Desde que me enteré de la existencia de Directive 8020, pasé por diferentes emociones. Primero llegó la emoción pura: un juego ambientado en el espacio, con una historia de ciencia ficción que usualmente es mi género favorito. Luego vino la decepción al descubrir que estaba siendo desarrollado por Supermassive Games, porque eso significaba casi con seguridad otra experiencia centrada en narrativa y decisiones que no siempre cuajan del todo. Más adelante recuperé el entusiasmo cuando mostraron más gameplay y aseguraron que sería su proyecto más ambicioso a nivel técnico. Ahí pensé que quizá esta vez no sería tan lento como otros títulos de The Dark Pictures Anthology. Pero poco después volví a bajar las expectativas al notar la enorme cantidad de quick time events clásicos de la franquicia. Así que, hasta que finalmente tuve el juego en mis manos, realmente no sabía si iba a terminar de convencerme o no.

Y quiero aclarar algo desde el inicio: los juegos de The Dark Pictures Anthology me parecen muy buenos. Tienen esa narrativa pausada que va construyendo tensión poco a poco y una atmósfera que rara vez deja de sentirse incómoda. El problema es que actualmente no estaba demasiado conectado con ese tipo de experiencia. De hecho, la premisa de Directive 8020 me parecía mucho más adecuada para un juego de acción y terror, o al menos una aventura con elementos de terror más marcados. Seguro entiendes a qué me refiero. Aun así, sabiendo que se trataba de un proyecto respaldado por Bandai Namco y parte de una franquicia tan reconocida, era fácil imaginar que al menos tendría un nivel de calidad bastante alto, incluso si no terminaba siendo exactamente el tipo de juego que esperaba.

Como dije líneas arriba, cuando uno piensa en Supermassive y en The Dark Pictures, es fácil asumir qué tipo de gameplay esperar… o incluso si realmente puede llamarse gameplay. Sin embargo, tal como insinuaban los avances, este juego intenta salir un poco de la zona de confort habitual del estudio, apostando por una experiencia más dinámica y con más interacción. Y claro, la gran pregunta es si ese cambio realmente funciona o si quizá habría sido mejor mantener la fórmula tradicional.

La historia toma una premisa clásica de ciencia ficción que seguramente les resultará familiar. La Tierra está al borde del colapso y un grupo de astronautas es enviado a Tau Ceti f, un planeta ubicado a unos 12 años luz de distancia, con la esperanza de encontrar un nuevo hogar para la humanidad. Todo esto ocurre a bordo de la nave Cassiopeia, construida mediante impresión 3D en apenas tres meses, lo cual definitivamente no inspira demasiada confianza. Aun así, la misión parece ir bien hasta que un meteorito impacta la nave mientras orbitan el planeta. Lo que inicialmente parece un problema menor termina convirtiéndose en una pesadilla cuando The Oracle, la inteligencia artificial de la nave, detecta formas de vida desconocidas dentro del propio Cassiopeia.

Y ahí es donde Directive 8020 empieza realmente a destacar. En esencia sigue siendo un juego de The Dark Pictures, pero incorpora mecánicas nuevas y una amenaza constante que rara vez puedes identificar claramente. La sensación de paranoia y desconfianza funciona sorprendentemente bien durante gran parte de la aventura, especialmente porque nunca tienes la seguridad de qué se esconde realmente dentro de la nave. Supermassive intenta hacer algo distinto sin abandonar por completo su identidad, y aunque no todo el experimento sale perfecto, sí logra ofrecer una experiencia mucho más fresca y dinámica de lo habitual para el estudio.

Dentro de la nave se esconde un organismo desconocido al que la tripulación llama Mimics o The Growth, dependiendo de la forma en la que se manifieste. Pero la idea realmente interesante de Directive 8020 gira alrededor de ese primer nombre. Estas criaturas son capaces de imitar perfectamente a los miembros de la tripulación, hasta el punto de que nunca estás seguro de si estás hablando con un compañero real o con una entidad extraterrestre que solo está fingiendo serlo. Y ahí es donde el juego encuentra su mayor fortaleza: la paranoia constante. Cada conversación se convierte en una situación incómoda, porque cualquier decisión importante puede terminar afectando a alguien que quizá ni siquiera sea humano.

Esa sensación de desconfianza funciona increíblemente bien durante toda la aventura. Nunca sabes realmente con quién estás hablando ni cuáles serán las consecuencias de lo que decidas decir o hacer. Y como en cualquier juego de Supermassive, una mala elección puede significar la muerte de alguno de los personajes controlables. Honestamente, no esperaba engancharme tanto con este misterio ni sentir tanta necesidad de descubrir la verdad antes de que la historia la revelara por sí sola. El juego consigue que incluso los diálogos más tranquilos se sientan tensos, porque siempre tienes esa duda rondando en la cabeza: “¿y si esta persona no es quien dice ser?”. Esa paranoia nunca desaparece y acompaña toda la experiencia de principio a fin.

Ahora bien, si tomas una mala decisión o simplemente no te gusta el resultado de alguna escena, el juego permite retroceder usando la opción Turning Point del menú para cambiar tus elecciones. Aun así, sinceramente no recomendaría hacerlo durante la primera partida. Parte de la gracia de este tipo de juegos está justamente en vivir con las consecuencias de tus actos, incluso cuando salen mal. Directive 8020 funciona mucho mejor cuando aceptas tus errores y dejas que la historia avance de forma natural, en lugar de corregir constantemente cada decisión.

Por otro lado, el juego también introduce cambios importantes en el gameplay. Esta vez toda la experiencia se desarrolla desde una perspectiva en tercera persona, algo poco habitual para la saga. En varios momentos es imposible no pensar en títulos como Dead Space o The Callisto Protocol, ya sea por la ambientación, la música o la forma en que el terror espacial está construido. Y eso definitivamente es un cumplido. Supermassive claramente quiso salir de su zona de confort y apostar por algo más dinámico y cinematográfico.

