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God of War Ragnarok, con su excelente DLC Valhalla, muestra cómo el contenido nuevo y rejugable puede atraer a los jugadores de vuelta a un gran juego más de un año después de su lanzamiento, contando además una historia bastante sólida.

Al ingresar por primera vez a Valhalla, esperaba una recontextualización agradable del excelente combate de Ragnarok con algunos elementos narrativos bastante ligeros. Pero no. No había anticipado una historia que sirviera como un satisfactorio epílogo no solo de la duología nórdica, sino de toda la franquicia. En ese sentido, si te decepcionó el hecho de que los juegos más recientes de God of War no hayan abordado mucho los eventos de la trilogía original, Valhalla es una experiencia imprescindible.

Después de los eventos de God of War Ragnarok, Freya le pide a Kratos que se convierta en el nuevo Dios de la Guerra de los reinos nórdicos para ayudarla a remodelarlos después de la derrota de Odin. Preocupado de que volverá a sus antiguos caminos y de que no merece tal poder después de todo el sufrimiento que causó, el viaje de Kratos a través de Valhalla proporciona una bastante necesaria reflexión personal. Este DLC trata sobre el amor propio y el perdón, y cómo está bien reconocer que hiciste algo mal en el pasado mientras trabajas hacia un futuro mejor.

Después del caos y el dolor que Kratos causó en tantos juegos de God of War, Valhalla se enfoca en los conflictos personales que lo han atormentado desde el God of War original. En base a esa idea, Valhalla hace referencias a la trilogía anterior con ubicaciones, personajes y eventos del pasado. Sony Santa Monica incluso encontró formas inteligentes de vincularlo con el gameplay clásico, con una secuencia particularmente memorable que recuerda a un puzzle del primer God of War, donde Kratos quema vivo a un prisionero para poder avanzar. En ese sentido, si los últimos dos juegos de God of War trataban sobre Kratos intentando ser una mejor persona por su hijo, Valhalla trata sobre Kratos mejorando para sí mismo.

Además, es una historia que encaja temáticamente con la estructura roguelike, ya que repetir las mismas acciones violentas una y otra vez en las partidas refleja cómo Kratos se siente condenado también a repetir sus antiguos caminos. Toda esta experiencia me mantuvo pegado a la pantalla partida tras partida mientras veía cómo las partes fragmentadas de su narrativa se unían poco a poco, demostrando así que Valhalla es una experiencia imprescindible para cualquier fan de God of War.

Antes de cada partida, deberás elegir tu Reliquia preferida, Escudo y habilidad de Furia Espartana. Después de entrar al Valhalla a través de una puerta y recorrer arena tras arena, luchando contra diferentes combinaciones de enemigos extraídos de Ragnarok y la trilogía original. Es aquí que verás que el combate de God of War Ragnarok sigue siendo tan brutal como siempre. Con esa idea, Valhalla aplica varias nuevas peleas con enemigos que hacen uso de patrones de ataque únicos que te obligarán a repensar sobre la marcha.

Al final de cada sala, encuentras un cofre que te recompensa con aumentos de estadísticas, Glifos que otorgan bonificaciones de combate y ataques Rúnicos Ligeros y Pesados especiales que son exclusivos para esa partida en particular. En el camino, ganas Ecos para gastar en mejoras específicas y mejoras de habilidades en los santuarios entre arenas, así como Sellos de Maestría, Sellos de Espíritu y Triunfos Divinos que puedes canjear entre partidas para mejoras permanentes en estadísticas. Si bien no es una configuración roguelite innovadora, hace una cosa distintivamente bien en comparación con sus pares del género: fomenta las ansias de experimentar entre partidas.

Para hacer las cosas aún más interesantes, antes de cada partida, Valhalla marca específicamente una Reliquia, Escudo y habilidad de Furia Espartana que otorgarán recompensas adicionales si se usan durante la siguiente partida. Esto, junto con una gran cantidad de misiones que recompensan recursos vinculados al uso de armas y habilidades, me anima a diversificar lo que elijo cada vez. En otros títulos roguelike usualmente intento siempre encontrar la mejor combinación y luego mantenerla el mayor tiempo posible, por lo que me alegra que Valhalla me saque de mi zona de confort.

La Lanza Draupnir, que nunca me gustó usar en el juego base, finalmente hizo clic para mí durante una partida donde mis mejoras se enfocaron principalmente en ella. Ahora es una de mis armas favoritas. El combate casi nunca se siente igual en las partidas, lo cual es uno de los mejores elogios que podría darle a un roguelike. En ese sentido, God of War Ragnarok: Valhalla demuestra que un bucle de juego atractivo y una historia extensa y convincente no son mutuamente excluyentes.

El único problema notable de Valhalla es que, a excepción de un par de arenas avanzadas, los niveles son pocos. Las salas de combate y los santuarios son aleatorios en cada partida, y la reutilización de activos de la campaña de Ragnarok se desgasta.

Me queda clarísimo que con Valhalla podrás experimentar un emocionante epílogo para una de las franquicias más icónicas de los videojuegos, mientras que aquellos que disfruten del combate y los sistemas roguelike no tendrán problema en recorrer Valhalla una y otra vez.

God of War Ragnarok: Valhalla está disponible exclusivamente en PlayStation 5.

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Johann Aldazábal

Director Editorial | Analista de la industria de los videojuegos y el entretenimiento | Psicólogo Clínico | Músico amateur, geek, cinéfilo.