Después de casi dos décadas de ausencia, Onimusha: Way of the Sword marca el regreso de una de las franquicias más queridas de Capcom. Aunque mantiene muchos elementos clásicos de la saga, también introduce nuevas mecánicas que pueden resultar abrumadoras durante las primeras horas de juego. Si vienes de títulos como Devil May Cry, Ghost of Tsushima o incluso de los soulslike, es importante saber que Onimusha tiene su propio ritmo y recompensa un estilo de juego muy diferente.
En lugar de depender únicamente de reflejos rápidos o largas cadenas de combos, el juego pone mucho énfasis en la precisión, la paciencia y la lectura de los enemigos. Aprender sus sistemas desde el principio hará que la aventura sea mucho más llevadera y, sobre todo, mucho más satisfactoria. Estos son algunos consejos que todo jugador debería conocer antes de empezar.
No juegues como si fuera un hack and slash
Uno de los errores más comunes durante las primeras horas es intentar derrotar a todos los enemigos atacando sin parar. Aunque el combate es rápido y espectacular, Onimusha: Way of the Sword castiga mucho a quienes juegan de forma impulsiva.
Cada enemigo tiene patrones de ataque muy marcados y suele dejar pequeñas ventanas para contraatacar. En lugar de buscar hacer el mayor daño posible en pocos segundos, conviene observar sus movimientos y esperar el momento adecuado para responder.
La paciencia suele ser mucho más efectiva que la agresividad. En muchos combates descubrirás que esperar un segundo más para lanzar un contraataque termina siendo mucho más rentable que intentar mantener una ofensiva constante.
Domina el Issen lo antes posible
Si existe una mecánica que define la identidad de Onimusha, esa es el Issen. Se trata de un contraataque que puede ejecutarse justo antes de recibir un golpe enemigo, eliminando o debilitando enormemente al rival.
Durante las primeras horas puede parecer complicado acertar el tiempo exacto, pero merece completamente la pena practicarlo. No solo reduce considerablemente la dificultad de muchos enfrentamientos, sino que convierte el combate en una experiencia mucho más espectacular y satisfactoria.
Muchos enemigos que parecen peligrosos se vuelven sorprendentemente fáciles cuando aprendes a utilizar correctamente esta técnica. Dominar el Issen es, probablemente, la habilidad más importante de todo el juego.
Prioriza las habilidades defensivas
Es tentador gastar las primeras almas en mejorar el daño o desbloquear nuevos ataques, pero la mejor inversión durante las primeras horas suele estar en las habilidades defensivas.
Mejorar el bloqueo, ampliar las ventanas para realizar parries o aumentar la resistencia suele ofrecer mucho más valor que simplemente hacer más daño. Sobrevivir durante más tiempo también significa disponer de más oportunidades para aprender los patrones de los enemigos.
Una vez que te sientas cómodo con el sistema de combate, podrás empezar a invertir en habilidades ofensivas para aumentar tu capacidad de daño sin comprometer tu supervivencia.
No gastes todas tus almas inmediatamente
Las almas vuelven a desempeñar un papel fundamental en la progresión del personaje. Sirven para mejorar habilidades, desbloquear técnicas y potenciar diferentes aspectos del protagonista.
Sin embargo, uno de los errores más frecuentes consiste en gastar absolutamente todas las almas en cuanto se desbloquea una mejora. Conviene reservar una parte, ya que más adelante aparecen habilidades mucho más útiles que las disponibles durante las primeras horas.
Administrar correctamente este recurso hará que la progresión sea mucho más eficiente y evitará tener que repetir combates únicamente para conseguir las almas necesarias.

