Han pasado dos años desde que X-Men ’97 sorprendió incluso a quienes pensaban que sería únicamente un ejercicio de nostalgia. La primera temporada demostró que no buscaba vivir del recuerdo de la serie animada de los noventa, sino utilizar ese legado para contar historias mucho más maduras, con personajes marcados por la pérdida, la discriminación y las consecuencias de sus decisiones. Tras un final que dejó a los X-Men dispersos en distintas épocas, la segunda temporada retoma la historia exactamente donde la dejó y, desde el primer minuto, deja claro que no piensa bajar el ritmo.

Lo primero que llama la atención es la enorme confianza con la que la serie vuelve a escena. No existe un episodio dedicado a reintroducir personajes o explicar lo ocurrido anteriormente. La historia asume que el espectador viene directamente de la primera temporada y continúa avanzando sin mirar atrás, algo que puede resultar exigente para algunos, pero que beneficia enormemente el ritmo de la narrativa. En ese sentido, quienes esperaron estos nuevos capítulos encontrarán una continuación que recompensa esa paciencia.

Si hubo una crítica recurrente hacia la primera temporada fue su velocidad para contar los acontecimientos. En ocasiones las emociones apenas tenían tiempo para asentarse antes de pasar al siguiente gran evento. Esa sensación sigue presente aquí, aunque ahora funciona mejor gracias a la estructura elegida. Al dividir al equipo en distintas líneas temporales, cada grupo tiene espacio suficiente para desarrollarse sin que la historia pierda dinamismo ni se vuelva confusa.

La temporada construye tres escenarios muy diferentes que terminan complementándose entre sí. Mientras una parte de los X-Men intenta sobrevivir en un futuro devastado, otro grupo queda atrapado en el antiguo Egipto, al mismo tiempo que el presente enfrenta nuevos conflictos sin la presencia del equipo original. Esta separación permite explorar distintos tonos narrativos y evita que la serie dependa únicamente de grandes secuencias de acción para mantener el interés.

Precisamente uno de los mayores aciertos de estos primeros episodios es cómo preparan el terreno para lo que vendrá después. Nuevas organizaciones mutantes comienzan a ocupar el vacío dejado por los X-Men y las tensiones entre ellas dejan claro que el conflicto apenas está comenzando. La sensación constante es que cada episodio mueve cuidadosamente las piezas hacia un enfrentamiento mucho mayor, sin descuidar las historias personales de cada protagonista.

Visualmente, la producción vuelve a demostrar por qué se ha convertido en uno de los mejores trabajos recientes de Marvel Animation. La animación mantiene el estilo clásico de la serie original, pero incorpora movimientos mucho más fluidos, una iluminación más elaborada y una dirección de acción considerablemente más ambiciosa. Todo luce moderno sin perder la identidad visual que convirtió a la caricatura de los noventa en un clásico.

Las secuencias de combate también muestran un importante salto de calidad. La coreografía resulta mucho más dinámica y aprovecha mejor las habilidades de cada personaje, ofreciendo enfrentamientos espectaculares que nunca caen en el exceso. Destaca especialmente una de las escenas protagonizadas por Jubilee, que combina música, nostalgia y acción de una forma muy divertida, recordándonos constantemente que seguimos en ese particular 1997 imaginado por Marvel.

Sin embargo, la serie vuelve a demostrar que entiende perfectamente cuál es su verdadera fortaleza. La acción nunca desplaza a los personajes. Incluso en medio de las batallas más espectaculares, los conflictos emocionales siguen ocupando el centro del relato. El duelo, la culpa, la esperanza y el miedo continúan siendo los motores que impulsan las decisiones del equipo.

Uno de los aspectos más interesantes de esta segunda temporada es el espacio que reciben personajes que tradicionalmente habían permanecido en segundo plano. Mientras Wolverine adopta un rol mucho más contenido de lo habitual, otros miembros del equipo encuentran oportunidades para crecer y desarrollar relaciones que apenas habían sido exploradas anteriormente. Es una decisión que refresca la dinámica del grupo y evita que la historia dependa siempre de los mismos protagonistas.

En ese sentido, Cyclops, Jean Grey y Rogue protagonizan algunos de los momentos más sólidos de estos primeros episodios. Cada uno arrastra las heridas dejadas por los acontecimientos de la temporada anterior y la serie dedica tiempo suficiente para mostrar cómo intentan seguir adelante sin caer en dramatismos innecesarios. Ese equilibrio entre espectáculo y desarrollo emocional continúa siendo una de las mayores virtudes de la producción.

El gran antagonista de esta nueva etapa vuelve a ser Apocalypse, uno de los villanos más emblemáticos del universo de los X-Men. No obstante, la serie evita convertirlo simplemente en una amenaza imparable. En lugar de limitarse a mostrar su inmenso poder, también dedica buena parte de la historia a explorar sus orígenes y la forma en que su visión del mundo fue moldeándose con el paso del tiempo. Ese enfoque permite construir un antagonista mucho más complejo de lo esperado. Apocalypse representa una filosofía basada en la supervivencia del más fuerte, una idea que encaja perfectamente con los temas que siempre han definido a los X-Men: la evolución, la intolerancia y el eterno conflicto entre humanos y mutantes. La serie consigue que incluso quienes ya conocen al personaje descubran nuevos matices de su personalidad.

Si hubiera que destacar un punto especialmente alto dentro de estos primeros capítulos, ese sería el arco centrado en los orígenes de Apocalypse. Sin entrar en spoilers, ofrece algunos de los momentos más interesantes de toda la serie hasta ahora y demuestra nuevamente que X-Men ’97 alcanza su mejor nivel cuando combina grandes acontecimientos con profundas reflexiones sobre sus personajes.

Con solo estos primeros episodios resulta evidente que X-Men ’97 mantiene intacto el nivel que la convirtió en una de las mejores producciones recientes de Marvel Studios. La segunda temporada no busca reinventar la fórmula, sino perfeccionarla, ampliando la escala de la historia sin perder de vista aquello que siempre ha hecho especial a los X-Men: personajes complejos, conflictos con peso emocional y una narrativa capaz de equilibrar acción, nostalgia y madurez. Si el resto de la temporada mantiene este nivel, estaremos nuevamente ante una de las mejores series de superhéroes de los últimos años.

gamecored score 9

PUNTOS BUENOS

Mantiene el excelente nivel narrativo de la primera temporada, retomando la historia sin perder fuerza y ampliando el universo de los X-Men de forma orgánica. Desarrolla mejor a sus personajes, dando mayor profundidad emocional a figuras como Cyclops, Jean Grey, Rogue e incluso Apocalypse. La animación y las secuencias de acción son espectaculares, combinando el estilo clásico con una ejecución moderna y muy fluida. Construye un villano mucho más complejo, ofreciendo una nueva perspectiva sobre Apocalypse sin restarle presencia como gran amenaza.

PUNTOS MALOS

Su ritmo continúa siendo muy acelerado, por lo que algunos acontecimientos importantes apenas tienen tiempo para asentarse antes de dar paso al siguiente gran evento.

CONCLUSIÓN

X-Men '97 Temporada 2 demuestra que la serie sigue siendo la mejor adaptación moderna de los mutantes al combinar acción espectacular, personajes memorables y una historia tan ambiciosa como emocionante.