Siempre resulta emocionante cuando un estudio grande se arriesga con una IP completamente nueva. Hoy en día, y desde hace ya bastante tiempo, la mayoría de compañías prefiere jugar sobre seguro, apoyándose en sus franquicias más conocidas, y Capcom no es la excepción. Por un lado, tenemos Resident Evil por todas partes, Onimusha regresando con remasterizaciones y una nueva entrega este mismo año, y Mega Man también volviendo con fuerza. Todo eso puede sentirse “nuevo”, sí, pero sigue siendo familiar, cómodo y sin demasiados riesgos. Por eso, en medio de tantos nombres conocidos, Pragmata llamó tanto la atención. Se anunció en 2020, apuntaba a salir en 2021 o 2022… y luego simplemente desapareció. Muchos pensamos que había quedado en nada, sobre todo considerando que era la primera IP original de Capcom en ocho años. En una industria donde apostar por algo nuevo es cada vez más raro, era fácil asumir que el proyecto había sido cancelado en silencio. Hasta que en la Gamescom del año volvió a salir a la luz con una demo jugable que me dejó encantado.

En gran parte, porque proponía algo distinto, poco convencional dentro de lo que suele ser un shooter en tercera persona. En su momento, todos creíamos que Pragmata era simplemente eso: otro shooter más. Pero ahora, tras varios meses desde aquella demo, finalmente pudimos jugarlo en su versión completa y entender realmente qué ofrece el juego, de qué está hecho y si tiene potencial para convertirse en algo más grande, quizás incluso en una nueva franquicia. Y para eso, hay que empezar desde el inicio.

La historia nos lleva a la Luna. Formas parte de un equipo enviado a investigar por qué se perdió el contacto con una colonia científica. La humanidad está en pleno proceso de construir su primera gran base lunar gracias a un recurso descubierto allí. Este material permite a gigantescas impresoras 3D crear prácticamente cualquier cosa imaginable: desde ciudades enteras hasta bosques, todo pensado para hacer habitable el entorno lunar. Pero al llegar, queda claro que algo salió muy mal. Los proyectos están detenidos, la gente ha desaparecido y, tras un terremoto lunar, terminas separado de tu equipo. Hugh queda solo, intentando restablecer la comunicación con la Tierra y encontrar una forma de regresar. Y entonces descubres que los androides, que debían ayudar a la humanidad, ahora son una amenaza. Sobrevivir no será nada fácil. Sin embargo, en ese momento aparece una compañera inesperada: un androide avanzado llamado D-I-0336-7, a quien Hugh decide llamar Diana.

La relación entre Hugh y Diana es, sin duda, uno de los puntos más fuertes del juego. Él no puede avanzar sin ella, y ella necesita aprender absolutamente todo. Diana tiene la apariencia de una niña de unos siete años, y eso encaja perfecto con su rol: una inteligencia artificial que no sabe nada del mundo y que debe entenderlo desde cero. Sus interacciones se sienten naturales, al punto de que tanto Hugh como el jugador olvidan por momentos que Diana es, en realidad, una máquina. Con el tiempo, Hugh le enseña sobre la vida, la Tierra, sus propias experiencias… casi como si fuera una relación entre padre e hija. Es una dinámica cálida, cercana y por momentos muy emotiva. Gracias a esto, Pragmata no solo es un juego de acción, sino también una historia sorprendentemente íntima centrada en estos dos personajes.

En cuanto a la narrativa, me pareció bastante sólida. Tiene algunos elementos predecibles, sí, pero destaca mucho la forma en que cuenta su historia a través del entorno. A lo largo de los niveles puedes encontrar correos, registros en terminales y grabaciones holográficas que revelan lo ocurrido antes de tu llegada. Técnicamente puedes ignorarlos y avanzar igual, pero son clave para entender mejor el contexto y completar el panorama general. Además, desbloquean nuevas conversaciones entre Hugh y Diana, lo que permite conocer sus opiniones y reflexiones sobre todo lo que pasó incluso antes de que pisaras la Luna.

En esencia, Pragmata es una aventura en tercera persona que mezcla elementos de metroidvania, un diseño de niveles muy bien trabajado y un sistema de combate bastante sólido. Si viste gameplays o probaste la demo, entenderás que para acabar con los androides enemigos, Hugh depende sí o sí de Diana, que puede desactivar sus defensas. Esto se hace a través de una interfaz llamada Grid que aparece en pantalla y que, a primera vista, parece un pequeño puzzle. Dentro de esa cuadrícula hay nodos que debes alcanzar o recolectar para inutilizar las defensas del enemigo. Solo entonces puedes hacerles daño de verdad, y aun así no basta con disparar sin más: hay que apuntar a sus puntos débiles.

