Con el paso de los años, han salido muchísimos juegos intentando recrear esa experiencia cooperativa que dejó Left 4 Dead. Títulos como Back 4 Blood, Killing Floor, GTFO o incluso Warhammer: Vermintide 2 han tenido sus momentos: algunos lograron destacar, mientras que otros no terminaron de convencer. En ese contexto aparece John Carpenter’s Toxic Commando, que intenta diferenciarse con una idea poco habitual en el género: el uso de vehículos.

Desarrollado por Saber Interactive, el mismo estudio detrás de World War Z, este juego apuesta por una experiencia exagerada, sangrienta y centrada en zonas abiertas donde las hordas de zombis alcanzan niveles absurdos. Si en Left 4 Dead sentías que la cosa se desorbada de zombies, aquí la idea es algo mucho más masivo, como pasar de un club pequeño a llenar un estadio entero.

Eso sí, como suele pasar con muchos shooters cooperativos que se apoyan más en fórmulas conocidas que en innovar de verdad, el juego empieza a perder fuerza conforme avanzas. Los escenarios no cambian demasiado entre sí y las misiones tampoco evolucionan lo suficiente como para mantener siempre el interés. De hecho, varios de los mapas parecen sacados directamente de juegos como SnowRunner o MudRunner, con terrenos complicados, colinas y zonas pantanosas. Incluso algunos vehículos incluyen un cabrestante que tendrás que usar para salir de los tramos más difíciles, reforzando esa sensación.

Los niveles son bastante amplios y están llenos de rutas bloqueadas, puntos de interés y recursos escondidos. Explorar se vuelve clave para encontrar suministros que sirven tanto para montar defensas como para abrir cofres de armas. El problema es que estos objetos son demasiado importantes para sobrevivir y, al mismo tiempo, bastante escasos.

Aunque puedes intentar completar las misiones siguiendo solo el camino principal, en dificultades más altas esto se vuelve cada vez más complicado. El juego prácticamente te obliga a recorrer todo el mapa y prepararte bien antes del enfrentamiento final.

La historia de John Carpenter’s Toxic Commando arranca con la humanidad prácticamente devastada tras un experimento energético fallido que libera a una criatura conocida como el “Sludge God”. A partir de ahí, el mundo se convierte en un caos: la gente se transforma en zombis, aparecen tentáculos gigantes y aberraciones por todos lados, y todo queda cubierto por una especie de lodo tóxico. Tú encarnas a un grupo de mercenarios que trabaja junto a un científico obsesionado con acabar con esta amenaza. El giro es que, antes de poder ayudarlo del todo, el equipo queda infectado con un virus, lo que los obliga a usar unos chalecos especiales que convierten esa infección en habilidades únicas para cada clase.

En cuanto a los personajes, se centran más que todo en marcar el tono del juego, que claramente apunta a esa vibra de película de acción y terror de los años 80, exagerada y llena de clichés. Y en ese sentido, cumple bastante bien. El problema es que ninguno logra destacar ni resulta realmente memorable, y muchas veces solo están ahí para soltar frases ingeniosas sin mucho peso.

El supuesto líder es Walter Irons, aunque ni su propio equipo parece confiar demasiado en él, criticando constantemente sus chistes y su capacidad para conseguir metas. Luego está Cato Arman, presentado como “el corazón del grupo”, pero sin que realmente se note por qué. Completan el equipo Astrid Yu, más seria y profesional, y Ruby Pelicano, que en la práctica se siente como un intento evidente de replicar a Ruby Rose sin contar con la actriz.

En lo jugable, el título se divide en nueve misiones (incluyendo el tutorial), donde te enfrentas a cantidades absurdas de zombis mientras recoges recursos, mejoras tu personaje y desarrollas habilidades para las distintas clases. La base funciona bien, pero con el tiempo las misiones se vuelven repetitivas, reduciéndose a recolectar objetos o defender zonas. Es divertido, sí, pero sobre todo cuando juegas con amigos; en solitario pierde bastante.

Aunque está pensado para cooperativo de cuatro jugadores, puedes jugar solo acompañado de tres bots controlados por la IA… que no son precisamente brillantes. Te ayudan a levantarte si caes, pero suelen ignorar lo que pasa alrededor. En todo lo demás, dependes casi completamente de ti mismo: desde interactuar con objetivos hasta defender posiciones, cargar objetos importantes o incluso conducir.

