La idea de un nuevo The Division siempre genera entusiasmo casi automático. Es una saga con identidad muy marcada y momentos memorables, así que cualquier anuncio en ese universo es algo que definitivamente va a llamar la atención. Ahora bien, cuando se trata de una versión para móviles, la reacción cambia un poco. Trasladar una experiencia tan específica a otro formato nunca es sencillo. Aun así, ya hemos visto casos donde franquicias grandes han logrado adaptarse con bastante éxito, así que la duda aquí era si Ubisoft realmente había dado en el clavo.

Hace ya unos tres años tuvimos un vistazo a The Division Resurgence, lo que dejaba la sensación de que, tras tanto tiempo, el juego habría evolucionado bastante. Sin embargo, finalmente al jugarlo, el cambio no es tan radical como uno podría imaginar. La base sigue siendo la misma: una historia que se sitúa entre los eventos del primer y segundo juego. Lo que sí se aplaude es un rediseño claro en la estructura de las misiones, que ahora están pensadas para sesiones más cortas, mucho más alineadas con el uso típico de un dispositivo móvil.

Ese ajuste no es menor. Ahora se presentan como experiencias más compactas, diseñadas para completarse en pocos minutos. Es una decisión lógica si se considera el contexto en el que se juega: el móvil invita a sesiones rápidas, fragmentadas, y el juego se adapta a eso sin perder del todo su esencia. Es, probablemente, el cambio más acertado en su transición a esta plataforma.

Ahora bien, también hay que reconocer que no es una propuesta para todo el mundo. Un MMO de mundo abierto en un celular exige más atención y dedicación que otros títulos móviles más casuales. No es el tipo de juego que abres un par de minutos y dejas sin más. Aquí hay sistemas, progresión y dinámicas que requieren cierto compromiso. The Division Resurgence apunta a un público específico.

Durante las primeras horas, especialmente antes del lanzamiento global, la experiencia podía sentirse algo desierta. El mundo carecía de vida en varios momentos. Sin embargo, una vez que los servidores se abrieron al público, la diferencia fue inmediata. La presencia de otros jugadores empezó a notarse, y con ello, el juego comenzó a sentirse mucho más vivo y cercano a lo que propone.

De hecho, uno de los cambios más relevantes es el enfoque hacia un mundo compartido. Ya no se trata solo de encontrarte con otros jugadores en espacios específicos, sino de cruzártelos de forma natural mientras exploras. Esto refuerza la sensación de estar dentro de un entorno activo, donde puedes colaborar, coincidir o incluso competir dependiendo del contexto.

A todo esto se suma una cantidad considerable de contenido. Hay misiones principales, secundarias, actividades en el mapa, objetivos diarios y semanales, además de enfrentamientos contra jefes opcionales. Todo está diseñado para mantener un ciclo constante de progreso, donde siempre hay algo más que hacer, mejorar o conseguir. Es, en esencia, la fórmula clásica de The Division, pero adaptada a un ritmo más fragmentado y accesible.

The Division Resurgence es un juego completamente gratuito, y al menos en su estado actual, se siente bastante justo con el jugador. No recurre a sistemas gacha agresivos ni a FOMO constante. Tampoco hay personajes bloqueados tras probabilidades o sorteos: aquí controlas a tu propio agente. Eso no significa que no exista monetización, claro. Las compras están enfocadas principalmente en lo estético, como skins y contenido visual. También está presente el Battle Pass. No obstante, el juego se puede disfrutar perfectamente sin gastar dinero, y más importante aún, sin sentir la necesidad de hacerlo.

Y ahí aparece una sensación un poco ambigua. No hay presión por pagar, pero tampoco incentivos reales para hacerlo. Los cosméticos no terminan de destacar, y como el progreso fluye de manera bastante natural, tampoco hay urgencia por comprar ventajas. Es positivo para el jugador, pero genera dudas sobre su viabilidad a largo plazo.