Este sistema del Grid, que aparece tanto al inicio como en pleno combate, es probablemente lo más original del juego. Cambia por completo cómo se sienten los enfrentamientos. No es fácil encontrar otro shooter que haga algo parecido y que además lo ejecute tan bien. El hackeo de Diana no dura para siempre, así que tienes que repetir el proceso varias veces durante una pelea. Puede sonar repetitivo, y de hecho para algunos jugadores era una preocupación, pero el juego sabe mantenerlo interesante. A medida que avanzas, los puzzles se vuelven más complejos, el Grid se expande y empiezas a desbloquear nodos especiales que mejoran el hackeo. No solo tienes que llegar al nodo principal: en el camino puedes activar modificadores que, por ejemplo, sobrecalientan a los enemigos, conectan varios androides para revelar sus puntos débiles al mismo tiempo, los hacen atacarse entre ellos o los dejan aturdidos. Incluso hay configuraciones más ofensivas que permiten hacer daño directo con el hackeo, y eso termina siendo clave.

Además, el arma principal de Hugh tiene sus propias limitaciones: no puedes recargarla manualmente y la munición se regenera con el tiempo. Eso hace que el hackeo no sea solo una herramienta para bajar defensas, sino una parte esencial para hacer daño de forma efectiva. Más adelante, incluso puedes generar oportunidades para lo que sería un “golpe final”: momentos breves en los que, tras sobrecalentar o desestabilizar por completo a un enemigo, puedes soltar un ataque devastador. A veces basta para eliminarlo al instante; otras, te da el respiro necesario para seguir peleando.

Al final, disparar y hackear van completamente de la mano. Y conforme avanzas y consigues nuevos nodos que puedes llevar contigo, cada combate empieza a sentirse más estratégico. Tienes que pensar cuándo usar ciertos hacks, contra qué enemigos, qué habilidades guardar para los rivales más difíciles y cómo alargar el efecto de cada hackeo. El juego constantemente te empuja a planear tu siguiente movimiento en lugar de simplemente reaccionar.

Al inicio solo cuentas con unos pocos módulos de hackeo: algunos para aumentar el daño, otros para afectar a varios enemigos a la vez, otros que provocan sobrecalentamiento, entre varias opciones más. Con el tiempo, vas encontrando nuevos nodos explorando o derrotando enemigos. Y hay otro detalle importante: cada hackeo que realizas llena una barra especial de Diana. Cuando se completa, puedes activar una especie de ataque especial que daña a todos los androides cercanos y, además, los deja vulnerables a tus ataques normales. Es, básicamente, un ultimate que puede cambiar por completo el rumbo de un combate.

Al empezar el juego, Hugh solo puede llevar un nodo de hackeo a la vez. Pero eso cambia con el tiempo: a medida que consigues materiales y mejoras el traje, puedes ampliar tu inventario y cargar varios nodos al mismo tiempo. Además, también puedes equipar modificaciones para el traje que, aunque son pequeñas, marcan bastante la diferencia. Cosas como aumentar el daño a enemigos cercanos o ampliar el alcance del hackeo de Diana. Todo esto termina moldeando tu forma de jugar, porque entre los mods y los nodos, básicamente estás armando tu propia “build”, como si definieras una clase en otro juego.

Si te gusta ir de frente y pelear a corta distancia contra los androides, puedes configurar un estilo más agresivo. En cambio, si prefieres mantenerte a raya y jugar con más calma, también puedes adaptar tu equipo para eso. El juego te deja bastante libertad en ese sentido. Y ojo, porque aunque el hackeo y las modificaciones son clave, no son lo único que define cómo se desarrollan los combates en Pragmata.

Hay un detalle importante: muchas peleas ocurren en espacios bastante reducidos, lo que te obliga a moverte rápido y tomar decisiones constantes. A veces incluso puede sentirse un poco agobiante, como si no tuvieras mucho margen para escapar. Pero lo compensa bien con la variedad de enemigos. Cada nueva zona introduce tipos distintos, con diseños, ataques y comportamientos propios. Justo cuando ya te acostumbras a uno, aparece otro que te obliga a replantear cómo jugar.

Conforme avanzas, también vas encontrando nuevas armas. Al inicio tienes lo básico: un arma principal y quizá alguna secundaria. Pero más adelante el arsenal crece bastante, permitiéndote llevar varias armas al mismo tiempo. Estas se dividen en ofensivas, tácticas y defensivas. Las ofensivas hacen mucho daño, las tácticas te ayudan a controlar mejor la situación, y las defensivas sirven para cosas como escudos o distracciones. Eso sí, las secundarias tienen munición limitada, así que tendrás que buscar recargas en el escenario o esperar que los enemigos suelten lo que necesitas. Cada arma se siente distinta, y combinadas con los demás sistemas del juego, realmente te permiten encarar los combates como quieras, siempre pensando en la mejor estrategia.

Y sí, ya te habrás dado cuenta de que aquí hay muchas variables en juego, y que todo está conectado. Al principio puede parecer que el sistema de hackeo se queda corto o que el juego no ofrece tantas opciones, pero mientras más avanzas, más claro se vuelve lo profundo que es. Todo se entrelaza: lo que haces con una mecánica influye directamente en otra. En un género donde normalmente todo se reduce a apuntar y disparar, esto se siente como un soplo de aire fresco. Eso sí, también exige más del jugador. Te obliga a pensar constantemente y puede resultar más intenso —incluso algo agotador— que un shooter tradicional.