Sin embargo, también se nota que el estudio todavía no domina del todo este nuevo enfoque. El movimiento de los personajes se siente algo pesado y lento, casi torpe en algunos momentos. Tiene sentido dentro de una experiencia más pausada y centrada en la tensión, pero incluso en escenas donde el jugador necesita reaccionar rápido, los controles siguen transmitiendo esa sensación de rigidez.

La perspectiva en tercera persona también existe para potenciar la otra forma de esta amenaza alienígena: The Growth. Ahí es cuando la criatura deja de esconderse y muestra su aspecto más monstruoso y perturbador. Son probablemente los momentos más aterradores del juego, con secciones donde debes avanzar sigilosamente, activar mecanismos y sobrevivir mientras la criatura acecha cerca. El problema es que estas secuencias terminan siendo bastante básicas en términos jugables. Aunque logran generar tensión y momentos realmente incómodos, les falta un poco más de profundidad e interacción para terminar de explotar todo su potencial.

En estas secciones realmente sientes que algo te está acechando constantemente, como si en cualquier momento fueras a ser descubierto. Tiene un aire muy parecido a Alien: Isolation, esa sensación de saber que hay una criatura siguiéndote mientras intentas sobrevivir escondiéndote, moviéndote con cuidado y evitando hacer ruido. Sin embargo, digo “sensación” porque, aunque el juego logra transmitir tensión, nunca terminé de sentir que existiera una amenaza verdaderamente implacable detrás de mí. Da la impresión de que estas mecánicas fueron añadidas más como una idea complementaria que como un sistema completamente desarrollado, porque incluso cuando cometes errores, rara vez sientes que estás realmente cerca de perderlo todo.

Aun así, como primer intento de Supermassive Games por introducir algo distinto dentro de su fórmula tradicional, el resultado termina siendo bastante positivo. La combinación entre el terror psicológico de las conversaciones y la tensión de las secciones más jugables está muy bien equilibrada. En un momento el miedo nace de no saber en quién confiar, y en otro de la necesidad de sobrevivir mientras algo monstruoso ronda cerca. Quizá la ejecución podría haber sido más refinada, pero sigue sintiéndose como un paso valiente y necesario para la evolución del estudio.

Y honestamente, gran parte de todo esto funciona tan bien gracias a su apartado visual. Para Directive 8020, Supermassive decidió dar el salto a Unreal Engine 5, y el cambio se nota desde el primer minuto. El juego tiene una presentación muchísimo más cinematográfica que los títulos anteriores del estudio. Antes el foco estaba principalmente en los rostros y expresiones de los personajes, pero ahora esa calidad visual se extiende prácticamente a todos los aspectos del juego.

Cada escenario y cada ambiente dentro de la nave —y especialmente fuera de ella— luce increíble. Nunca tuve la sensación de estar viendo texturas pobres o modelos descuidados. Todo está trabajado con muchísimo detalle y hay momentos donde el espectáculo visual roba completamente la atención. Las secuencias espaciales y los escenarios exteriores son particularmente impresionantes, hasta el punto de que varias veces terminé más concentrado admirando el entorno que pensando en las posibles consecuencias de mis decisiones.

Por supuesto, el trabajo en los personajes también merece reconocimiento. Y no hablo solo de las criaturas, sino del modelado facial y las actuaciones. Como suele ocurrir en los juegos de The Dark Pictures, Directive 8020 cuenta con un reparto bastante sólido que ayuda muchísimo a reforzar esa sensación de estar viendo una película interactiva. Lashana Lynch, conocida por sus papeles en No Time to Die y Captain Marvel, interpreta a la piloto Brianna Young; Danny Sapani, a quien muchos recordarán por Halo o Penny Dreadful, da vida al comandante Nolan Stafford; y Lotte Verbeek, reconocida por Outlander, interpreta a Laura Eisele. Junto al resto del elenco, las actuaciones consiguen darle muchísimo peso emocional y credibilidad a toda la historia, elevando aún más la experiencia cinematográfica que busca transmitir el juego.

Al final, Directive 8020 terminó gustándome bastante más de lo que esperaba. Gran parte de eso se debe a la nueva perspectiva en tercera persona, que hace que la experiencia se sienta mucho más cercana y personal que en anteriores juegos de The Dark Pictures. Aquí realmente tienes la sensación de estar controlando a los personajes y no simplemente observando cómo avanza una historia interactiva. Y aunque todavía hay cosas que podrían pulirse, el resultado general funciona sorprendentemente bien para ser un cambio tan grande dentro de la fórmula de Supermassive Games. Eso sí, como ocurre en prácticamente todos los juegos de The Dark Pictures, el verdadero peso de la experiencia sigue estando en la narrativa. Las decisiones, los dilemas morales, el riesgo constante y las consecuencias de cada elección vuelven a ser el corazón del juego, y probablemente estén mejor trabajados aquí que en varias entregas anteriores. Directive 8020 consigue mantener esa tensión psicológica durante toda la aventura, especialmente gracias a la paranoia constante que genera no saber en quién confiar. Y precisamente por eso creo que vale mucho la pena darle una oportunidad. A diferencia de otros títulos de la franquicia, este se siente más moderno, más dinámico y también más accesible para jugadores que normalmente no conectarían con el estilo clásico de The Dark Pictures. Las nuevas mecánicas y el enfoque más cinematográfico ayudan a que Directive 8020 se sienta como una evolución natural para la saga, sin perder la identidad que caracteriza a los juegos de Supermassive.

gamecored score 8

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Directive 8020 brindada por Supermassive Games para PlayStation 5.