Una de las sagas de terror más influyentes y reconocidas, Silent Hill, siempre ha sabido reinventarse tanto en su estilo narrativo como en su forma de presentarse. Aunque en lo literal sea un pueblo, lo que representa cambia según el protagonista y sus conflictos internos. Silent Hill funciona más como un concepto: un reflejo de miedos y culpas que toman forma en criaturas espantosas, revelaciones sangrientas y tétricos escenarios que ponen al límite a personajes y jugadores. Su esencia está en generar incomodidad y permanecer en la mente. Con Silent Hill f, la serie da su giro más radical, trasladándose al Japón de los años 60 y presentando como heroína a una joven estudiante. Es una jugada arriesgada, pero logra impactar con fuerza la mayoría de las veces. Es Silent Hill, sí, aunque distinto a lo que conocíamos.

La protagonista, Shimizu Hinako, resulta sorprendentemente empática. A diferencia de James en Silent Hill 2, marcado por la búsqueda de su esposa, o Heather en Silent Hill 3, arrastrando consigo la herencia de la franquicia, Hinako enfrenta otros fantasmas: la carga de su familia, los conflictos escolares y el proceso de madurar. Aquí se exploran formas de dolor distintas: despedirse de etapas pasadas, construir una identidad y hallar un lugar en el mundo. A ello se suman las dinámicas propias de la juventud: amistades, amores que apenas empiezan y celos inevitables. Aunque son temas conocidos, adquieren frescura en medio de la atmósfera enfermiza de una infección que se expande en el pueblo brumoso de Ebisugoka, avanzando flor por flor.

Visualmente, Silent Hill f deslumbra con escenarios que combinan belleza y amenaza. Recorrer un pueblo japonés de los años 60 resulta encantador, pero esa tranquilidad se ve empañada por la tensión constante de lo desconocido. Mientras que entregas anteriores recurrían a entornos oscuros y viscosos como sótanos o hospitales, aquí el recurso es más simbólico: flores rojas que invaden la ciudad como una plaga, mezclando belleza con repulsión. Entre los pétalos aparecen escenas desagradables de podredumbre, y sin embargo el conjunto resulta hipnótico, como una locura floral que va consumiendo cada rincón.

La esencia de la saga se mantiene en la jugabilidad base: investigar lugares inquietantes, enfrentarse a monstruos grotescos, recolectar objetos, resolver acertijos y seguir el misterio paso a paso mientras el mapa se convierte en el mejor aliado. Aunque el escenario sea nuevo, se conserva la sensación de desafío mental y peligro constante, con criaturas que acechan en cada esquina.

Aun así, esta entrega aporta un enfoque propio. En anteriores títulos, el “Otro Mundo” solía representarse como un entorno infernal, una versión distorsionada de la realidad. Silent Hill f cambia esa idea: Hinako viaja constantemente a un espacio onírico de santuarios, donde debe superar pruebas y acertijos para avanzar. Allí también aparece un personaje enigmático, el Zorro, que guía parte de la historia. Seguirlo a través de portales, torii, recintos rituales y laberintos da forma a algunas de las experiencias más intensas y perturbadoras que ofrece esta nueva visión del survival horror.

Mientras exploras el pueblo de Ebisugoka y sus principales escenarios, te encontrarás con espantosas criaturas que deberás enfrentar o evitar a toda costa. Cuando se mostraron los primeros avances de Silent Hill f, surgieron comentarios que lo comparaban con un juego al estilo Souls, pero eso no podría estar más lejos de la realidad. Aquí, la acción se basa en combates cuerpo a cuerpo, dejando de lado la abundancia de armas de fuego típica de la saga. La dificultad aumenta en pasillos angostos y esquinas cerradas, donde varios enemigos pueden acorralarte sin darte respiro. Y hasta ahí llegan las similitudes.

En este caso, el desafío radica en decidir cuándo pelear y cuándo huir. No tienes que preocuparte por balas, pero sí por tus armas, ya que se deterioran con el uso y solo pueden repararse con escasos kits de herramientas que encuentras en el camino. Dado que solo puedes portar tres armas a la vez, existe la posibilidad real de quedarte indefenso. Para aportar más dinamismo, el juego incluye movimientos de esquiva y un contraataque: si el enemigo brilla en rojo al atacar, puedes responder con un golpe potente que lo dejará temporalmente expuesto.

A pesar de estas mecánicas, el sistema de combate puede sentirse rígido. Tus recursos ofensivos se limitan a un ataque ligero y uno fuerte, por lo que tras varios encuentros, la clave está en aprender los patrones de cada criatura y aprovechar sus puntos débiles. En niveles más avanzados, las secciones de combate se vuelven más intensas. Incluso hay un acertijo que, al elegir mal, te obliga a librar peleas seguidas que se sienten como un freno innecesario. Más adelante, Hinako obtiene poderes sobrenaturales en el mundo de los santuarios, lo que refresca el sistema y añade un aire más cercano a la acción, aportando variedad a la experiencia.