Y eso es solo hablando de los enemigos “normales”. El juego también incluye peleas contra jefes que son espectaculares en todos los sentidos. Aparecen al final de cada nivel y funcionan como el cierre perfecto de todo lo que vienes aprendiendo hasta ese punto. Cada jefe está muy bien diseñado, con sus propios puntos débiles y mecánicas, por lo que no queda otra que adaptarse. Aquí tienes que usar todo lo que has aprendido, todo lo que llevas encima y lo que puedas conseguir en el nivel. Si ignoras las herramientas que el juego te ha ido enseñando, las peleas pueden alargarse bastante. Pero si entras con una estrategia clara, duran lo justo y se sienten mucho más satisfactorias.

Dejando un poco de lado el combate, otro aspecto que destaca bastante es el diseño de niveles. Como ya mencioné, el juego tiene ese toque metroidvania, y se nota. Hay bastante verticalidad y muchas zonas ocultas detrás de barreras que no puedes romper al inicio. Para acceder a ellas necesitas habilidades que desbloqueas más adelante. No es algo obligatorio para avanzar en la historia, pero sí está ligado a recompensas, materiales de mejora y otros extras importantes. Si quieres sacarle el máximo a Hugh y Diana, te toca explorar bien, especialmente esas “salas rojas” que ofrecen mejores recompensas. Eso sí, entrar a ellas tampoco es tan simple: necesitas tarjetas especiales y, a veces, habilidades que te permitan llegar a zonas que antes estaban fuera de tu alcance. Todo está conectado, y además hay varios puzzles que abren caminos nuevos.

Eso sí, los niveles como tal no están conectados entre sí. Desde el inicio eliges cuál quieres jugar y el juego te lleva directamente ahí. Lo interesante es que lo que puedes explorar dentro de cada uno depende de las herramientas que tengas y de qué tanto te las ingenies. Aun así, se agradece que la historia principal no te obligue a encontrar cada secreto. Explorar todo es completamente opcional, y eso le da bastante libertad al jugador.

Luego está ese lado más tranquilo del juego, que también tiene su encanto. Como puedes elegir niveles desde un punto central, Hugh y Diana cuentan con su propio refugio. Ahí puedes hablar con Diana, mejorar el traje, “imprimir” armas y modificaciones que hayas encontrado, revisar información de enemigos o incluso entrenar. Este refugio también va evolucionando poco a poco, desbloqueando nuevas funciones conforme avanzas. No es construcción de base como tal, sino más bien una expansión progresiva con mejoras fijas. Hay detalles bastante bonitos, como la posibilidad de imprimir objetos de la Tierra para que Diana juegue: una TV antigua, columpios, una canasta de básquet o hasta una pequeña carpa. Y cada vez que añades algo nuevo, ella reacciona con entusiasmo, incluso llegando a regalarte dibujos hechos a su estilo, como el de una niña pequeña. Si quieres desconectar un rato, hasta puedes jugar a las escondidas con ella. Son momentos muy cálidos que contrastan con lo intenso del combate.

El juego luce espectacular. Tuve la chance de jugarlo en una PlayStation 5 Pro, donde las imagenes s even bastante limpias y algunos efectos parecen muy bien logrados. Más allá de lo visual, el diseño de sonido es fantástico. El choque del metal, los pasos pesados de Hugh y su voz resonando dentro del casco que lleva puesto constantemente están ejecutados de forma excelente. Sin embargo, en medio de todo eso, la actuación de voz de Diana es sobresaliente. De verdad hay que destacarlo, porque resalta por encima de todo lo demás en el apartado sonoro del juego.

Al final, Pragmata es un título sorprendentemente valiente cuando lo ves en conjunto. Introduce ideas que no se habían visto antes en shooters en tercera persona, todo respaldado por sistemas de progresión mucho más profundos de lo que uno esperaría, y que evolucionan desde el inicio hasta el final del juego. Nada se siente puesto al azar, y ahora se entiende por qué sufrió tantos retrasos: necesitaba tiempo para que todos sus sistemas encajaran, se pulieran y alcanzaran el nivel que se percibe al jugarlo. Y lo mejor de todo es que realmente funcionan. Por eso, Pragmata se perfila como una de las IP nuevas más interesantes de los últimos años y un juego realmente excelente.

gamecored score 9

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Pragmata brindada por Capcom para PlayStation 5.

PUNTOS BUENOS

Sistema de combate innovador que mezcla hackeo y disparos de forma estratégica y diferente a otros shooters. Gran profundidad jugable, con builds, nodos, mods y armas que permiten múltiples estilos de juego. Relación entre Hugh y Diana muy bien construida, aportando un lado emocional fuerte. Diseño de niveles con enfoque metroidvania, que premia la exploración y añade rejugabilidad.

PUNTOS MALOS

Puede resultar exigente y algo agotador, especialmente por la intensidad de los combates en espacios reducidos.

CONCLUSIÓN

Pragmata es un shooter distinto, valiente y ambicioso que combina estrategia, emoción y sistemas profundos para ofrecer una experiencia fresca dentro del género.