Death Stranding era el tipo de juego que parecía imposible de concretar: un simulador de entregas de 40 horas con presupuesto gigantesco, ambientado en un mundo postapocalíptico donde la muerte se ha trastocado y entidades espectrales llamadas BTs merodean por todos lados. Es el tipo de propuesta que solo puede materializarse gracias a la influencia creativa de alguien como Hideo Kojima. A pesar de su rareza extrema, logró encontrar una audiencia. La buena noticia es que, tras completar otro largo viaje por un continente fracturado para restaurar la red Quiral y con algo de tiempo para reflexionar, puedo decir con seguridad que On the Beach logra mantener intacto el corazón del primer juego, mientras refina y amplía sus ideas con confianza.
Desde sus primeros compases, la secuela demuestra una narrativa mejor pulida y con un ritmo más ágil. Es evidente el esfuerzo por atrapar al jugador desde el inicio, algo que se refuerza con la inclusión del Corpus, una suerte de enciclopedia interactiva con términos, nombres, lugares y eventos que facilita entender la compleja mitología del mundo. En ese sentido, todo esto contribuye a que Death Stranding 2 sea más accesible sin sacrificar su naturaleza críptica ni su profunda carga emocional.
Con la Red Quiral funcionando en todas las Ciudades Unidas de América, Sam y Lou viven ahora aislados al sur de la frontera, alejados de Bridges. Sam ya no trabaja como repartidor y ha adoptado una vida fuera del sistema que ayudó a construir. Pero su tranquilidad se ve interrumpida cuando Fragile, junto a su nueva empresa llamada Drawbridge, le propone una misión que podría garantizarle cierta protección o, al menos, libertad. ¿El encargo? Expandir la Red Quiral a todo México, una tarea que le resulta muy familiar.
Fragile logra que Sam acepte volver a colocarse el Q-Pid, el collar que permite conectar a otros con la red, y emprender otra travesía. Sin embargo, el camino se complica rápidamente: viejas y nuevas amenazas surgen, convirtiendo una misión aparentemente sencilla en una odisea mucho más intensa y arriesgada, una que incluso lo llevará hasta las costas de Australia, aunque los detalles sobre cómo llega allí se mantienen en secreto.



La estructura jugable se mantiene fiel a la original: recibes encargos, planificas rutas, preparas equipamiento, y organizas tu carga con cuidado para emprender una travesía donde cada paso importa. Debes equilibrarte con los gatillos del control, vigilar tu energía y controlar el desgaste de tu equipo mientras avanzas por terrenos difíciles. Las novedades más notables están en el entorno y en las nuevas herramientas disponibles. Aunque el paisaje postapocalíptico de la anterior entrega ya ofrecía vistas deslumbrantes, esta nueva interpretación de Australia se siente más diversa y auténtica. Zonas rocosas que desafían cada pisada, desiertos rojos sin fin, largas franjas costeras que restringen las rutas, y cordilleras nevadas que parecen ignorar la lógica geográfica, pero que añaden complejidad con tormentas intensas, dan forma a una experiencia mucho más rica y desafiante.
La riqueza visual del juego es realmente impactante, y se eleva aún más gracias al impecable apartado técnico y al nivel de detalle que ofrece Death Stranding 2. El uso del motor Decima alcanza aquí un nuevo punto alto, permitiendo escenarios con una nitidez impresionante y una dirección artística que roza lo sublime. On the Beach no solo es el título más bello de su generación, sino también uno de los más impresionantes que haya visto jamás. Pese a su belleza, la versión postapocalíptica de Australia retratada en el juego conserva un rasgo familiar con el mundo real: todo representa una amenaza. Entre las novedades más destacadas están los eventos climáticos dinámicos, que pueden surgir sin previo aviso. Ríos que se desbordan de repente, tormentas de arena que deterioran tu carga e incendios forestales que obligan a modificar rutas cuidadosamente trazadas. Estos eventos, aunque poco comunes, añaden una capa de realismo impredecible que sorprende constantemente. Y aunque planees con detalle cada entrega, estos peligros hacen imposible estar completamente listo.
Afortunadamente, Sam cuenta con una gama más amplia de herramientas y sistemas que facilitan su complicada labor. Muchos de los objetos del juego original, como las escaleras, cuerdas, PCCs y torres de vigilancia, vuelven a estar disponibles rápidamente, lo que permite recuperar pronto la eficiencia como repartidor. A estas se suman nuevos dispositivos, algunos de los cuales presentan formas completamente distintas de transportar carga. Uno de los más llamativos es el “coffin board”, una tabla que hace honor a su inquietante nombre.
La mecánica de los “Likes” continúa siendo fundamental para medir tu rendimiento. Entregar la carga en buenas condiciones y dentro del plazo sigue siendo clave para obtener más Likes, pero el sistema evalúa mucho más que eso. Dependiendo de los obstáculos enfrentados y de cómo los resolviste, recibirás calificaciones en áreas como Transporte, Combate, Sigilo, Servicio y Conexión. Aunque estas métricas ya estaban en la entrega anterior, el nuevo sistema APAS da un valor adicional a estos puntajes, ofreciendo razones concretas para mejorar más allá del simple reconocimiento.



