Ninja Gaiden, Teenage Mutant Ninja Turtles… este año ha sido especialmente generoso con los juegos de ninjas, y la racha continúa con Shinobi: Art of Vengeance. Tras 14 años desde la última entrega (Shinobi 3D en Nintendo 3DS), el estudio Lizardcube, responsable del aclamado Streets of Rage 4, revive la saga con una propuesta que combina su sello artístico inconfundible y el espíritu clásico de la franquicia. El resultado es un regreso triunfal de la acción en 2D que ningún fan debería pasar por alto.
En esta nueva aventura encarnas a Joe Musashi, cuyo hogar ha sido reducido a cenizas y cuya gente ha sido convertida en piedra. Movido por la venganza, se embarca en un viaje a través de vastas regiones donde deberá enfrentarse a ninjas rivales, soldados cibernéticos, demonios y criaturas abominables nacidas de experimentos fallidos. La campaña, que dura unas diez horas, no se guarda nada: ofrece combates espectaculares, escenarios variados y un frenesí de acción que lleva la fórmula al límite. Es un título que sabe combinar con acierto la estética tradicional japonesa con un aire futurista, lo que lo convierte en una experiencia tan intensa como inolvidable.
Eso sí, conviene aclarar que la historia nunca ha sido el fuerte de Shinobi, y aquí no hay grandes sorpresas. El argumento sigue patrones muy conocidos: enemigos y jefes que predican sobre “crear un nuevo mundo” y un protagonista que responde con silenciosos gruñidos. Aun así, se nota que tanto SEGA como Lizardcube buscaron dar más relevancia a la narrativa. Los escenarios y retratos de personajes están trabajados con detalle, y las escenas de diálogo al estilo novela visual cuentan con actuaciones de voz enérgicas. El contraste llega con Musashi, cuya personalidad imperturbable aporta dureza, pero también rompe un poco el ritmo y puede ralentizar la experiencia.



En lo personal, hubiese preferido que la trama quedara más en segundo plano. Otros juegos similares han demostrado que se puede contar una historia sólida sin que estorbe la diversión. Un ejemplo claro es Ninja Gaiden: Ragebound, que logra equilibrar perfectamente acción y guion. Aun así, lo verdaderamente importante es que, más allá de estas concesiones narrativas, Shinobi: Art of Vengeance brilla como un espectáculo visual y jugable que devuelve a la saga al lugar que merece dentro del género.
Como buen Shinobi, el combate es pura agilidad y dinamismo. Joe Musashi ejecuta saltos, esquivas y tajos con una fluidez impecable, y hasta los jugadores menos hábiles podrán lograr secuencias espectaculares con él. La variedad en el comportamiento de los enemigos —cada uno con niveles de agresividad e intenciones claramente marcadas— hace que esquivar y contraatacar resulte intuitivo. Aunque la acción alcanza pronto un punto álgido, nunca llega a sentirse repetitiva gracias a pequeñas mecánicas que aportan frescura sin romper el ritmo. Los rivales blindados requieren golpes más potentes, los kunai abundan como recurso constante y, en caso de apuro, siempre está la opción de recurrir al ninjutsu para desatar ataques devastadores que incluso pueden limpiar la pantalla por completo.
La clave del sistema de combate está en el alto nivel de control que ofrece al jugador como líder del Clan Oboro. Joe se mueve con total libertad, encadenando ataques y cambiando de objetivo en cuestión de segundos, casi sin restricciones de animación. El único límite real aparece en el aire, cuando ya has gastado tanto el doble salto como el dash aéreo. Esto provoca que la experiencia se asemeje a la de un personaje de juego de lucha: con un repertorio amplio, variado y eficaz, donde los errores provienen únicamente de decisiones equivocadas y no de las reglas del juego.
Desde el inicio, el arsenal ninja es brutalmente eficaz. El ataque básico, de gran alcance, se combina con un golpe fuerte más lento que permite mantener a los enemigos en el aire, lo que se traduce en un sistema de malabares tan viable como adictivo. A medida que progresas, un peculiar comerciante —un yōkai con aspecto de jabalí— amplía tus opciones con amuletos y nuevas técnicas. Estas no solo enriquecen el repertorio, sino que también añaden variaciones a movimientos ya conocidos: por ejemplo, la clásica patada descendente puede transformarse en un combo acrobático si se mantiene el botón tras el impacto. Es un sistema de progresión que recompensa de inmediato y permite reforzar tu estilo de juego personal.



