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Voice of Cards: The Isle Dragon Roars puede no sonarte muy familiar, pero el nombre Yoko Taro ha alcanzado suficiente fama a través de los últimos años como para ser sinónimo de complejos personajes e inesperados giros argumentales listos para destruir tus expectativas. El excéntrico director creativo, junto con sus usuales complices, el productor Yosuke Saito y el compositor Keiichi Okabe, están de regreso con una aventura totalmente distinta a sus anteriores trabajos.
Las cabezas detrás de las sagas NieR y Drakengard decidieron esta vez que la mejor manera de narrar las travesías de otro extraño grupo de héroes era ambientarlas a través de un elaborado juego de cartas. Una extraña premisa, incluso para estos peculiares creadores, que sacrifica el usual enfoque gráfico de los videojuegos modernos para reemplazarlo con un acabado minimalista curiosamente atractivo en su rareza.
Cada elemento de este título, desde sus personajes, items y hasta sus grandes escenarios se muestran ante tus ojos como grandes colecciones de cuadros de plástico y cartón bellamente ilustrados. Esta arriesgada idea le roba un tanto el protagonismo a lo visual y permite a tu imaginación sumergirse en una interesante trama gracias a una experiencia que no será para cualquiera pero atrapará a quienes logren apreciarla.
«The Isle Dragon Roars» es la primera entrega del universo Voice of Cards e inicia de una forma grandilocuente y típica para una aventura fantástica. Tomas el control de 3 grandes y poderosos héroes: Un musculoso bárbaro, una voluptuosa sacerdotisa y un anciano hechicero que forman un equipo con muchos años de experiencia (y arrogancia) derrotando varios monstruos en el tutorial de combate. Estos miembros de «La Orden de Marfil» (Ivory Order) son el grupo perfecto para una épica medieval y es por ello que el carismático narrador te confirma burlonamente luego de unos minutos que «Ellos no son los protagonistas».
El mismo cuenta-cuentos, quien es la única voz que oyes en toda la campaña, te coloca luego en el rol del verdadero, e inusual, protagonista: Un joven mercenario de complexión delgada y pocos rasgos heroicos en busca del botín más grande que pueda encontrar para así disfrutar de lujos y de la buena vida. Junto con su fiel aliado Mar, un monstruo de gran tamaño y voraz apetito, este dúo y muchos otros cazarrecompensas asisten a una gran reunión organizada por la Orden de Marfil.
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Un temible y poderoso dragón amenaza el continente y la Orden ofrece una gran recompensa a quien pueda derrotarlo. La tarea es de suma urgencia y por ello cualquier aspirante a héroe es invitado a probar suerte (y arriesgar su vida) con la promesa de una generosa cantidad de tesoros. El protagonista sale en búsqueda de la bestia y de aliados que puedan ayudarle en su misión, pero no demasiados pues tampoco quieren diluir sus ganancias.
En sus viajes a través de distintas ciudades y pueblos, conocerá nuevos compañeros como la misteriosa hechicera Melanie, que odia al dragón y solo quiere eliminarlo cueste lo que cueste; la alegre arquera del pueblo del bosque Ridis y el fornido aprendiz de nutricionista Bruno, cuya apariencia de bárbaro contrasta su curioso oficio. Cada personaje es tan carismático como el anterior y es muy fácil encariñarte con ellos, aun si solo los ves en forma de imágenes estáticas mientras una voz sin cuerpo lee sus diálogos y describe sus acciones.