El sistema APAS funciona como un árbol de habilidades que permite desbloquear tanto habilidades activas como ventajas pasivas, todas vinculadas a cinco ramas distintas del trabajo de Porter. Representa una forma fresca y atractiva de recompensar al jugador. A medida que profundizas en cada área, puedes gastar Ancho de Banda Quiral (equivalente a experiencia) mientras estés conectado a la Red Quiral, desbloqueando mejoras en cualquier momento. Esto te da la libertad de adaptar tu estilo de juego según la situación. Por ejemplo, una habilidad que ayuda a estabilizar la carga usando un exoesqueleto puede ser muy útil al principio, pero en un momento de combate te resultará más provechoso cambiarla por un módulo de autoapuntado. Es un sistema accesible pero bien diseñado, que estimula a probar diferentes enfoques y buscar algo más que una simple aprobación.
También se ha ampliado el conjunto de armas de Sam, algo necesario debido al mayor peso que ahora tiene el combate en la experiencia. Si bien en el primer Death Stranding los enfrentamientos eran escasos y, por lo general, evitables (excepto ciertos encuentros clave), On the Beach cambia las reglas. Aunque aún puedes resolver muchas situaciones sin recurrir a la violencia, el juego introduce más combates de manera deliberada, tanto desde la narrativa como desde la jugabilidad. Los nuevos enemigos que enfrenta Sam, una facción separatista de naturaleza aún misteriosa, buscan imponer su poder por medio de la violencia, utilizando armamento pesado y tácticas bélicas. Sam, cuyo objetivo es unir a un continente devastado a través del vínculo, se ve forzado a recurrir también al enfrentamiento.
Con este viraje tan marcado hacia la acción, era de esperarse que el sistema de combate recibiera una actualización significativa. El uso de armas se siente ahora más pulido y dinámico, mientras que las habilidades del sistema APAS potencian el rendimiento al permitir seleccionar módulos adaptados al combate. Aunque hay armamento nuevo y llamativo, como la Rocket Box, un lanzacohetes con autoapuntado, lo que realmente transforma los enfrentamientos es la mayor variedad de enemigos, aportando una frescura que marca una diferencia clara respecto al título original.
Con la descontrolada circulación de armas, los bandidos comunes se han vuelto mucho más letales y están mejor equipados que nunca. Los BTs continúan representando un peligro constante, especialmente con la inclusión de una nueva variante conocida como Gazer, capaz de detectarte con mayor exactitud y seguirte con precisión. Pero la amenaza más formidable son sin duda los Ghost Mechs: entidades espirituales que habitan cuerpos mecánicos. Estas máquinas rojas aparecen en distintas formas, desde combatientes cuerpo a cuerpo armados con espadas hasta enormes bestias cuadrúpedas que, al ser destruidas, liberan BTs. Su aparición introduce combates contra jefes mucho más complejos, gracias a sus múltiples puntos débiles e impredecibles patrones de ataque, superando ampliamente la simplicidad mecánica de los jefes del primer juego.



