Guillermo del Toro ha estado persiguiendo la idea de hacer su versión de Frankenstein durante más de dos décadas, asegurando que es una película que ha imaginado desde su infancia. Este proyecto lleva rondando en su mente casi 50 años, y su amor por las películas de monstruos ha sido evidente desde su primer largometraje, Cronos (1992). Como muchos se habrán percatado, su fascinación por la novela de Mary Shelley se ha reflejado en casi toda su filmografía, desde el romance gótico de Crimson Peak hasta su acercamiento más cercano a un clásico de monstruos de Universal con la saga Hellboy. Frankenstein siempre ha formado parte de sus obsesiones creativas, y finalmente, después de toda una vida soñando con ello, este proyecto personal ve la luz.
En un momento, del Toro comentó cuánto tiempo le tomó hacer la película exactamente como la imaginaba, subrayando que lo que se ve en pantalla refleja fielmente su visión. Sin embargo, considerando los años de dedicación y la pasión que ha puesto en el proyecto, uno se pregunta qué tan flexible estuvo para ajustar esa visión en favor de la narrativa o el ritmo del filme. Algo que parecía perfecto en su mente durante años podría no tener el mismo impacto una vez llevado al cine.
Por un lado, es admirable que un director de la talla de del Toro pueda materializar un sueño tan ambicioso, trabajando en una escala épica nunca antes vista en su carrera para dar vida a esta historia icónica. Por otro lado, ciertos problemas de ritmo y su esfuerzo por mantener la esencia original del relato, aunque con su toque personal, muestran que a veces incluso las ideas más queridas necesitan ser adaptadas o recortadas para funcionar en pantalla.



La historia comienza en el Ártico, cuando un barco lleno de marineros queda atrapado en el hielo y presencia a un hombre y a una criatura persiguiéndose. Dado por muerto, el Dr. Victor Frankenstein (Oscar Isaac) es rescatado por los marineros y decide contarles su historia. Pronto, la criatura que lo persigue (Jacob Elordi) empieza a atacar a los hombres para alcanzar a Frankenstein. Tras desaparecer bajo el hielo, Frankenstein inicia el relato de su historia.
Esta nueva versión mantiene la fidelidad al libro, pero incorpora la sensibilidad y el estilo visual característico de del Toro, mezclando terror, drama y estética gótica para ofrecer una interpretación única de la clásica novela de Mary Shelley.
Guillermo del Toro presenta a Frankenstein como un hombre decidido a devolver la vida a los muertos. Aunque logra animar a los fallecidos por breves momentos, con la ayuda del inversor adinerado Harlander (Christoph Waltz) y del hermano menor de Frankenstein, William (Felix Kammerer), Víctor se embarca en la creación de una criatura propia. Armando el monstruo a partir de distintos cuerpos, consigue darle vida, pero pronto se frustra al descubrir que su creación no es el logro científico que esperaba. Una de las decisiones más ingeniosas de del Toro es narrar la historia desde dos perspectivas: la del Dr. Frankenstein y la de su monstruo.
Visualmente, del Toro vuelve a destacar. Frankenstein es deslumbrante, con escenarios imponentes, paisajes amplios y un trabajo sobresaliente en vestuario y maquillaje. La película es un festín para la vista y no sorprendería que se lleve varios premios técnicos en los próximos Óscar. Del Toro logra que sus personajes se vean enormes en mundos aún más grandiosos, alcanzando un nivel visual sin precedentes en su filmografía.

El diseño de la criatura también es notable. Del Toro combina el terror con la humanidad, especialmente en los primeros intentos de revivir a los muertos, mostrando criaturas impactantes. Pero lejos de crear monstruos arbitrarios, logra que la criatura se sienta humana y evolucione a lo largo de la película. Jacob Elordi ofrece una interpretación poderosa, mostrando cómo su personaje aprende y crece, convirtiéndose en un ser con conciencia y emociones. Momentos delicados, como su primer encuentro con Elizabeth (Mia Goth) o su salida al mundo real, logran que el monstruo sea un personaje entrañable y único dentro de la película.
Sin embargo, Frankenstein podría haberse beneficiado de una edición más concisa. Algunas escenas se sienten demasiado largas, como los intentos de Víctor de enseñarle palabras al monstruo o la amistad con un hombre ciego (David Bradley). Este ritmo pausado afecta la fluidez de la película, que de otro modo sería una adaptación sólida. Parece que del Toro quería incluir cada elemento que consideraba importante, aunque no siempre favorezca la narrativa general. Reducir unos minutos habría ayudado a mantener un mejor ritmo.
A pesar de esto, queda claro que del Toro conoce profundamente la historia e introduce cambios inteligentes como un pasado más complicado para Frankenstein o su versión de la Novia de Frankenstein. La película está llena de ideas sólidas, aunque algunas podrían haberse desarrollado más. Oscar Isaac cumple como Dr. Frankenstein, pero el personaje no ofrece grandes novedades. De manera similar, Elizabeth (Mia Goth) y Harlander (Christoph Waltz) aparecen en escenas breves que no alcanzan a profundizar en sus personajes.



Una de las elecciones más inteligentes de del Toro es narrar la historia desde la perspectiva de la criatura, lo que permite a Jacob Elordi destacar como actor. A lo largo de la película, su evolución se muestra de manera sobresaliente mientras enfrenta lo que él mismo llama su “vida despiadada”. Este es uno de los mayores desafíos interpretativos de Elordi, y consigue hacer que la criatura sea un personaje profundamente humano y empático, que lucha por comprender su propósito y el mundo que lo rodea.
Como sucede con muchos proyectos personales de grandes directores, es muy gratificante ver que del Toro finalmente pudo realizar la película que llevaba tanto tiempo soñando. No alcanza la escala monumental de ciertos proyectos épicos, pero la pasión y dedicación de del Toro se perciben en cada escena, haciendo que la película sea realmente cautivadora, aunque su ritmo sea irregular en algunos momentos.
Frankenstein está disponible a través de Netflix.

