A estas alturas no es un secreto de que Stranger Things fue un cambio de juego para Netflix. ya que trajo de vuelta un concepto clásico pero con un giro interesante con el fin de mantener las cosas lo suficientemente frescas. Ahora, cuatro temporadas después, la serie está llegando a su fin, y para ello deben de empezar a atar muchos de los hilos que han estado colgando desde el capítulo 1. Con un reparto fantástico, nuevos misterios por descubrir y el tono más oscuro hasta la fecha, la cuarta temporada de Stranger Things sube la apuesta y ofrece uno de los arcos más emocionantes de la serie hasta la fecha.
¿Dónde nos encontramos ahora? Seis meses después de los acontecimientos en el centro comercial Starcourt, el grupo de amigos está más fragmentado que nunca. Con Eleven (Millie Bobby Brown), Joyce Byers (Winona Ryder), Jonathan Byers (Charlie Heaton) y Will Byers (Noah Schnapp) viviendo bastante lejos de Hawkins, el resto del grupo se encuentra en el dilema de encontrarse a sí mismo en el tanque de tiburones que representa la secundaria. En ese sentido Dustin Henderson (Gaten Matarazzo), Mike Wheeler (Finn Wolfhard) y Lucas Sinclair (Caleb McLaughlin) lidian con la idea de encontrar un lugar de permanencia y seguridad que les permita seguir sobreviviendo a la «adolescencia» (ojo que para estas alturas el cast ya se nota bastante crecido). Alguno de ellos en el grupo de D&D conocido como Hellfire, y otros estableciendo nuevas relaciones y estatus gracias a los deportes.
Todo esto ocurre mientras Jim Hopper (David Harbour) sigue desaparecido, y los secretos sobre lo que ocurre en el pueblo de Hawkins y el Upside Down siguen muy presentes. Incluso con la victoria contra el Mind Flayer en la tercera temporada, no hay descanso cuando el mal está al acecho. En ese sentido, no pasa mucho tiempo hasta que se presenta un nuevo y horripilante misterio que lleva a una de las batallas más difíciles a las que se ha enfrentado el grupo de amigos.
Primero que nada, debo decir que la cuarta temporada de Stranger Things se siente mucho más inspirada en el terror que cualquiera de las anteriores, y yo soy un amante del terror. Mientras que la serie comenzó como un homenaje a películas clásicas como Los Goonies, esta última serie recupera conceptos mostrados en Viernes 13 y Pesadilla en Elm Street, ampliando los sustos para empujar la serie a una audiencia mucho mayor, después de todo, como dije, el reparto también ya está bastante crecidito.

Los Duffer han hecho un gran trabajo impulsando la serie hacia la dirección correcta, dando un tono consistente a lo largo de la misma, incluso cuando el concepto y la dirección suelen cambian de una temporada a otra. El nuevo antagonista de este tramo final se siente como un concepto más maduro, y toca muchos temas que no esperaba de esta serie. Conceptos como la depresión, la autolesión y la culpa se tocan con fuerza, dando más impacto a las acciones de los personajes, incluso cuando a pesar de todo, la serie consigue mantener el ritmo característico y lo divertido y maravilloso que hizo que la serie fuera tan emocionante desde el inicio
Si bien el nuevo tono y la historia funcionan bien para elevar la apuesta, la separación del elenco principal también ayuda a aumentar la tensión. Como grupo, los amigos son imparables, capaces de superar cualquier cosa que el Upside Down pudiera lanzarles. Ahora, a medida que se hacen mayores y se separan, ese vínculo se pone a prueba. Esto se hace aún más evidente ahora cuando parte del grupo vive ahora a cientos de kilómetros de distancia, lo que hace más difícil comunicarse y encontrar esa conexión que hacía que lo imposible pareciera posible.
El grupo de amigos más veteranos, Nancy Wheeler (Natalia Dyer), Steve Harrington (Joe Keery) y Robin Buckley (Maya Hawke), también ha visto incrementado su tiempo de emisión. Mientras que antes se sentían como personajes secundarios del reparto principal, ahora se sienten parte integral de la trama principal. Trabajando juntos y ayudándose mutuamente a superar nuevos retos. Tanto así que ahora estos personajes se sienten tan importantes para la historia como lo fueron los niños en las temporadas anteriores.
Algo que por ahí pueda despistar un poco es que la cuarta temporada de Stranger Things tiene muchas cosas en marcha, quizás demasiadas. Con tantos cabos sueltos que atar, y la necesidad de empujar todo hacia adelante, puede sentirse un poco abrumador a veces. Hay líneas argumentales enteras que se sienten muy desconectadas de la trama principal, incluyendo algunas que se alejan de los límites de Hawkins, y, aunque funcionan, pueden sentirse un poco dispersas a veces.
Pero con tantas carnes en el asador, aquí es donde las cosas dejan de encajar como deberían. Hay un montón de personajes increíbles, grandes conceptos y riesgos apocalípticos, pero con tantos personajes luchando ahora por el tiempo en pantalla, algunos tienden a quedarse atrás, lo que hace que algunos episodios se sientan un poco desbalanceados mientras el reparto encuentra su equilibrio en este acto final de la historia. Si bien se siente que todo se está construyendo para un gran final, algunos episodios se sientan un poco inflados para dar cabida a todos los hilos que están pendientes.
Como ideas finales, esta temporada de Stranger Things es en gran medida una culminación de muchos de los conceptos que habíamos visto hasta este punto, llevadas al máximo, y en su mayor parte, funciona. Ofrece momentos de emoción, miedo, tristeza y amistad por los que es conocida la serie, a la vez que ofrece algunas de las visiones más maduras de este mundo de pesadilla que hemos visto hasta la fecha.
Aunque el ritmo se resiente a veces, el núcleo de la serie permanece intacto. Stranger Things está llegando a su fin, pero no se va a ir sin darnos una buena lucha. Llevamos años siguiendo a estos chicos, en momentos buenos y espeluznantes, así que es bueno ver que se van a lo grande.