A pesar del aumento de la violencia, el espíritu de cooperación sigue muy presente. El sistema en línea Social Strand vuelve con fuerza, permitiendo a los jugadores brindar apoyo a otros Porters utilizando sus propios recursos. Pocas experiencias igualan el impacto emocional de encontrar una estructura útil justo cuando más lo necesitas, sin fuerzas ni herramientas para continuar. La incorporación de un sistema de monorriel que conecta gran parte del país refuerza este espíritu colectivo, ya que requiere un esfuerzo masivo de la comunidad para completarse. En un juego con un tono tan melancólico como On the Beach, y en una época marcada por desafíos reales, este sistema sigue siendo un testimonio del potencial humano para la solidaridad.
Ese mismo mensaje esperanzador se refleja en el sólido grupo de personajes que acompaña a Sam en su travesía. A rostros ya conocidos como Fragile y Deadman se suman nuevas incorporaciones, como Dollman, un muñeco con un entusiasmo contagioso que permanece al lado de Sam durante gran parte del viaje. También se presentan figuras como Rainy, Tomorrow, Tarman y Charlie, todos marcados por profundos traumas, pero cuya determinación y optimismo los mantienen en pie. Cada uno de los personajes, tanto veteranos como nuevos, tiene la oportunidad de protagonizar momentos clave a lo largo de las aproximadas 40 horas del juego. Uno de los miembros más memorables es Tomorrow, interpretada por Elle Fanning, cuyo misterioso origen y habilidades extraordinarias hacen que su arco argumental destaque, impulsado por una actuación de voz notable, algo que se extiende a todo el reparto.
La abundancia de las extravagancias contribuye a la identidad excéntrica pero única del universo de Death Stranding. A esto se suman los entornos fantásticos y las extrañas criaturas surgidas del evento cataclísmico que da nombre al juego. Su atrevida ambientación, los planos existenciales paralelos y los desastres a gran escala sirven como escenario para relatos profundamente humanos. La historia de Death Stranding 2 es tan emotiva como alocada, y merece ser descubierta sin spoilers. Las tramas sobre pérdidas irreparables, duelos insoportables, culpa persistente y un deseo genuino de redención logran tocar fibras sensibles. En un mundo donde los muertos deambulan y los bebés se utilizan como herramientas encerradas en cápsulas, lo que realmente emociona son las historias humanas de dolor, resistencia y esperanza.
En ese sentido, en esta secuela, los vínculos con los personajes secundarios se sienten más profundos, en gran parte por el tiempo compartido a bordo del DHV Magellan, una avanzada nave de alquitrán que sirve como cuartel móvil para la tripulación de Drawbridge. Esta embarcación no solo refuerza la sensación de pertenencia a un grupo unido, sino que también funciona como una base de operaciones accesible en cada punto importante conectado a la Red Quiral. Gracias a ella, Sam puede gestionar su equipo, recursos y vehículos de forma más cómoda, reforzando la idea de que ya no está solo en su misión, sino que forma parte de una comunidad con un propósito compartido.



El apoyo constante del Magellan y la disponibilidad temprana de herramientas disminuyen considerablemente la dificultad de las primeras entregas, sobre todo una vez que se desbloquean vehículos como los triciclos y las camionetas. Si bien algunos jugadores podrían echar de menos una curva de dificultad más pronunciada desde el arranque, la mayoría —yo incluido— se dejará llevar por una falsa sensación de comodidad, solo para encontrarse más adelante con algunas de las misiones y desafíos más complejos de toda la saga en el tramo final del juego.
Como ideas finales, siento que, al igual que el primer juego, Death Stranding 2: On The Beach será una obra que generará opiniones divididas, aunque por motivos diferentes. Es probable que, una vez más, no sea una experiencia para todo el mundo. Aun así, On the Beach es una secuela que se siente segura de su identidad, enfocándose en pulir y perfeccionar en lugar de reinventar sin necesidad. Esta entrega pone mayor énfasis en los personajes, lo que resulta en una narrativa más íntima, centrada en los vínculos humanos que impulsan la historia. Kojima Productions ha logrado crear una secuela que representa una evolución notable frente al primer juego en prácticamente todos los sentidos.

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Death Stranding 2: On The Beach brindada por Sony para PlayStation 5.
PUNTOS BUENOS
Las mejoras añadidas en la jugabilidad hacen más gratificante la experiencia. Los visuales son impresionantes. El sistema de combate ha tenido un gran pulido. El ritmo narrativo es más fluido.PUNTOS MALOS
El juego puede llegar a sentirse relativamente fácil.CONCLUSIÓN
Enfocada en pulir y perfeccionar, en lugar de reinventar sin necesidad, Death Stranding 2: On the Beach está llena de emoción, acción y emotividad, logrando destacarse como una de las grandes secuelas de esta generación.