Hay juegos que, desde el primer momento, transmiten la sensación de haber encontrado una fórmula especial. Acornia: Mirror Worlds es uno de ellos. Lo nuevo de Splashteam toma muchos de los elementos que hoy dominan el género cozy —agricultura, fabricación de objetos, gestión de una tienda y construcción de un pueblo—, pero consigue combinarlos con una aventura de exploración y combates que le da una identidad propia. Tras probar sus primeras horas, queda claro que estamos frente a un título que quiere ir mucho más allá de ser «otro Stardew Valley».
Splashteam ya demostró su talento con Tinykin, uno de los indies más queridos de los últimos años, y esa experiencia vuelve a sentirse aquí. El estudio apuesta nuevamente por un apartado artístico donde personajes en dos dimensiones cobran vida dentro de escenarios tridimensionales llenos de color, personalidad y pequeños detalles que invitan a explorar cada rincón.
La historia nos pone en la piel de Alva, una joven ardilla que vive en una aldea construida alrededor del Gran Árbol. Tras una antigua catástrofe que dejó el lugar prácticamente destruido, su misión será ayudar a reconstruir el hogar de toda la comunidad mientras descubre los misterios que rodean a un extraño mundo paralelo conocido como Duramen.
Es precisamente ese segundo mundo uno de los aspectos que más llama la atención. Mientras la aldea representa el lado relajante de la experiencia, Duramen funciona como una dimensión corrompida repleta de criaturas hostiles y recursos esenciales para continuar progresando. La dualidad entre ambos escenarios evita que la aventura caiga en la monotonía, ofreciendo un cambio constante entre exploración tranquila y enfrentamientos.

La reconstrucción del pueblo tampoco se limita a recolectar materiales. Cada nuevo edificio requiere inversión, por lo que administrar correctamente la economía será igual de importante que salir a buscar recursos. Para ello, Alva deberá hacerse cargo del negocio familiar, preparando y vendiendo toda clase de productos para los habitantes del Gran Árbol.
Aquí aparece otro de los pilares de la experiencia: la cocina y la gestión de la tienda. Es posible vender desde ingredientes sencillos obtenidos en los alrededores hasta recetas mucho más elaboradas como mermeladas, pasteles y otros postres. La sensación de convertir una simple cosecha en un negocio rentable resulta sorprendentemente satisfactoria y termina convirtiéndose en uno de los motores principales del progreso.
El ciclo de los días también aporta una interesante capa estratégica. Cada jornada dura apenas 18 minutos y durante ese tiempo habrá que decidir cuidadosamente cómo invertir las horas. Algunas tiendas solo abren en determinados horarios, existen festivales estacionales y siempre parece haber algo pendiente por hacer antes de que llegue la medianoche. Lejos de sentirse como una presión constante, el ritmo consigue que cada día sea productivo y diferente.

Cuando llega el momento de combatir, Acornia sorprende nuevamente. En lugar de utilizar armas tradicionales, Alva puede lanzar prácticamente cualquier objeto que lleve consigo para atacar a los enemigos. Cada ingrediente o producto posee un nivel de poder distinto, por lo que incluso cocinar mejores recetas puede convertirse en una ventaja durante los enfrentamientos más complicados.
Aunque los primeros combates son relativamente sencillos, la aparición de enemigos a distancia, grupos numerosos y jefes deja entrever que el sistema irá ganando profundidad conforme avance la aventura. Además, derrotar criaturas no solo proporciona materiales, sino también nuevas recetas que amplían constantemente las posibilidades de fabricación y comercio.
Lo interesante es que Acornia nunca obliga al jugador a seguir un único camino. Quienes disfruten optimizando una tienda podrán concentrarse durante horas en producir y vender mercancías. Otros preferirán dedicar más tiempo a la agricultura, mientras que algunos buscarán explorar Duramen para desbloquear nuevas zonas y descubrir secretos. Esa libertad hace que cada partida pueda sentirse distinta.

El apartado artístico también merece una mención especial. Los escenarios rebosan color, los personajes poseen un diseño muy carismático y la dirección visual transmite una personalidad propia que recuerda por momentos al encanto que Splashteam ya consiguió con Tinykin. Es un mundo acogedor que invita constantemente a perderse entre sus caminos.
Eso sí, esta versión previa apenas representa una pequeña muestra de todo lo que promete el juego completo. Durante la demo solo es posible experimentar un par de semanas dentro del calendario del juego, dejando claro que todavía quedan numerosas recetas, desafíos, edificios y sistemas por descubrir en la versión final.
Las primeras horas de Acornia: Mirror Worlds dejan una impresión muy positiva. Su combinación de exploración, administración, combate y construcción consigue crear un bucle jugable difícil de abandonar, mientras que la libertad para afrontar cada jornada a nuestro propio ritmo hace que siempre exista un objetivo más por cumplir. Si Splashteam mantiene este nivel de calidad hasta el lanzamiento, podríamos estar frente a uno de los indies cozy más interesantes del próximo año.





