The Witcher 3: Wild Hunt siempre ha sido un proyecto muy especial para CD Projekt Red, hasta el punto de que parte del equipo siguió trabajando en nuevo contenido para el juego incluso mientras desarrollaba Cyberpunk 2077. Ese cariño también se refleja en el ambicioso remaster, que no solo apuesta por mejoras visuales, sino por una larga lista de cambios destinados a modernizar la experiencia sin perder la esencia que convirtió al RPG en un clásico.
Aunque la actualización para la generación actual ya había mejorado el apartado gráfico, el juego seguía destacando principalmente por su excelente narrativa, su mundo abierto, sus personajes memorables y sus misiones, elementos que han resistido el paso del tiempo. Sin embargo, había un aspecto que sí comenzaba a sentirse anticuado: el movimiento de Geralt, las animaciones y la fluidez del combate.
Uno de los mayores problemas del juego original era precisamente esa sensación de rigidez. Los controles podían resultar toscos, los ataques fallaban con facilidad, desplazarse hacia un enemigo era incómodo y Roach tampoco ayudaba demasiado, ya que su navegación en espacios estrechos o durante enfrentamientos dejaba mucho que desear. No eran fallos graves, pero sí pequeños inconvenientes que se hacían más evidentes tras años de evolución en el género.
El remaster pretende solucionar esas limitaciones con un combate mejorado, movimientos y desplazamientos más fluidos, una inteligencia artificial renovada para enemigos y monstruos, y una conducción más natural de Roach. Además, incorporará nuevos movimientos finales y varias mecánicas heredadas de la expansión Songs of the Past, incluyendo el uso de una cadena que permitirá atacar puntos débiles específicos cuando Geralt acumule suficiente adrenalina.

Otro de los grandes cambios llegará al sistema de progresión. CD Projekt Red revisará las habilidades y las opciones de personalización, respondiendo a una de las críticas más habituales del juego original: la sensación de que muchas mejoras eran demasiado limitadas o poco significativas. El objetivo es ofrecer más libertad para crear builds variadas y hacer que el progreso del personaje resulte mucho más satisfactorio.
Aun así, el estudio busca un equilibrio entre modernizar el juego y conservar su identidad. The Witcher 3 no pretende convertirse en un Soulslike, sino perfeccionar los elementos que siempre funcionaron y eliminar las asperezas que habían envejecido peor. Si estas mejoras cumplen lo prometido, el remaster podría convertir la aventura de Geralt en la versión definitiva de uno de los mejores RPG de la historia, ofreciendo motivos de sobra para volver a recorrer el Continente.