En cuanto a los enemigos, estos no se comportan como los zombis de Resident Evil. Tienden a aparecer de forma inesperada, aumentando la tensión en todo momento. Algunos de los más perturbadores son los niños-marioneta vestidos con uniforme escolar, que surgen de la nada y permanecen inmóviles como estatuas, hasta lanzarse contra ti con una guadaña mientras sus huesos crujen de manera grotesca, evocando lo mejor del terror japonés. También existen horrendas bestias de pus con siete cabezas sobresaliendo de su cuerpo, capaces de escupir bilis pegajosa que te inmoviliza. Es encantador cómo el artista Kera ha logrado darles vida con un diseño impactante y patrones de ataque tan extraños como difíciles de anticipar.

A pesar de que el combate a veces se siente como un obstáculo frustrante del cual solo quieres superar lo más rápido posible, los acertijos en Silent Hill f destacan como uno de los aspectos más sólidos del juego. Por ejemplo, en una escuela debes descifrar combinaciones de casilleros a partir de un código secreto que los niños se pasan en notas. En otro caso, es necesario organizar imágenes siguiendo fábulas o resolver un laberinto de puertas que se abren y cierran con interruptores estratégicamente ubicados, permitiéndote acceder a habitaciones ocultas con pistas esenciales para avanzar. Hay muchos pequeños detalles a considerar —señales visuales, frases crípticas, notas dispersas— y poca guía directa, lo que hace que tu diario sea una herramienta indispensable.

Normalmente no soy fan de los diarios dentro de los juegos, pero el de Hinako resulta crucial. Se va llenando con pistas importantes conforme las descubres, convirtiéndose en un recurso muy útil cuando te quedas atascado. Además, incluye bocetos de personajes y objetos clave, añadiendo un toque personal. Incluso el mapa se va completando con garabatos, como si lo estuvieras creando sobre la marcha, un detalle creativo que recuerda al uso que James hacía de su mapa en Silent Hill 2. Todo está pensado con cuidado, y cuando los acertijos me dejaban realmente desconcertado, las pistas visuales sutiles me ayudaban a retomar el rumbo.

El juego también utiliza sus entornos de manera ingeniosa, incorporándolos en la narrativa. Mi favorito fue la casa de Hinako, donde viajas en el tiempo a través de las dispersas páginas de calendario, enfrentando acertijos que tienen sentido dentro de cada período, como organizar muñecas o ajustar retratos familiares. Alternar entre recuerdos de la infancia, enemigos peligrosos y rompecabezas inteligentes mantiene un ritmo excelente, mostrando lo mejor del diseño de Silent Hill f y ofreciendo un verdadero deleite para quienes disfrutan de desafíos de este tipo.

Sin embargo, no todo funciona de manera óptima. Algunas decisiones de diseño resultan extrañas y poco satisfactorias. Por ejemplo, el inventario es compartido entre el mundo real y el de los santuarios, pero en este último las armas y habilidades no se desgastan, por lo que cargar kits de herramientas ocupa un espacio valioso innecesariamente. En general, la gestión del inventario puede volverse incómoda: muchas veces dejé objetos de curación atrás por falta de espacio, o tuve que abandonar “ofrendas” —que sirven como moneda para mejorar salud, resistencia y cordura— porque para recogerlas debía destruir un botiquín. La idea es forzar decisiones estratégicas, pero termina siendo más frustrante que interesante.

Por otro lado, Akira Yamaoka regresa como compositor, creando una banda sonora que encaja perfectamente con el tono oscuro y aterrador del juego. El mundo está construido con gran detalle, ofreciendo una de las experiencias más complejas y memorables de la saga a nivel visual. Además, cuenta con varios finales desbloqueables tras la primera partida, un clásico de la franquicia. Así que, si buscas vivir toda la historia inquietante que ofrece este juego, habrá muchas razones para volver a explorarlo.

Resulta emocionante ver cómo una saga de terror tan emblemática y apreciada se aventura por un camino tan distinto con Silent Hill f. Aunque el combate ofrece mecánicas propias y la ambientación se siente única, el juego mantiene intacta la esencia que define a Silent Hill: el terror, la atmósfera inquietante, los acertijos desafiantes y una narrativa oscura llena de giros, sorpresas y violencia. Silent Hill f se presenta como un notable juego de survival horror que toma decisiones interesantes sobre el rumbo de la franquicia, sin perder de vista sus raíces. Es audaz, impactante y escalofriantemente entretenido.

gamecored score 8.5

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Silent Hill f brindada por Konami para PS5.

PUNTOS BUENOS

Ubicaciones emocionantes y aterradoras para explorar. La historia es intrigante con su habitual dosis de temas oscuros y cercanos. Acertijos desafiantes que estimulan tu mente de la mejor manera. La atmósfera se mantiene densa y escalofriante en todo momento.

PUNTOS MALOS

El combate puede sentirse torpe y repetitivo. La gestión del inventario resulta engorrosa y tediosa.

CONCLUSIÓN

Silent Hill f supone una transformación significativa para la saga de terror, introduciendo un escenario nuevo, una época distinta y un enfoque renovado en sus sistemas, lo cual podría funcionar mejor para algunos que para otros. No obstante, y lo más importante, es que mantiene la capacidad de provocar intensos sustos y conservar su esencia clásica.