Call of Duty lleva tantos años formando parte de la industria que resulta difícil imaginar un calendario de lanzamientos sin una nueva entrega de la franquicia. Sin embargo, esa presencia constante también ha provocado que algunos de sus juegos recientes se sientan demasiado preocupados por incorporar novedades, incluso cuando estas no necesariamente mejoran la experiencia. Movimientos cada vez más rápidos, enfrentamientos frenéticos y decisiones de diseño que no siempre terminaban de convencer habían alejado a la serie de algunas de las características que la hicieron tan popular. Por eso, Call of Duty: Modern Warfare 4 llega en un momento especialmente importante para Activision e Infinity Ward, con la responsabilidad de demostrar que todavía es posible recuperar esa identidad sin renunciar a las mejoras que esperamos de una entrega moderna.
Y después de completar su campaña, dedicar varias horas al multijugador y explorar las posibilidades de su renovado modo DMZ, queda claro que Modern Warfare 4 es uno de los juegos más completos que ha recibido la franquicia en más de una década. No porque intente reinventar todo lo que conocemos, sino precisamente porque entiende qué aspectos necesitaban mejorar y cuáles era preferible conservar. Su historia apuesta por un conflicto más serio, el multijugador recupera enfrentamientos mejor equilibrados y DMZ finalmente alcanza el potencial que había mostrado desde su primera aparición. El resultado es una entrega que consigue destacar en prácticamente todos sus apartados.
La campaña nos lleva inicialmente a un conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur, donde conocemos a un nuevo grupo de soldados que termina involucrado en una situación mucho más complicada de lo que parece. Sin embargo, no pasa demasiado tiempo antes de reencontrarnos con uno de los personajes más importantes de la franquicia: el capitán John Price, quien continúa huyendo después de los acontecimientos de las entregas anteriores. Su situación está lejos de ser sencilla y, conforme avanza la historia, descubrimos que su obsesión por encontrar a Makarov lo ha llevado a tomar decisiones cada vez más cuestionables.



Pero Makarov no es su único objetivo. También aparece una misteriosa figura conocida como Archer, interpretada por Mads Mikkelsen, cuya participación termina siendo fundamental para comprender lo que está sucediendo. Price está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para encontrarlo, incluso si eso significa establecer alianzas que jamás habríamos imaginado. Una de ellas lo lleva a colaborar con Valeria, la conocida líder del cartel, en una relación que refleja hasta qué punto nuestro protagonista está dispuesto a comprometer sus principios. La historia presenta a un Price mucho más oscuro, alguien que comienza a parecerse peligrosamente a los enemigos que lleva tantos años persiguiendo.
Este enfoque resulta especialmente interesante porque permite explorar una faceta del personaje que no habíamos visto con tanta profundidad. Price siempre ha sido un soldado dispuesto a tomar decisiones difíciles, pero aquí sus acciones tienen un peso diferente. Su obsesión comienza a consumirlo y, en determinados momentos, resulta complicado distinguir si todavía está actuando por justicia o simplemente por venganza. Barry Sloane realiza un trabajo extraordinario interpretándolo, transmitiendo tanto su determinación como el desgaste emocional que arrastra. Es una evolución convincente que convierte a Price en uno de los elementos más interesantes de toda la campaña.
Mads Mikkelsen tampoco se queda atrás. Su interpretación de Archer aporta una presencia intimidante que funciona especialmente bien frente a la personalidad de Price. El actor consigue construir un antagonista que no necesita exagerar sus gestos o levantar constantemente la voz para transmitir peligro. Hay algo inquietante en su tranquilidad y en la seguridad con la que se desenvuelve, lo que hace que cada aparición resulte memorable. La combinación de ambas actuaciones eleva considerablemente la narrativa y consigue que el conflicto tenga una intensidad que pocas entregas recientes de Call of Duty habían alcanzado.
