeo con el combate, incorpora sistemas de progresión robustos y demuestra un entendimiento claro de los ritmos que definen a los juegos de acción. El resultado es una obra realmente atractiva.

gamecored score 8.5

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de The Rogue Prince of Persia brindada por Ubisoft para PlayStation 5.

PUNTOS BUENOS

Combina el legado de Prince of Persia (plataformas, control fluido, exploración) con la estructura roguelite. Tanto el estilo visual en cel-shading como la banda sonora de Asadi destacan como elementos únicos que elevan la experiencia. El sistema de combate, el plataformeo exigente y la meta-progresión.

PUNTOS MALOS

Aunque hay intentos de darle peso narrativo, los conflictos y personajes no alcanzan la profundidad necesaria. Algunos patrones de diseño de niveles se sienten reiterativos.

CONCLUSIÓN

The Rogue Prince of Persia brilla en su combate 2D de desplazamiento lateral gracias a la integración de un parkour sumamente fluido. La misión de liberar Ctesifonte de los hunos, aprovechando las habilidades inmortales del Príncipe, se adapta de forma ideal al esquema roguelite, y cada intento me motivaba a regresar una y otra vez a la acción.