Aunque los inconvenientes en el desarrollo del próximo Battlefield, bajo el nombre clave Glacier, ya fueron expuestos en un extenso informe de Ars Technica, recientemente han surgido detalles específicos sobre los problemas que afectan su campaña para un jugador.
Este modo estaba originalmente en manos de Ridgeline Games, pero el estudio no habría logrado cumplir con los objetivos esperados. Según el reporte, los altos mandos del proyecto estaban insatisfechos con el avance logrado, lo que llevó al cierre de Ridgeline y a la reasignación del desarrollo a Criterion, DICE y Motive.
Fuentes cercanas aseguran que Ridgeline enfrentó múltiples complicaciones, especialmente por los intentos de ampliar su equipo. Una de las principales quejas fue la constante reasignación de recursos, lo que dificultaba cumplir con las metas. También se menciona la falta de revisiones internas y controles regulares, lo que impidió detectar a tiempo los problemas hasta que una evaluación crítica expuso la situación real y derivó en el cierre del estudio.
Tras la transición, los nuevos equipos no pudieron aprovechar casi nada del trabajo realizado por Ridgeline durante dos años, lo que los obligó a reiniciar la campaña desde cero, sin modificar la fecha prevista para su entrega.
En términos generales, Glacier ha tenido un progreso lento dentro del sistema de avances de EA, conocido como “gates”, y solo ha superado el tercer nivel hasta mayo de este año. Mientras tanto, la campaña sigue significativamente rezagada. Aunque los modos clásicos como Conquest y Rush ya cuentan con versiones alfa, el desarrollo enfrenta tensiones internas debido a diferencias culturales entre estudios internacionales como DICE en Suecia y la presión tras el fracaso de Battlefield 2042. Mientras que algunos equipos europeos critican las decisiones jerárquicas impuestas desde el extranjero, los desarrolladores estadounidenses lo ven más como parte de un proceso natural de crecimiento.





