Painkiller, desarrollado por Anshar Studios, es una nueva versión del clásico FPS de People Can Fly lanzado en 2004. Mantiene la esencia del original —un alma condenada que se enfrenta a hordas de demonios en el Purgatorio con un arsenal descomunal—, pero la entrega de 2025 apuesta por un formato más cercano a un shooter de arena, enfocado en el modo cooperativo para tres jugadores en lugar de la progresión tradicional por niveles. Irónicamente, el juego parece encajar perfectamente en su propio Purgatorio: no alcanza las alturas del Cielo, pero tampoco cae del todo en el Infierno. En ese sentido, Painkiller logra ofrecer combates entretenidos y disparos satisfactorios, aunque sin nada que realmente lo eleve por encima de la media o lo haga digno de una gran recomendación.

A diferencia del título original, aquí Daniel Garner, el protagonista clásico, brilla por su ausencia. En su lugar, tomamos el control de una de cuatro almas condenadas, cada una atrapada en el Purgatorio por distintas razones. Estas son elegidas por la Voz de Dios, Metatrón, para detener a los ejércitos del ángel caído Azazel antes de que invadan la Tierra. Para lograrlo, deberán recorrer tres biomas distintos, enfrentarse a los tres lugartenientes Nephilim de Azazel y fortalecer su arsenal de armas sagradas y demoníacas en el proceso.

Los cuatro personajes jugables tienen un trasfondo mínimo, con pequeños fragmentos de historia que se desbloquean al usarlos, aunque su desarrollo se queda en meras frases ingeniosas o comentarios sarcásticos. Entre ellos están Ink, un mitad demonio de mal genio; Sol, un antiguo líder de culto; Roch, un hombre con bigote y acento británico; y Void, una figura misteriosa con una pecera por cabeza. Cada uno ofrece ventajas pasivas diferentes, como mayor daño con armas, más energía obtenida o más salud máxima, lo que motiva al jugador a probarlos antes de decidir cuál se adapta mejor a su estilo.

El juego se compone de nueve misiones principales, llamadas Raids, distribuidas en tres biomas, además de un modo roguelike llamado Rogue Angel, que mezcla niveles y objetivos aleatorios. Al empezar, dispones de tu arma cuerpo a cuerpo, la Painkiller, una especie de licuadora portátil que destroza demonios y los hace soltar munición. También cuentas con un lanzapicas y un arma que dispara shurikens y rayos. A medida que avanzas, puedes mejorar tus armas con oro y Almas Antiguas obtenidas en las misiones, o comprar cartas de tarot de un solo uso que ofrecen ventajas pasivas durante el combate.

La gran pregunta que uno se hace con un boomer shooter tan frenético como este es: ¿realmente es divertido? Y sí, en general lo es. Reventar a un grupo de enemigos con un disparo de escopeta bien colocado sigue siendo tan satisfactorio como siempre. Las armas de Painkiller tienen una sensación de peso y potencia muy lograda, potenciada por un diseño de sonido impresionante y un retroceso contundente en armas como el lanzacohetes o la escopeta, que transmiten perfectamente su fuerza.

El juego permite mejorar las armas con disparos alternativos, como añadir un lanzagranadas al lanzapicas o hacer que tu subfusil lance rayos eléctricos. Estas mejoras son realmente gratificantes y te invitan a probar distintas combinaciones hasta dar con las que más te gusten. Aun así, el hecho de solo poder llevar dos armas por incursión se siente algo limitante y va en contra del espíritu del Painkiller original, ya que te obliga a mantenerte con las mismas herramientas durante toda la misión.

Las Raids funcionan como una cadena lineal de habitaciones, donde el jugador debe aniquilar oleadas de demonios o cumplir tareas relacionadas. Entre ellas están cargar una batería de sangre eliminando enemigos cerca, activar atrapasueños quedándote en un área por un tiempo o transportar jaulas de almas hacia un punto específico. Estos objetivos alternativos aportan algo de variedad, pero cada bioma solo utiliza uno de los tres tipos, lo que hace que las misiones se sientan repetitivas y caigan fácilmente en la rutina.

