Cyberpunk: Edgerunners es un impresionante experimento visual que lleva la moralidad, el cuerpo y la violencia al límite. Mientras que los tráilers daban prioridad a la vibrante violencia y a las intensas explosiones, Edgerunners se perfila como algo más que solo su estética. Centrado en contar la historia de David Martínez, un adolescente de Night City, Edgerunners saca a relucir las profundas desigualdades de clase que son la columna vertebral del género ciberpunk y del cual el juego toma su nombre.
David es un chico de la calle de Santo Domingo que no se supone alcance mucho éxito en la academia de élite Arasaka o incluso en la vida. La serie comienza pintándonos al rudo pero extremadamente inteligente protagonista, que roza con la delincuencia, pero que se ve empujado a seguir yendo a una escuela acosadora, solo por respeto a su madre Gloria. Por su parte, ella es una madre soltera que busca asegurar un futuro trabajando día y noche sólo para pagar la matrícula y tratar de mantener a flote la casa. Pero cuando ocurre la tragedia, David descubre los oscuros negocios de su madre y deberá luchar para sobrevivir por su cuenta, encontrar un propósito y probarse a sí mismo ante un mundo implacable. Abordar esto de frente permite a la serie, al menos hasta ahora, mostrar cómo la tecnología puede ser un camino para salir de la pobreza, siendo al mismo tiempo la causa de la desigualdad en general.
Otro personaje interesante es el de Lucy, quien va a perturbar o guiar (según se mire) a David en su nuevo camino. Ella es una netrunner, una hacker de élite que se conecta directamente a cualquier cromo o sistema que pueda conseguir, Lucy presenta a David a su equipo y, a medida que el romance florece, también se desencadenará la trama más oscura del anime. Lo que me gusta de ambos personajes es que son buenos el uno para el otro, pero también la razón del sufrimiento del otro, en ese sentido hasta me recuerda a la relación de Jimmy y Kim en Better Call Saul. Pero bueno. algo que no debemos olvidar es que la tragedia es el sobrenombre de Night City, y eso queda muy claro a medida que avanza la serie.
Además de Lucy y David, Cyberpunk: Edgerunners también cuenta con personajes adorables, entrañables y trágicos como Maine, Becca, Dario, Kiwi y Falco. Cada uno de ellos destaca por sí mismo visualmente, y todos reciben distintos niveles de detalle y conexión con la historia principal. Debo decir que son unas adiciones estupendas que complementan la serie.
La buena noticia para aquellos que no hayan jugado al videojuego en el que se enmarca esta historia es que pueden adentrarse en la serie sin ese conocimiento previo. La serie cuenta una historia independiente de 10 episodios sobre un chico de la calle que intenta sobrevivir en Night City, una ciudad del futuro obsesionada con la tecnología y las modificaciones corporales. A pesar que tiene todas las de perder, se mantiene vivo convirtiéndose en un edgerunner, un mercenario fuera de la ley, también conocido como ciberpunk, que se propone acabar con el orden que favorece a las megacorporaciones, aunque para ello tenga que trabajar para los fixers.
El único problema claro de Edgerunners es la duración y su número de episodios. Con grandes momentos emocionales en el punto medio y en el episodio final, la construcción de los mismos se siente un poco apresurada. Ver cómo el personaje se convierte en un psicópata cibernético no duele tanto como debería porque no vemos el lento descenso, ni el retroceso de éste. Aunque oímos hablar de los adictos al cromo, no se explora el camino hacia los efectos negativos de aumentar el cuerpo, sólo el principio y el final. Si bien esto es cierto para lo que le sucede a un personaje secundario, es omitir el camino de David de alterar su cuerpo e investigar por qué con un salto temporal lo que hace que su historia se sienta incompleta.
Los cuatro primeros episodios de Cyberpunk: Edgerunners tienen un ritmo fenomenal, pero a medida que llegamos a la segunda mitad de la temporada queda claro que dar a esta serie un mayor número de episodios, aunque sólo fueran 13, podría haber ayudado a construir más emoción. Dicho esto, la serie no está nada exenta de algunos momentos que te dejarán boquiabierto. En pocas palabras, el plot armor de los personajes, que podrías llegar a amar, es bastante ligera. Esto ayuda a crear tensión a medida que la serie se precipita hacia su desenlace en un vertiginoso episodio final.
Cyberpunk: Edgerunners es la cumbre del estudio Trigger. Eso tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. En cuanto a lo primero, la producción es vibrante y violenta, con una animación que demuestra por qué este estudio sigue siendo icónico, y con muchos elementos que amar. Pero para los segundos, la serie sacrifica la emoción por las explosiones en más de un par de escenas. Pero aún así, felizmente no gana el estilo sobre la sustancia, ya que llegamos a ver cómo toda la historia cierra el círculo sobre sí misma, haciendo referencia sobre el punto de inicio de David y su punto de cierre.
En ese sentido, Cyberpunk: Edgerunners es estelar, y aunque con algunos elementos narrativos por pulir, siento que es una serie redonda, con una historia sólida y la prueba de que el mundo de Cyberpunk está maduro para expandirse de nuevas y emocionantes maneras. Y, si te gusta Franz Ferdinand, entonces creo que vas a quedar más que satisfecho.


