Sin embargo, la historia no gira exclusivamente alrededor de Price. El conflicto entre las dos Coreas ocupa una parte importante de la campaña y nos permite experimentar la guerra desde perspectivas diferentes. No solo controlamos a un nuevo grupo de soldados, sino que también tenemos la oportunidad de jugar desde el bando contrario, algo que aporta una dimensión interesante a los acontecimientos. En lugar de presentarnos únicamente a un grupo de héroes enfrentándose a enemigos claramente definidos, Modern Warfare 4 intenta recordarnos que las consecuencias de una guerra afectan a todos los involucrados, independientemente del uniforme que lleven.
Es una decisión narrativa que funciona especialmente bien porque recupera ese tono más serio que siempre caracterizó a las mejores entregas de Modern Warfare. La conexión entre el conflicto coreano y Archer se desarrolla progresivamente, manteniendo el misterio mientras avanzamos por diferentes operaciones. Sin entrar en detalles que puedan arruinar las sorpresas, podemos decir que la campaña consigue construir una historia emocionante, con personajes bien desarrollados y momentos que realmente tienen peso dentro de la narrativa. Es, posiblemente, una de las mejores campañas que la franquicia ha ofrecido durante los últimos diez años.




En cuanto a la jugabilidad, Infinity Ward ha tomado una decisión que probablemente será celebrada por quienes extrañaban el estilo de los Modern Warfare clásicos. El movimiento vuelve a sentirse más pausado, calculado y cercano al combate militar que caracterizaba a las entregas anteriores. El sistema de omnimovimiento que había ganado protagonismo en los últimos juegos desaparece, mientras que acciones como deslizarse o disparar al lanzarnos al suelo siguen disponibles, aunque con una efectividad más moderada. Esto cambia considerablemente la manera en que debemos afrontar los enfrentamientos.
Ahora resulta mucho más importante prestar atención a nuestra posición, observar los alrededores y pensar antes de avanzar. Una mala decisión puede dejarnos completamente expuestos y terminar con nuestra eliminación en cuestión de segundos. Esto no significa que Modern Warfare 4 se haya convertido en un shooter lento, porque la acción continúa siendo intensa y los reflejos siguen desempeñando un papel fundamental. Sin embargo, los enfrentamientos recuperan una sensación de control y estrategia que se había perdido parcialmente entre tantas mecánicas de movimiento acelerado.
Las armas también conservan ese excelente trabajo de animación y sonido que Infinity Ward ha perfeccionado durante años. Cada disparo transmite una sensación convincente de potencia, mientras que las recargas y los movimientos de los personajes aportan un nivel de detalle que ayuda a reforzar la inmersión. Aunque encontramos algunas incorporaciones nuevas, buena parte del arsenal está compuesto por armas que ya conocemos de entregas anteriores, incluyendo la clásica M4. No es precisamente la selección más sorprendente de la franquicia, pero su comportamiento y la sensación al utilizarlas siguen siendo extraordinarios.
Y si hay un apartado donde todos estos ajustes realmente marcan la diferencia, es en el multijugador. Durante los últimos años, Call of Duty había experimentado con sistemas de movimiento cada vez más complejos, mapas de calidad irregular y un equilibrio de armas que no siempre favorecía la variedad. Modern Warfare 4 corrige buena parte de estos problemas y consigue ofrecer una de las experiencias multijugador más satisfactorias que hemos visto en la serie durante mucho tiempo. Lo mejor es que no necesita introducir cambios radicales para conseguirlo.
El diseño de los mapas representa una de sus mejoras más importantes. Infinity Ward recupera estructuras más tradicionales, con rutas claramente definidas y conexiones que permiten desplazarnos entre diferentes zonas sin que los enfrentamientos se vuelvan completamente impredecibles. Esto hace que resulte más sencillo anticipar desde dónde puede aparecer un enemigo, preparar una emboscada o buscar un camino alternativo para sorprender al equipo contrario. Los mapas vuelven a recompensar el conocimiento del escenario y las buenas decisiones, en lugar de depender únicamente de quién consigue moverse más rápido.