Además, el título brinda un amplio abanico de objetos equipables para personalizar tu enfoque de combate. Al principio, por ejemplo, es útil un jutsu de parry con contraataque o un talismán que aumenta las curaciones, perfectos para suplir errores en la defensa. Con la práctica, cuando la destreza mejora, estos pueden cambiarse por mejoras más ofensivas, como kunai que atraviesan enemigos. En ciertos momentos clave, el juego introduce nuevos objetos que te animan a replantear tu estrategia, e incluso ofrece una zona de entrenamiento para pulir tus habilidades como si fueras un verdadero maestro ninja.
Aunque el juego luce sorprendentemente bien, lo más destacable es la manera en que está construido a nivel técnico. El uso abundante del parallax en los escenarios hace que este título 2D transmita una sensación de inmersión y profundidad poco común, llegando incluso a provocar genuinas expresiones de asombro. A primera vista podría parecer que incorpora muchos elementos en 3D, pero al recorrerlo queda claro que todo es un ingenioso truco visual. Esto se complementa con una cámara dinámica que ajusta sus ángulos para potenciar la atmósfera: alejándose en zonas abiertas y acercándose en pasajes estrechos, como los conductos de ventilación. El resultado es una experiencia fluida que refleja el acierto de su estilo gráfico eficiente y funcional.
Explorar estos entornos resulta igualmente entretenido, con Joe desplazándose con la destreza que esperarías de un auténtico Shinobi. Saltos dobles y dashes en el aire se vuelven mecánicas naturales en cuestión de minutos, antes de que entren en juego nuevas habilidades como trepar muros o recargar un dash aéreo. Se agradece que en los tramos más complicados haya un diseño equilibrado: Lizardcube apenas introduce unos pocos enemigos específicos para que la dificultad no recaiga en exceso sobre la combinación de saltos y rivales molestos. La experiencia de plataformas ofrece múltiples momentos que refuerzan la fantasía ninja, como escapar de una trampa mortal con un salto oportuno o desaparecer en un agujero del techo. Basta con reflejos y precisión, sin necesidad de técnicas especiales, para sortear los peligros de unas instalaciones demoníacas que parecen ignorar cualquier norma de seguridad.
También merece la pena investigar cada rincón, ya que los niveles esconden secretos útiles para tu progreso. Muchos se desbloquean al conseguir nuevas herramientas, y suelen tomar la forma de monedas o coleccionables. Además, en distintos puntos aparecen desafíos de combate que rompen la rutina y que presentan enemigos inéditos antes de encontrarlos en el avance normal. Funcionan como si fueran pequeñas pruebas ninja, perfectas para medir tu habilidad y demostrar tu destreza.


Algo que me resulta difícil de justificar es la decisión de detener la acción cada vez que un personaje lanza una línea de diálogo. Frases como “¿¡El shinobi está aquí!? ¡No podemos dejar que entre en la instalación!” funcionan muy bien para reforzar la idea de que eres una amenaza temible, pero el impacto se diluye cuando ves a Joe Musashi parado, esperando con paciencia a que acaben de hablar. Este recurso aparece en varias ocasiones, y hubiera sido mucho más natural integrarlo como diálogo en segundo plano, acompañando tu avance por pasillos o mientras escalas. No arruina la experiencia, pero sí rompe el ritmo en momentos clave.
Por suerte, el carismático grupo de aliados y villanos hace que siempre valga la pena escuchar lo que tienen que decir, todo acompañado por una banda sonora vibrante que encaja perfectamente con la exploración y la búsqueda de secretos en cada nivel. Al tratarse de un título de SEGA, se reconocen varios fragmentos de audio reciclados de otros juegos, aunque más que un recurso barato, se sienten como un guiño nostálgico. El juego respira su herencia de SEGA en cada rincón, ya sea con detalles ambientales que recuerdan a clásicos o con cameos fugaces que te sacan una sonrisa. Y claro, el regreso de Joe Musashi también da la oportunidad de rescatar a viejos conocidos.
Las imperfecciones son menores, pero están ahí. Hay secciones en las que la dificultad se siente un poco desmedida, especialmente cuando los ataques a distancia saturan la pantalla. Art of Vengeance no busca ser un “bullet hell”, así que esas partes donde Joe pasa demasiado tiempo esquivando proyectiles destacan por lo bruscas que resultan. Aun así, esto se compensa con un sistema de dificultad altamente ajustable, con una completa serie de deslizadores que puedes configurar a tu gusto. Si, como yo, tienes las manos castigadas de tanto escribir reseñas, un par de ajustes alivian la tensión sin convertirlo en un paseo aburrido. Y lo mejor es que luego puedes volver a subir el reto para seguir sintiéndote como un auténtico ninja. Una solución brillante.



Lizardcube ha logrado algo realmente notable al revitalizar y rendir homenaje a una saga que había estado inactiva sin razón aparente. Los impecables y llamativos gráficos son suficientes para llamar la atención, pero al experimentar el combate y las habilidades de plataformas, te sumerges por completo en la historia de venganza de Joe Musashi y su lucha contra Lord Ruse. En pocas palabras este título es altamente recomendable.

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Shinobi: Art of Vengeance brindada por SEGA para PlayStation 5.
PUNTOS BUENOS
El dibujo de los sprites a mano es simplemente encantador. La asombrosa variedad de enemigos convierte los encuentros en un divertido rompecabezas. El doblaje hace que los momentos narrativos destaquen. La función de ajuste de dificultad está implementada de manera brillante. Los gruñidos de Joe Musashi son eternamente geniales.PUNTOS MALOS
Me pregunto por qué parte del audio necesita pausar la acción del juego. Esquivar proyectiles puede resultar un poco excesivo para algunos jugadores.CONCLUSIÓN
De principio a fin, la vuelta de la franquicia Shinobi es un completo regalo, ofreciendo gráficos deslumbrantes y una inmersión extraordinaria a la fantasía Ninja, que se sostiene con seguridad por sí misma.