Hay comedias románticas donde los protagonistas se conocen bajo la lluvia. Y luego está Chainsaw Man, donde dos personas se encuentran bajo ese mismo aguacero, comparten un beso entre fuegos artificiales… y acto seguido intentan destrozarse mutuamente a filetazos. Así es el romance de verano del 2025.
Para tratarse de una historia sobre un chico con motosierras saliendo de la cabeza y los brazos, Chainsaw Man siempre ha tenido un corazón sorprendentemente sensible. Su nueva película late más fuerte que nunca —y también sangra más que nunca—. Funciona como una continuación del anime, pero también como una extraña reflexión sobre la soledad, el deseo y la imposibilidad de tener algo bueno cuando llevas un demonio en el pecho.
El protagonista, Denji, es un cazador de demonios adolescente que sueña con comer bien y tocar un par de buenas tetas. Su vida da un giro cuando conoce a Reze, una barista de cabello violeta, ojos verdes y sonrisa encantadora que parece salida de un sueño. Entre citas con café, chapuzones nocturnos y fuegos artificiales, la historia parece un romance juvenil cualquiera… hasta que Reze revela su verdadera naturaleza: una bomba humana diseñada para matar.
La primera parte de la película tiene una ternura casi de comedia romántica clásica, con escenas lluviosas, conversaciones íntimas y la confusión emocional de un chico que apenas entiende lo que siente. Hay algo extrañamente dulce y trágico en esa calma antes del desastre. Reze le enseña a Denji a nadar con la dulzura de una heroína adolescente, y minutos después, se transforma en un arma viva.



El contraste entre el amor y la violencia es tan ridículo como perturbador. Te ríes, hasta que recuerdas que ese momento romántico acaba en una masacre, con Reze sosteniendo las cabezas de los amigos de Denji como si fueran parte del guion.
Conocido por redefinir el anime mientras lleva a sus animadores al límite, MAPPA vuelve a demostrar su obsesión por la perfección con una puesta en escena tan meticulosa que roza el masoquismo. El primer acto se desliza entre colores suaves y luces cálidas de marquesinas de cine, pero a mitad del metraje todo estalla en caos visual: explosiones irregulares, tonos grises opresivos y una lluvia de fragmentos y metralla. El contraste es cruel y calculado.
El elenco de voces mantiene el tono con una naturalidad impecable. Kikunosuke Toya capta a la perfección la torpe ingenuidad de Denji, un chico que cree que cada chica bonita será la que finalmente logre entenderlo. Reina Ueda, en cambio, dota a Reze de una seducción peligrosa, moviéndose sin esfuerzo de la dulzura a la destrucción total. Y Natsuki Hanae, dejando atrás su papel como Tanjiro en Demon Slayer, brilla como Beam, ese tiburón parlante dispuesto a morir por su amigo con cabeza de motosierra.
La música de Kensuke Ushio es otro de los grandes aciertos. Su partitura pasa de susurros distorsionados durante el beso de Denji y Reze a crescendos casi operáticos mientras edificios enteros se desploman, todo cargado con mucha tensión emocional.


El Arco de Reze también se siente como una declaración de amor al cine. Hay una secuencia en la que Denji y Makima encadenan proyección tras proyección hasta convencerse de que la luz de un proyector es razón suficiente para seguir vivos.
El clímax es puro delirio creativo. Entre las referencias aparecen The Texas Chainsaw Massacre, Jaws y Twister, todo mezclado con una orgía de explosiones que ni Michael Bay soñaría. Es absurdo, excesivo y brillante a la vez, una carta abierta de Fujimoto al poder del cine, ese arte capaz de hacer exactamente lo que nunca —y siempre— debería hacerse.
Las comparaciones con Demon Slayer: Infinity Castle son inevitables. Ambas películas llegaron casi al mismo tiempo y presumen una animación espectacular. En el pasado, muchos estrenos de anime parecían simples recortes de series convertidos en películas para aprovechar el tirón comercial. Pero El Arco de Reze es otra historia: una obra con sangre demoníaca corriendo por sus venas, no una estrategia de marketing. Supera sin esfuerzo el listón que dejó Demon Slayer gracias a la fluidez impresionante de su animación artesanal, donde cada fotograma vibra con una autenticidad que el CGI jamás podría replicar.
Lo más admirable es que no busca agradar a todos. Si Demon Slayer apostaba por la emoción grandilocuente y el drama a flor de piel, Chainsaw Man se regodea en lo incómodo, en hacerte cuestionar por qué disfrutas lo que estás viendo. Es un delirio visual para los inadaptados, para los adictos a internet y los raros de corazón, esos que encuentran en el deseo retorcido de Denji una extraña forma de redención. Chainsaw Man es más absurdo, más divertido y también más cruel.

¿Es cuestionable transformar tanta miseria en algo tan hermoso? Seguramente sí. Pero ahí radica su magia retorcida. Es una cinta grotesca, intensa, irónica, sensual y profundamente humana. Algunos dirán que es excesiva, pero estarían equivocados. En realidad, El Arco de Reze se siente como una de las mejores películas de anime del año, no porque sea perfecta (ya que no lo es), sino porque abraza su propio caos con una belleza imposible de domar.
Chainsaw Man – La Película: El Arco de Reze ya está disponible en cines.

PUNTOS BUENOS
Cada fotograma está lleno de detalle y energía, con una fluidez que definitivamente eleva la valla. La cinta equilibra ternura, tragedia y violencia sin perder coherencia, retratando con sensibilidad la dualidad del amor y la destrucción. El elenco logra transmitir humanidad incluso en medio del caos. La banda sonora es realmente envolvente, acompañando cada secuencia con maestría.PUNTOS MALOS
Su ambición visual y narrativa puede resultar abrumadora o pretenciosa para quienes buscan una historia más directa o convencional.CONCLUSIÓN
Chainsaw Man - La Película: El Arco de Reze es una sinfonía de amor, sangre y locura visual que demuestra que la belleza también puede nacer del caos.