Mumbai es uno de los mejores ejemplos de esta filosofía. Sus calles estrechas, posiciones elevadas y diferentes conexiones entre áreas generan enfrentamientos bastante entretenidos, donde siempre existe alguna oportunidad para cambiar de estrategia. No todos los escenarios alcanzan ese mismo nivel, por supuesto. Transit 213, por ejemplo, tiene espacios demasiado reducidos que pueden provocar situaciones excesivamente caóticas. Aun así, la calidad general de los mapas disponibles desde el lanzamiento representa una mejora considerable respecto a algunas entregas anteriores de Infinity Ward.
El equilibrio de las armas también merece reconocimiento. Aunque es natural que cada jugador termine encontrando sus favoritas, existe una buena variedad de opciones competitivas. Los subfusiles funcionan especialmente bien para quienes prefieren enfrentamientos cercanos, las escopetas mantienen su potencia a corta distancia y los rifles ofrecen alternativas interesantes para combates más controlados. Además, los ajustes realizados al tiempo necesario para eliminar a un enemigo permiten reaccionar con mayor frecuencia antes de caer abatidos. Los tiroteos se sienten más justos y menos dependientes de situaciones donde prácticamente no tenemos oportunidad de defendernos.
Algo similar ocurre con los perks (ventajas) y el equipamiento. Al preparar nuestras clases debemos considerar qué beneficios queremos obtener y cuáles son las limitaciones que estamos dispuestos a aceptar. La mayoría de las herramientas tienen alguna forma de contrarrestarse, lo que ayuda a evitar que una única combinación domine completamente las partidas. Evidentemente, todavía habrá que comprobar cómo evoluciona el equilibrio conforme la comunidad descubra configuraciones cada vez más efectivas, pero la sensación inicial es que Infinity Ward ha conseguido construir una base multijugador bastante sólida y bien equilibrada.
En cuanto a los modos disponibles, regresan los clásicos que prácticamente todos esperamos encontrar, incluyendo Duelo por Equipos y Dominio. Sin embargo, también aparecen algunas incorporaciones que aportan variedad. Una de las más interesantes es Collateral, un modo que toma inspiración de Counter-Strike y Valorant, donde cada jugador dispone de una sola vida por ronda y debe utilizar el dinero conseguido durante la partida para comprar armas y equipamiento. Esta estructura obliga a jugar con mayor precaución y convierte la coordinación entre compañeros en un elemento mucho más importante.
Collateral funciona precisamente porque cambia nuestra manera de entender los enfrentamientos. Ya no podemos lanzarnos constantemente contra el enemigo esperando reaparecer unos segundos después. Cada decisión importa, desde la compra del equipamiento hasta el momento en que decidimos avanzar o mantener nuestra posición. Es una alternativa bastante refrescante frente a los modos tradicionales y demuestra que Call of Duty todavía puede experimentar sin abandonar por completo su identidad.



También regresa Guerra Terrestre, con enfrentamientos de mayor escala que incorporan vehículos y diferentes objetivos distribuidos por escenarios amplios. Es una opción ideal para quienes buscan descansar de las partidas más pequeñas y participar en combates donde la coordinación y el control del terreno adquieren mayor importancia. El ritmo más pausado de Modern Warfare 4 encaja especialmente bien con este formato, haciendo que los enfrentamientos resulten más organizados sin perder la intensidad característica de la franquicia.
Otro modo que merece atención es Gunfight, especialmente gracias al nuevo mapa Kill Block. Su principal atractivo está en que el escenario puede cambiar de configuración entre enfrentamientos, mientras que los jugadores reciben equipamientos aleatorios idénticos. Esto elimina buena parte de las ventajas relacionadas con la personalización y obliga a adaptarnos constantemente a situaciones diferentes. Es una idea sencilla, pero consigue que las rondas sean impredecibles y que cada enfrentamiento dependa mucho más de nuestra capacidad para aprovechar las herramientas disponibles.
