Una nueva polémica ha sacudido la relación entre la política estadounidense y la industria del videojuego tras la difusión de un vídeo propagandístico que utiliza descaradamente la estética, la música y los gráficos originales de The Legend of Zelda: Ocarina of Time para mimetizar la figura de Donald Trump en plena crisis legislativa.
Esta publicación, orientada a capitalizar discursos antimigrantes y presumir logros gubernamentales de su segundo mandato, se suma a un historial donde la administración republicana ha recurrido de forma sistemática a propiedades intelectuales de la cultura pop y sagas como Halo o Pokémon sin contar con el consentimiento de sus creadores.
Pese a los constantes reclamos de los estudios afectados —con contadas excepciones como el retiro de un clon de Tetris tras una amenaza directa de demanda por copyright—, los portavoces gubernamentales han defendido estas prácticas asegurando que su objetivo es conectar con las audiencias mediante formatos virales, sin importar el origen lúdico del material.
Mientras los seguidores de Nintendo aguardan una postura oficial por parte de la gran N similar al drástico rechazo que en su momento manifestó The Pokémon Company, la utilización no autorizada de estos clásicos de los noventa vuelve a evidenciar el vacío legal y ético en el uso político de los memes interactivos.