La trama de Voice of Cards: The Isle Dragon Roars es la columna vertebral que carga consigo la mayor parte del encanto. Una historia con bastantes sorpresas, genial humor y momentos emotivos muy bien escrita, como es de esperarse de alguien con la fama de Yoko Taro; pero quizás la razón más importante detrás de su gran efectividad para atrapar tu atención es justamente el trabajo de aquella «voz sin cuerpo» que acabo de mencionar: El narrador.
Como dije más arriba, aquí no hay actuación de voz de parte de ningún personaje, todos y cada uno de los diálogos desde los del protagonista hasta los enemigos y NPCs son textuales. Afortunadamente, todo el contenido escrito es leido con mucha fluidez y personalidad por el actor Todd Haberkorn (en la versión en inglés) quien le da un enorme carisma a cada línea. Puedes notar cambios en la entonación cuando ocurre algo extraño o si el mismo narrador queda confundido por algún giro argumental y también cuando trata de esconder su emoción durante una pelea si utilizas una buena estrategia. Hasta puedes sentirte como si estuvieras en una sesión de Dungeons & Dragons con un Game Master que disfruta mucho contar sus relatos o como si estuvieras oyendo un buen audiolibro.
Sin embargo, el narrador no es infalible y a veces su trabajo se ve perjudicado en los momentos menos «narrativos». Por ejemplo, aunque es divertido oir su parca entonación narrando las primeras luchas por turnos, luego de unas horas sus frases empiezan a reciclarse y puede llegar a ser cansado. Obviamente, esto no afecta a la trama central, pero puede hacer un poco monótono el lado del gameplay, en especial en los enfrentamientos más largos.
A pesar de este pequeño defecto, el aspecto narrativo es fácilmente el mejor y es lo que te impulsa a querer conocer más de las desventuras de tu aspirante a héroe y su grupo de desadaptados medievales. Los varios giros y sorpresas son muy buenos, el guión está lleno de momentos serios pero también tiene un excelente sentido del humor, y todas características son presentadas de forma muy convincente por el narrador. Claro está, si eres de los que prefiere ver espectaculares cinemáticas en sus rpgs, este enfoque no será de tu agrado; pero si gustas de leer o escuchar buenas historias (o prefieres las novelas visuales) y dejar volar tu imaginación, es muy posible que te encante.
Finalmente, hay que considerar que no estamos ante una larga campaña de cientos de horas. Éste es un proyecto de alcance algo reducido (justamente por ello se vende a solo $30 dólares en consolas) y como tal te tomará unas 25 a 30 horas repartidas entre sus 7 capítulos. Nada mal para el precio, pero tampoco esperes un nuevo NieR.

Y ya que mencioné las batallas hace un momento, es hora de hablar de ese aspecto tan importante para cualquier entrega de rol. Tal como todo el resto del mundo en Voice of Cards: The Isle Dragon Roars, las peleas aquí también se desarrollan a través de partidas de cartas donde cada uno de los miembros de tu equipo (representado por sus naipes) usa varios hechizos, items, armas y habilidades desbloqueadas al ir subiendo de nivel o compradas en alguna de las tiendas del continente.
Las luchas siguen reglas se acercan más a las de un clásico rpg que a Heartstone o Gwent, pero presentan ciertos detalles que tratan de hacerte pensar que aun estás jugando sobre un tablero. Inicias con tus 3 personajes activos frente a los monstruos de turno y ambas armadas toman turnos para decidir que hacer con cada miembro de sus respectivos equipos en el campo. Es decir, si es tu turno, todas tus unidades actuarán secuencialmente sin ser interrumpidas por el oponente, desde la más veloz a la más lenta. Uno a uno, decides que acción usarán tus héroes hasta comandar al grupo completo.
Según la habilidad que elijas puede que necesites tomar acciones extra. Por ejemplo, algunos hechizos gastarán cristales de energía, recibidos al inicio de cada turno y acumulados si no los usas; o pueden pedirte lanzar uno o más dados para sumar al poder de ataque. Es en estos detalles donde entra a tallar un poco esa sensación de estar en un entorno de papel, lápiz y tarjetas. Incluso puedes cambiar el aspecto de tus dados y la espalda de tus naipes con algunas opciones de personalización desbloqueadas en la aventura o compradas como DLC.
Los duelos en Voice of Cards pueden no ser los más llamativos o retadores y tampoco requieren el nivel de táctica y estrategia (o suerte en el azar) de títulos competitivos basados en armar y barajar numerosos mazos. Como dije, estas batallas son más cercanas al típico intercambio de comandos del género jrpg que a lo que verías en Gwent o similares; solo que aquí tus héroes son bellas ilustraciones enmarcadas en cartón virtual en lugar de modelos 3D o sprites. Personalmente, hubiera preferido un poco más de profundidad que aprovechase la idea de las cartas, pero el sistema es bastante entretenido en su simpleza.
Cabe mencionar que además de los enfrentamientos regulares existe un minijuego llamado «Game Parlor» muy similar al clásico «BlackJack» donde enfrentas a varios personajes dentro de la taberna de alguna de las ciudades usando tarjetas especiales de los enemigos que has encontrado. Incluso es posible jugar una versión multijugador local de hasta 4 jugadores desde el menú principal. Este minijuego cuenta con una gran variedad de reglas para hacerlo más complicado y admito que es divertido, pero tampoco le roba el protagonismo a la campaña central.