La personalización también presenta novedades interesantes. Gunsmith continúa ofreciendo una enorme cantidad de opciones para modificar nuestras armas, permitiéndonos ajustar accesorios y configuraciones según nuestro estilo de juego. Sin embargo, esta profundidad también podía resultar intimidante para quienes simplemente querían preparar una clase y comenzar a jugar. Para solucionar ese problema, Infinity Ward introduce Gunny, un sistema que selecciona automáticamente los accesorios más adecuados según el tipo de configuración que buscamos.
Por ejemplo, podemos indicar que queremos un arma preparada para enfrentamientos a corta distancia o una configuración que favorezca la precisión a larga distancia, y el sistema se encargará de seleccionar los accesorios correspondientes. Quienes disfrutan experimentando con cada modificación pueden seguir haciéndolo manualmente, pero ahora existe una alternativa mucho más sencilla. Es una mejora de calidad de vida excelente porque hace que la personalización sea más accesible sin sacrificar la profundidad que caracteriza a Gunsmith.
El sistema de Prestigio también ha recibido cambios importantes. Ahora podemos elegir entre una progresión clásica y otra regular. La primera conserva la estructura tradicional, donde reiniciamos determinados desbloqueos a cambio de recompensas adicionales, bonificaciones de experiencia y ventajas permanentes. La segunda permite continuar progresando sin perder todo lo conseguido, aunque renunciando a algunas recompensas exclusivas. Es una decisión acertada que respeta tanto a los jugadores más dedicados como a quienes no pueden invertir decenas de horas cada semana.




Después de varias horas, lo que más destaca del multijugador es que prácticamente todas sus decisiones parecen responder a una misma intención: recuperar una experiencia competitiva más consistente. Los mapas funcionan mejor, las armas se sienten equilibradas y los nuevos modos aportan variedad sin complicar innecesariamente la fórmula. Modern Warfare 4 no intenta cambiar lo que significa jugar Call of Duty, sino recordar por qué su multijugador llegó a convertirse en uno de los más populares de la industria. Y lo consigue con bastante éxito.
Pero la sorpresa más importante de esta entrega probablemente sea DMZ. Este modo apareció originalmente en Modern Warfare II de 2022 como una aproximación de Call of Duty al género de los shooters de extracción. Aunque tenía ideas interesantes, también daba la impresión de ser una experiencia secundaria frente al multijugador tradicional y Warzone. Ahora, DMZ regresa completamente renovado y con suficiente contenido como para sentirse como un juego independiente dentro de Modern Warfare 4.
La propuesta mantiene su estructura principal. Podemos ingresar solos o acompañados por hasta dos amigos a un enorme escenario, completar objetivos, recoger equipamiento valioso y encontrar una manera de escapar antes de perder todo lo conseguido. Sin embargo, la cantidad de actividades disponibles, los sistemas de progresión y las nuevas mecánicas hacen que cada incursión tenga muchas más posibilidades. La tensión de entrar con nuestro equipo y saber que una mala decisión puede costarnos todo lo obtenido sigue siendo el corazón de la experiencia, pero ahora existen muchos más motivos para regresar.
El nuevo mapa, Hajin, es uno de sus mayores atractivos. Encontramos bosques densos, regiones montañosas, áreas urbanas y diferentes instalaciones que ofrecen situaciones de combate bastante variadas. Podemos recorrerlo libremente, buscar recursos, enfrentarnos a enemigos o concentrarnos en misiones específicas. La diversidad de ambientes hace que cada zona requiera una aproximación diferente y evita que todas las incursiones terminen sintiéndose iguales.
Además de las actividades habituales, DMZ incorpora seis misiones más estructuradas que ofrecen objetivos bastante elaborados. Una de ellas nos obliga a rescatar a un general herido de un hospital fuertemente protegido, mientras que otra propone ejecutar un asalto a un casino mientras intentamos sobrevivir a las fuerzas enemigas que llegan para detenernos. Son situaciones que aportan una sensación de propósito mucho mayor y que consiguen que DMZ vaya más allá de simplemente entrar, conseguir botín y escapar.