Por suerte, aunque está pensado para el cooperativo de tres jugadores, no es un problema jugar en solitario. Painkiller incluye bots con una IA sorprendentemente competente que completan los huecos del equipo. Suelen mantener a raya a los enemigos y te reviven enseguida cuando caes, lo que ayuda a mantener la acción fluida. Eso sí, no son tan útiles para cumplir ciertos objetivos, pero al menos hacen que jugar solo no se sienta como una desventaja.

Entre misiones, puedes gastar el oro y las Almas Antiguas que consigues al completar Raids y desafíos extra. Sin embargo, esto deja en evidencia lo poco generoso que es el sistema de recompensas. Da la sensación de que el juego busca forzarte a repetir las misiones varias veces, ya que en la dificultad estándar Daydream las recompensas son escasas y el progreso puede sentirse más lento de lo que debería.

Para conseguir las mejoras permanentes de armas necesitas tanto oro como Almas Antiguas, mientras que las cartas de tarot, que ofrecen bonificaciones pasivas importantes —como más salud o mayor daño con las armas—, se consumen al final de cada incursión y deben comprarse de nuevo antes de cada partida. El problema es que, si decides usarlas siempre, te quedarás sin recursos para mejorar tus armas, ya que esas mejoras sí se conservan entre misiones. En la práctica, esto te obliga a elegir entre ignorar las cartas para ahorrar en mejoras, o farmear constantemente para reunir suficiente oro y Almas Antiguas después de volver a pagar por tus perks favoritos.

Por otro lado, Painkiller deja una sensación de poca profundidad en su versión actual. El juego ofrece nueve incursiones o Raids, de unos 20 minutos cada una, que terminan con una cinemática sin mucha emoción que empuja al jugador a repetir las misiones en niveles de dificultad más altos, en vez de cerrar con un jefe final o un desenlace convincente. El modo roguelike Rogue Angel intenta dar algo más de variedad, pero en el fondo no es más que una combinación de escenarios y objetivos ya vistos, y además no permite conservar las mejoras de armas del modo principal.

También hay que decir que Painkiller no logra forjar una identidad propia. Su banda sonora de heavy metal genérica cumple, pero no destaca ni aporta carácter. Los tres biomas se sienten demasiado parecidos entre sí, y el juego no aprovecha del todo su premisa del Purgatorio, ese espacio fuera del tiempo y la realidad, que daba para mucho más. Al menos, los diseños de los demonios son muy logrados y visualmente impactantes, y las tres batallas contra jefes se sienten intensas, variadas y bien ejecutadas.

Painkiller es un shooter cooperativo competente, pero no logra estar a la altura del legado que lleva su nombre. Aunque el combate con armas se siente sólido y satisfactorio, el resto del juego no consigue destacar debido a su breve duración, misiones repetitivas, progresión algo pesada y la falta de una narrativa interesante o un final que deje huella. No es que Painkiller sea un mal título, pero cuesta realmente recomendarlo, sobre todo cuando DOOM sigue marcando el estándar del género. Si lo que buscas es pasar un buen rato eliminando hordas de demonios junto a dos amigos, este juego cumple su función sin mayores pretensiones; sin embargo, los fans del clásico original seguramente encontrarán más diversión en alguno de los muchos boomer shooters para un solo jugador que existen hoy en día.

gamecored score 6.5

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Painkiller brindada por 3D Realms para PlayStation 5.

PUNTOS BUENOS

Un arsenal de armas bastante divertido, reforzado por un diseño de sonido muy satisfactorio. Los aliados controlados por la IA hacen un buen trabajo, permitiendo que el juego sea manejable para quienes juegan en solitario.

PUNTOS MALOS

Muy poca narrativa y desarrollo de personajes. El límite de solo dos armas resulta decepcionante y demasiado restrictivo. Las misiones tipo incursión son bastante repetitivas y poco gratificantes. Falta de contenido en general.

CONCLUSIÓN

Painkiller es un shooter cooperativo sólido pero limitado debido a sus repetitivas misiones, el tedioso progreso y la falta de narrativa e identidad propia impiden que esté a la altura del clásico original.