Esto se vuelve especialmente incómodo en misiones donde tienes que manejar varios elementos a la vez, obligándote a estar soltando y recogiendo objetos constantemente mientras intentas avanzar. Y aunque hay mecánicas como colocar defensas o trampas, los compañeros controlados por la IA prácticamente no participan; solo te siguen. Hubo un momento puntual en el que dos personajes interactuaron con unas computadoras al mismo tiempo, pero fue claramente algo guionizado. Más allá de eso, no esperes mucha ayuda real por su parte.

Cuando juegas con un grupo completo de amigos, John Carpenter’s Toxic Commando es de esos títulos que te dan un par de buenos fines de semana de diversión y poco más. Es entretenido mientras dura, pero la falta de contenido y de un endgame hace que no haya muchas razones para volver una vez veas los créditos. Si algún amigo propone jugarlo, probablemente te animes, pero por iniciativa propia cuesta encontrar motivos para regresar.

El progreso del juego se divide en varios sistemas. Por un lado, tienes cuatro clases entre las que puedes alternar: Strike, Medic, Operator y Defender. Cada una ofrece habilidades distintas, como lanzar bolas de fuego, generar zonas de curación o defensa, o controlar drones. Además, cada clase mejora ciertos aspectos pasivos, como la resistencia de los vehículos, la cantidad de munición o la velocidad de recarga, y permite potenciar sus habilidades para que duren más, tengan mayor alcance o hagan más daño.

A medida que subes de nivel, cada clase también desbloquea variantes de sus ataques especiales. Por ejemplo, el Strike puede pasar de un solo disparo de fuego a varias explosiones más pequeñas, crear una especie de torreta de plasma o incluso lanzar una gran bola de fuego que limpia áreas enteras. Esta misma lógica se repite en el resto de clases. En el fondo, es como elegir entre distintas intensidades de una misma habilidad.

Más allá de estos “superpoderes”, el arsenal se queda corto. Hay armas típicas como rifles de asalto, francotiradores, escopetas, subfusiles y pistolas, pero con pocas variantes dentro de cada categoría. Durante las misiones puedes encontrar armas más llamativas de forma temporal, pero la variedad de equipamiento principal es limitada. Eso sí, el sistema de personalización es bastante completo.

La personalización de armas funciona con tres tipos de moneda: Sludgite para mejoras, Residium para cosméticos y Mortite para elementos visuales más llamativos. Sin embargo, la variedad de cosméticos es bastante pobre por ahora.

En el apartado visual, el juego cumple sin destacar demasiado. Los personajes se ven bien en cinemáticas, pero sus modelos durante la partida son flojos, lo que contrasta con escenas más trabajadas. En cambio, los enemigos y entornos están mejor logrados, especialmente el barro y los efectos tecnológicos, donde Saber Interactive suele destacar. En sonido, aunque correcto, no hay nada especialmente memorable, aunque cumple su función.

En líneas generales, John Carpenter’s Toxic Commando funciona y se disfruta, pero más por lo que toma prestado que por ideas propias. Es uno de los clones más sólidos de Left 4 Dead, en gran parte gracias a sus mecánicas de conducción y uso del cabrestante. Las clases son divertidas, pero el juego pudo arriesgar más con sus ideas. Tal como está, es una experiencia entretenida para unas cuantas sesiones cooperativas, pero sin mucho motivo para volver después.

gamecored score 7

Este artículo fue escrito luego de jugar una copia digital de John Carpenter’s Toxic Commando brindada por Focus Home Interactive para PlayStation 5.

PUNTOS BUENOS

Diversión cooperativa sólida, especialmente jugando con amigos. Mecánicas de conducción y uso del cabrestante que le dan un giro interesante al género. Sistema de clases entretenido, con habilidades variadas y progresión clara.

PUNTOS MALOS

Falta de variedad en misiones y objetivos, lo que lo vuelve repetitivo. Personajes poco memorables y narrativa débil. Poco contenido a largo plazo, sin endgame ni razones para volver.

CONCLUSIÓN

Un shooter cooperativo entretenido y funcional que brilla en compañía, pero que se queda corto en variedad y profundidad para mantener el interés a largo plazo.