Aprende a conseguir más almas
Las almas no solo se obtienen derrotando enemigos. Muchos escenarios esconden objetos, desafíos opcionales y enemigos especiales que ofrecen recompensas mucho mayores que los enfrentamientos normales.
También es recomendable explorar cada zona con calma antes de avanzar hacia el siguiente objetivo principal. En numerosas ocasiones encontrarás cofres ocultos, caminos secundarios o pequeños eventos que proporcionan una buena cantidad de almas adicionales.
Si juegas únicamente siguiendo el objetivo principal, probablemente avanzarás sin demasiados problemas, pero tendrás muchas menos mejoras disponibles cuando lleguen los combates más difíciles.
Explora todos los escenarios
Aunque Way of the Sword no es un mundo abierto, sus escenarios esconden numerosos secretos que merece la pena descubrir. Muchos jugadores avanzan directamente hacia el siguiente punto de la historia sin revisar las zonas laterales, perdiéndose recursos muy valiosos.
La exploración suele recompensar con materiales, mejoras permanentes, documentos que amplían el lore e incluso equipamiento que facilita bastante algunos combates posteriores.
Además, recorrer cada escenario con calma permite apreciar mucho mejor el enorme trabajo artístico realizado por Capcom en esta nueva entrega.

No subestimes a los enemigos normales
Es fácil pensar que únicamente los jefes representan una amenaza, pero los enemigos comunes también pueden convertirse en un problema si se enfrentan en grupo.
Muchos poseen ataques capaces de romper tu defensa o de dejarte vendido frente a otros rivales. Por ello conviene priorizar siempre a los enemigos más peligrosos y evitar quedar completamente rodeado.
Controlar el espacio durante el combate es casi tan importante como ejecutar buenos ataques.
Observa antes de atacar
Cada nuevo enemigo introduce patrones diferentes. Algunos atacan rápidamente, otros esperan tus movimientos para contraatacar y algunos incluso cambian completamente de comportamiento cuando reciben suficiente daño.
En lugar de lanzarte al ataque nada más empezar el combate, dedica unos segundos a observar cómo se mueve cada enemigo. Esa información será mucho más útil que intentar memorizar únicamente sus puntos débiles.
Conforme avances descubrirás que muchos enfrentamientos aparentemente difíciles se vuelven bastante sencillos simplemente entendiendo el comportamiento de los rivales.
No olvides cambiar de arma cuando sea necesario
Cada arma tiene fortalezas y debilidades. Algunas destacan por su velocidad, mientras que otras ofrecen un enorme poder de ataque a costa de movimientos mucho más lentos.
Cambiar de arma dependiendo del tipo de enemigo puede marcar una diferencia enorme durante los combates. No existe una opción universalmente mejor; todo depende de la situación y del estilo de juego de cada jugador.
Experimentar con diferentes configuraciones también ayuda a descubrir técnicas y combinaciones que quizá pasen desapercibidas si utilizas siempre el mismo equipo.

La práctica hace toda la diferencia
A diferencia de otros juegos donde el personaje se vuelve extremadamente poderoso conforme avanza la historia, en Onimusha: Way of the Sword gran parte del progreso depende del propio jugador.
Mejorar tus reflejos, aprender cuándo bloquear, dominar el Issen y conocer el comportamiento de los enemigos tiene un impacto mucho mayor que simplemente desbloquear nuevas habilidades.
Por eso no debes frustrarte si los primeros combates resultan complicados. Conforme entiendas el sistema de combate, descubrirás que el juego ofrece una de las experiencias de acción más satisfactorias de los últimos años.
Onimusha: Way of the Sword recompensa la paciencia, la precisión y el aprendizaje constante. No busca que ganes por fuerza bruta, sino que domines poco a poco cada una de sus mecánicas. Si dedicas tiempo a perfeccionar el Issen, administras bien tus almas y priorizas las mejoras adecuadas, notarás cómo la dificultad disminuye de forma natural sin perder la sensación de desafío.
Para muchos jugadores, esa es precisamente la mayor virtud del juego: cada victoria se siente merecida. Y una vez que el combate hace «clic», resulta fácil entender por qué tantos consideran a esta nueva entrega uno de los mejores juegos de acción de 2026.