Al final del día, Ubisoft necesita que el juego genere ingresos, y es válido cuestionarse si este modelo será suficiente para sostenerlo con el tiempo. Los sistemas más intrusivos, como los gacha tradicionales, suelen ser criticados, pero también son extremadamente efectivos para generar dinero. Aquí se ha optado por un enfoque más amigable, lo cual se agradece, aunque deja esa incógnita de si será suficiente para mantener el juego activo y en evolución dentro de uno o dos años.

En lo que respecta a la experiencia jugable, todo resulta inmediatamente reconocible para cualquiera que haya pasado por la saga. La ambientación remite directamente al primer The Division, mientras que muchos de los sistemas y mejoras recuerdan a The Division 2. La estructura base no cambia: un shooter en tercera persona centrado en coberturas, ambientado en una ciudad abierta, donde avanzas a través de misiones, progresas en una narrativa y te enfrentas a distintas facciones, incluyendo una nueva: los Freemen.

Sin embargo, esa misma familiaridad termina jugando en contra del juego. Sí, es The Division en su esencia más pura, pero adaptado con un enfoque claramente móvil que lo hace sentirse más plano. Todo está correctamente implementado, pero rara vez sorprende o propone algo realmente nuevo. Es una experiencia funcional, incluso sólida, pero que en muchos momentos se percibe demasiado genérica.

Esa sensación se refuerza especialmente en la narrativa y en el diseño de sus contenidos. La historia no logra enganchar, los personajes carecen de peso y los diálogos se sienten rígidos, sin mucha vida. En varios momentos da la impresión de que el juego recicla ideas o contenido menos interesante de entregas anteriores, apoyándose en misiones que cumplen sin destacar y escenarios que, aunque funcionales, resultan poco memorables. El resultado es un conjunto competente, pero con poca personalidad propia.

Probé The Division Resurgence en un potente Samsung S26 Ultra y la experiencia técnica deja sensaciones mixtas. El juego te permite elegir entre varias configuraciones gráficas y tres modos de framerate, pero en la práctica ninguno termina de convencer del todo. En calidad alta, el rendimiento se queda alrededor de los 40 FPS —y muchas veces ni siquiera llega a eso—, mientras que en medio o bajo puedes aspirar a 60 FPS, aunque rara vez se mantienen estables. Lo más llamativo es que ese objetivo de rendimiento casi nunca se cumple, y visualmente tampoco destaca demasiado.

Que el juego no luzca espectacular es algo que se puede entender hasta cierto punto. Al final estás corriendo un mundo abierto bastante grande en un dispositivo móvil, con transiciones fluidas y múltiples sistemas activos al mismo tiempo. El problema real aparece en el rendimiento, que en muchos momentos se queda corto. En situaciones con mucha acción —como combates intensos o extracciones en la Dark Zone— las caídas de frames se hacen bastante evidentes. Y eso, considerando que estamos hablando de un equipo de gama alta, no deja una buena impresión. Cuesta imaginar cómo se comportará en dispositivos más modestos.

En conjunto, The Division Resurgence se siente como una versión de bolsillo de los juegos principales: reconocible, funcional, pero difícil de destacar. Hay bastante contenido y sistemas que funcionan, pero pocas cosas realmente memorables. Esa sensación de momentos épicos casi no aparece aquí. La Dark Zone sigue teniendo ese toque especial que engancha, pero no alcanza para sostener el interés a largo plazo. Irónicamente, el problema está en aferrarse demasiado a la fórmula original, lo que hace que pierda frescura en lugar de reforzarla.

gamecored score 6.5

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de The Division Resurgence brindada por Ubisoft para Android.

PUNTOS BUENOS

Gameplay sólido y fiel a la saga, especialmente en disparos y coberturas. Buen modelo free-to-play, sin presión agresiva ni pay-to-win. Mucho contenido y mundo compartido, que le da vida y rejugabilidad.

PUNTOS MALOS

Rendimiento irregular, incluso en dispositivos de gama alta. Demasiado genérico, le falta identidad propia y momentos memorables. Narrativa floja y poco interesante, con personajes olvidables.

CONCLUSIÓN

Una versión de The Division bien trasladada a móvil, sólida en lo básico, pero demasiado familiar y poco ambiciosa como para dejar huella.