También encontramos jefes distribuidos por el mapa, cada uno con sus propias características y recompensas. Estos enfrentamientos pueden resultar especialmente exigentes, pero ofrecen equipamiento valioso para quienes consiguen superarlos. Aquí es donde la cooperación adquiere una importancia enorme, porque coordinar los ataques, mantener con vida a nuestros compañeros y administrar correctamente los recursos puede marcar la diferencia entre completar una misión o perderlo todo. DMZ consigue que jugar acompañado sea mucho más que una simple ventaja numérica.



Sin embargo, el elemento que realmente transforma este modo es su progresión. Fuera de las partidas podemos mejorar nuestro campamento, desarrollar a nuestros operadores mediante extensos árboles de habilidades y aprovechar un sistema de equipamiento considerablemente más profundo. Las armas cuentan con diferentes niveles de rareza y Gunsmith permite personalizarlas según nuestras necesidades. Todo lo que conseguimos tiene una utilidad más clara y existe una sensación constante de estar construyendo algo que va creciendo con cada incursión.
Esta progresión también hace que las derrotas tengan un impacto mayor. Perder nuestro equipamiento puede resultar frustrante, especialmente después de una misión complicada, pero esa posibilidad es precisamente lo que mantiene la tensión durante las partidas. Cada enfrentamiento representa un riesgo y debemos decidir constantemente si vale la pena continuar explorando o si ha llegado el momento de buscar una extracción. Es una combinación de riesgo y recompensa que funciona extraordinariamente bien y que convierte incluso las misiones más sencillas en experiencias emocionantes.
Por supuesto, no estamos solos en Hajin. Además de los enemigos controlados por la inteligencia artificial, otros jugadores recorren el mapa buscando completar sus propios objetivos. Encontrarnos con otro escuadrón puede transformar una operación tranquila en un enfrentamiento desesperado. Afortunadamente, el tiempo necesario para eliminar a un enemigo es ligeramente mayor que en el multijugador tradicional, lo que ofrece más oportunidades para reaccionar. Las mecánicas de reanimación también han sido ampliadas, reforzando todavía más la importancia del trabajo en equipo.
Una de las incorporaciones más curiosas es el sistema de treguas, que permite comunicar a otros escuadrones que no tenemos intención de enfrentarnos a ellos. Naturalmente, eso no significa que debamos confiar completamente en sus intenciones, y precisamente ahí está parte de su atractivo. Nunca sabemos si el otro grupo respetará el acuerdo o aprovechará nuestra confianza para atacarnos. Además, existe un sistema de recompensas que coloca objetivos sobre los jugadores excesivamente agresivos, añadiendo consecuencias a quienes deciden atacar constantemente a otros equipos.
Las condiciones climáticas dinámicas también aportan variedad. La niebla puede reducir considerablemente nuestra visibilidad, mientras que la lluvia dificulta escuchar los movimientos de enemigos cercanos. Esto obliga a modificar nuestras estrategias y prestar atención a factores que normalmente no tienen tanta importancia en otros modos. El clima deja de ser un simple elemento decorativo y comienza a influir directamente en la manera en que exploramos, combatimos y tomamos decisiones.



Después de explorar sus posibilidades, queda claro que DMZ es una de las mejores incorporaciones que ha recibido Call of Duty en los últimos años. La combinación de misiones, exploración, progresión y enfrentamientos impredecibles ofrece una cantidad enorme de contenido. Además, su enfoque cooperativo resulta especialmente satisfactorio cuando jugamos con amigos y conseguimos superar situaciones que parecían imposibles. Lo que antes se sentía como un experimento interesante ahora tiene suficiente profundidad para competir con algunas de las propuestas más destacadas del género de extracción.
