Los remakes live action de Disney han recuadrado distintos resultados en los últimos años, y no todos han sido realmente buenos, lo que nos dejó muchas preocupaciones por la nueva versión de Pinocho. La historia del niño de madera que cobra vida es una historia que el público conoce, y que en esta ocasión corre a cargo del director Robert Zemeckis, a quien acompaña un reparto estelar que incluye a Tom Hanks, Joseph Gordon-Levitt, Cynthia Erivo, Keegan-Michael Key, Luke Evans y Benjamin Evan Ainsworth como el personaje titular.
Con un impresionante pedigrí delante y detrás de la cámara, el potencial para una divertida y desenfadada reimaginación de esta clásica historia definitivamente estaba ahí. Sin embargo, las cosas se fueron por otro lado. Afortunadamente, el reparto es uno de los pocos puntos fuertes de la película, Ainsworth lo entrega todo como la voz del niño de madera, apoyado por las sólidas interpretaciones de Gordon-Levitt, Erivo y Michael Key. Por su parte, Evans también brinda una divertida interpretación del villano.
Pero, contrariamente a lo que cualquiera hubiera esperado, Hanks, como Geppetto, es bastante flojito, entrando y saliendo de un acento bastante caricaturesco que me sacaba constantemente de la película.
Los efectos visuales están bien, ya que el CGI y las secuencias de acción tienen un aspecto estupendo en su mayor parte. Hay un puñado de secuencias que están extremadamente bien elaboradas y orquestadas, y que arrojan destellos del director que estuvo detrás de clásicos como Volver al Futuro, Cast Away y Forrest Gump.
La razón principal por la que este remake no da la talla es que parece más una atracción de parque temático que un largometraje. Las secuencias de acción te harán sentir como si estuvieras en una atracción de uno de los parques de Disney, pero el elemento emocional que debería estar presente está completamente ausente. Da la sensación de que se ha dedicado más tiempo y esfuerzo a los efectos especiales y a los decorados de la película que a los elementos más importantes, la historia y los personajes. Ninguno de los personajes de la película parece tener cuerpo o ser tridimensional, lo que hace que el público no sienta ningún vínculo emocional. Como resultado, la película en sí misma se siente emocionalmente vacía.
La magia de la historia original también ha desaparecido, y las interacciones entre los personajes y el humor no tienen mucho sentido. La película intenta emular la maravilla y el asombro de la historia clásica en múltiples ocasiones, pero casi siempre se queda corta, sintiéndose como una pálida imitación de lo que debería ser magia. Lamentablemente, siento que el CGI y las secuencias de acción no pueden ocultar una historia mediocre.

Pinocho es una historia que ha resistido el paso del tiempo gracias a su historia indeleble, su música y sus adorables personajes. La reimaginación de Zemeckis fracasa en prácticamente todos los niveles, no consiguiendo recordar a los espectadores por qué es una historia que permanece en el corazón de tantos. Es una película en la que el final intenta convencer al espectador de que ha visto algo extraordinario y mágico, pero lo único que consigue es hacerle pensar todo lo contrario.