Creo que está más que claro a estas alturas pero, lo que más verás al jugar Voice of Cards: The Isle Dragon Roars son naipes. Afortunadamente no estamos hablando de una baraja común de números y símbolos, sino de cuadros que enmarcan el bello arte de el maestro Kimihiko Fujisaka, diseñador de personajes de NieR Replicant, Drakengard, Terra Battle y uno de los principales impulsadores de este proyecto junto con Yoko Taro.
El diseño de personajes de Fujisaka brilla en todo momento y es justamente su gran calidad la que balancea la falta de animación tradicional o de un entorno de videojuegos «regular». Cada vez que ves a los retratos de tus héroes frente a sus enemigos o a las cartas «golpeándose» entre sí haciendo girar a su objetivo, tu mente crea la ilusión de que no está viendo dos trozos de papel chocando, sino a dos guerreros usando técnicas de combate o a un grupo de amigos conversando en el camino a su próxima aventura. Claro está los efectos especiales para la magia o el rodar de los dados ayuda mucho al espectáculo, pero la base sin duda está en la bella ilustración conceptual.
Con esto dicho, no todo es perfecto en el aspecto visual. Cuando no estás peleando o leyendo algún diálogo o narración, mueves a tu equipo sobre un gigantesco tablero (también armado por cartas colocadas una al lado de otra) usando una ficha similar al alfil de ajedrez. Las muchísimas tarjetas que forman cada uno de los escenarios de tu aventura de 7 capítulos tienen arte bastante simple de algún tipo de terreno como: Piedra, ladrillo, agua, arena, etc. La vista alejada de estos momentos de exporación muestra una gran cantidad de cuadriculas de gráficos repetidos, haciendo que el mundo se sienta monótono o carente de detalle. Es cierto que así también se vería un gran continente armado por muchos cuadros de cartón en una mesa, pero hubiera preferido que para este elemento hubieran optado por algo más cercano a un mapa de papel ilustrado.
Por otro lado, el aspecto musical y de audio es bastante bueno, como suele serlo al tener al compositor Keiichi Okabe al mando. Ya mencioné el gran trabajo que hace el narrador en su actuación de voz, pero su siempre presente participación viene acompañada de alguna melodía cuya calidad va desde cumplidora hasta excelente. Desafortunadamente las canciones más resaltantes se encuentran solo en momentos clave (como la bellísima introducción de cada capítulo que puedes oir en el trailer) y la mayor parte del tiempo escucharás música un poco más genérica de corte medieval.

En conclusión, Voice of Cards: The Isle Dragon Roars es ciertamente una experiencia única, pero creo que eso mismo que lo hace tan especial, también hace que no sea ideal para todos, incluso dentro de la comunidad de fanáticos de rpg. Luego de jugarlo incluso puedo entender porque Yoko Taro y Kimihiko Fujisaka quisieron lanzarlo originalmente en móviles en lugar de consolas y PC como terminó ocurriendo.
Los mayores puntos fuertes de este lanzamiento son sin duda su excelente historia, llena de sorpresas y con un excepcional trabajo de narración por voz que te sumerge en cada paso de la aventura; y el arte de sus personajes que a pesar de estar encerrados en tarjetas sin animación logran transmitir una enorme personalidad con un solo gesto y pequeños movimientos de aquel cuadro que parece aprisionar a un héroe o villano que quiere saltar fuera.
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Desafortunadamente, sin importar lo bien contado que esté el argumento y lo atractivo de tus protagonistas, hay límites a lo que puedes mostrar cuando todo está confinado a este particular estilo visual. Esto es muy similar a lo que ocurre con el género de novela visual y su dependencia en el texto. Si bien estoy seguro que aquellos que suelen leer mucho texto (sin imágenes) o sean fanáticos de los juegos de mesa, papel y lápiz no tendrán problemas para dejarse llevar por la trama y complementar las escenas con su propia imaginación; también creo que quienes prefieren secuencias animadas e historias que no solo «cuentan sino también muestran» a través de su arte pueden quedar algo insatisfechos.
Dependerá de a cual de estos dos grupos pertenezcas para decidir si Voice of Cards: The Isle Dragon Roars es (o no) para tí. La trama es muy buena, el sistema de combate es simple pero muy divertido y los personajes son carismáticos y muy agradables. En general todos los aspectos son de gran calidad, pero el concepto de un mundo presentado solamente con cartas marca una diferencia que no será del agrado de todos. Con esto dicho, si eres de aquellos que suelen dejarse llevar por grandes tramas con la sutileza sin estímulo visual de un buen libro, seguramente te gustará esta premisa.

Esta reseña fue escrita luego de jugar una copia digital de Voice of Cards: The Isle Dragon Roars para PlayStation 4 brindada por Square Enix. También está disponible en PC y Nintendo Switch.