En el apartado audiovisual, Modern Warfare 4 también demuestra por qué Infinity Ward continúa siendo uno de los estudios más destacados cuando hablamos de shooters militares. El nivel de detalle de los escenarios, las armas y los vehículos es extraordinario, mientras que los efectos de destrucción y las reacciones del entorno a los disparos consiguen que los enfrentamientos resulten mucho más convincentes. Las explosiones tienen una fuerza visual impresionante y determinados impactos pueden generar escenas especialmente violentas que refuerzan la crudeza del combate. El sonido tampoco se queda atrás. Los disparos presentan una contundencia excelente y el audio direccional permite identificar con mayor precisión desde dónde llegan las amenazas. Podemos distinguir impactos sobre diferentes superficies y escuchar explosiones a distintas distancias sin que las voces de los personajes terminen perdiéndose entre tantos efectos. Es un trabajo sonoro que no solo mejora la inmersión, sino que también aporta información importante durante los enfrentamientos, especialmente cuando necesitamos reaccionar rápidamente ante un enemigo cercano.
La interfaz también ha recibido algunos ajustes que agradecemos. La información en pantalla está mejor organizada y los menús resultan más sencillos de navegar, especialmente en multijugador y DMZ, donde una barra lateral permite acceder rápidamente a opciones como la creación de clases. Son cambios relativamente pequeños, pero contribuyen a que la experiencia resulte más cómoda y menos confusa, algo importante considerando la enorme cantidad de sistemas y actividades que ofrece esta entrega.
Después de pasar por sus tres grandes modos, resulta difícil no reconocer el excelente trabajo que Infinity Ward ha realizado con esta entrega. La campaña recupera una narrativa más madura, con personajes que evolucionan de manera convincente y un conflicto que consigue mantener nuestro interés hasta el final. El multijugador vuelve a sentirse equilibrado, con mapas mejor diseñados y un movimiento que recompensa las decisiones inteligentes. Y DMZ, por su parte, deja de ser una experiencia secundaria para convertirse en uno de los principales motivos para seguir jugando durante mucho tiempo.



Eso no significa que Modern Warfare 4 sea perfecto. Algunos mapas multijugador todavía pueden resultar demasiado caóticos, buena parte del arsenal ya era conocido y ciertas decisiones técnicas, podrían haberse resuelto mejor. También habrá que observar cómo evoluciona el equilibrio competitivo conforme los jugadores descubran nuevas combinaciones de armas y ventajas. Sin embargo, son inconvenientes relativamente pequeños frente a la cantidad de mejoras que presenta el conjunto.
Call of Duty: Modern Warfare 4 es, posiblemente, la entrega más sólida que ha recibido la franquicia en más de una década. Infinity Ward ha conseguido recuperar muchas de las características que hicieron especiales a los primeros Modern Warfare y combinarlas con sistemas modernos que realmente aportan valor. Su campaña es emocionante, el multijugador vuelve a ser tremendamente entretenido y DMZ demuestra que todavía existen oportunidades para ampliar la fórmula sin perder su identidad. No estamos ante una revolución, pero tampoco la necesitábamos. Modern Warfare 4 nos recuerda lo extraordinario que puede ser Call of Duty cuando todas sus piezas funcionan como deberían.

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Croc 2 Kingdom of the Gobbos brindada por Argonaut para PlayStation 5.
PUNTOS BUENOS
Una campaña intensa y bien desarrollada, con una historia más madura, grandes actuaciones y una evolución sorprendente del capitán Price. Un multijugador que recupera lo mejor de la franquicia, gracias a movimientos más tácticos, mapas mejor diseñados y un excelente equilibrio entre las armas. Un modo DMZ extraordinariamente completo, con misiones variadas, progresión profunda, enfrentamientos desafiantes y una experiencia cooperativa muy satisfactoria. Un apartado audiovisual impresionante y excelente rendimiento en PC, con escenarios detallados, sonido envolvente y una gran fluidez incluso en configuraciones gráficas exigentes.PUNTOS MALOS
Algunos mapas multijugador resultan demasiado caóticos, especialmente aquellos con espacios reducidos que dificultan aprovechar el enfoque más táctico. Un arsenal con pocas sorpresas, ya que buena parte de las armas disponibles son conocidas de entregas anteriores.CONCLUSIÓN
Call of Duty: Modern Warfare 4 recupera lo mejor de la franquicia con una campaña sobresaliente, un multijugador renovado y un extraordinario modo DMZ que lo convierten en una de sus mejores entregas en años.