Durante la última década, la industria de los videojuegos se ha afianzado en el desarrollo de ports, remasters y remakes de una forma realmente destacable. La preservación se ha vuelto una parte clave del medio, y hoy en día, si quieres jugar algo de los años 80, 90 o principios de los 2000, casi siempre existe alguna manera de hacerlo en condiciones óptimas en plataformas modernas.

Sin embargo, cuando se trata de adaptar juegos antiguos actualizados para un público moderno, muchos desarrolladores se enfrentan a un dilema complicado: ¿qué hacer con los problemas que el juego siempre tuvo, y que con el paso del tiempo se notan aún más? ¿Es mejor conservar todo tal cual con el fin de respetar el material original, o intentar mejorar sus bases para hacerlo más accesible para el público de hoy? Ess en medio de este debate que llega Legacy of Kain: Defiance Remastered.

Legacy of Kain: Defiance se lanzó originalmente en 2003 como el gran capítulo final de la querida saga. Y aunque no es el primer juego de la franquicia en recibir una remasterización, Defiance tuvo el pecado de arrastrar varios problemas que no afectaron tanto a Legacy of Kain: Soul Reaver 1 y 2, especialmente en lo que respecta a la cámara y el sistema de combate. Así que la gran duda fue clara desde el principio: ¿logra esta remasterización solucionar esos defectos y ofrecer una experiencia más pulida? En respuesta corta, podría decir que en parte, ya que si bien es una buena remasterización, no puedo dejar de ver el paso del tiempo tras casi 25 años.

La historia de Legacy of Kain: Defiance retoma los acontecimientos inmediatamente después de Soul Reaver 2. Raziel permanece atrapado en el reino espiritual, mientras que Kain se encuentra perdido en el pasado. Desde esa premisa, ambos protagonistas emprenden una nueva lucha contra el destino que parece estar escrito para ellos. En su intento por salvar Nosgoth y romper definitivamente el ciclo del destino, cada uno deberá recorrer su propio camino, enfrentando desafíos que pondrán a prueba su voluntad y su papel en la historia.

Narrativamente, Defiance funciona como una secuela sólida de Soul Reaver 2. A diferencia de la entrega anterior, el juego no se centra únicamente en Raziel, sino que otorga a Kain un papel protagónico igual de relevante dentro de la historia. Esta decisión enriquece el relato y permite explorar con mayor profundidad los distintos puntos de vista del conflicto.

Además, la narrativa juega constantemente con la percepción del jugador, ya que nunca queda del todo claro quién es realmente el “héroe” de la historia. En algunos momentos parece ser Raziel, mientras que en otros la figura central pasa a ser Kain, manteniendo una ambigüedad que encaja perfectamente con los temas de destino y libre albedrío presentes en la saga. Para reforzar esta dualidad, el juego alterna entre ambos personajes a lo largo de cada capítulo, dedicando prácticamente el mismo tiempo a cada uno durante la aventura. Esto no solo equilibra el protagonismo, sino que también permite ver cómo sus historias avanzan en paralelo hasta converger en los momentos clave del relato.

En cuanto a la escritura, Defiance mantiene el mismo nivel de misterio e intriga que caracterizó a los juegos anteriores de la saga, y sorprendentemente sigue funcionando muy bien incluso después de tantos años. Eso sí, hay menos énfasis en los dilemas filosóficos que eran tan comunes en los Soul Reaver. En cambio, el juego profundiza más en el lore de Nosgoth y en el desarrollo personal de Kain y Raziel. A lo largo de la historia se puede ver cómo sus personalidades evolucionan: Kain se vuelve más reflexivo y comprensivo, mientras que Raziel comienza a mostrarse más paranoico y temperamental al descubrir la verdad detrás de su destino.

En ese sentido, el mayor problema de la historia de Defiance surge precisamente por su condición de última entrega principal de la saga. El juego concluye con un cliffhanger muy evidente, claramente pensado para abrir el camino a una continuación que nunca llegó a concretarse. Como resultado, el desenlace puede sentirse algo incompleto, especialmente si se considera que la historia se venía desarrollando a lo largo de cinco juegos. La sensación de cierre definitivo queda pendiente, dejando varias ideas y conflictos abiertos. Aun así, en términos generales, la narrativa logra momentos tan memorables como los de otras entregas de la serie y mantiene una solidez notable incluso más de dos décadas después de su lanzamiento. El gameplay, en cambio, es otro cantar.

La jugabilidad de Legacy of Kain: Defiance, lamentablemente, es uno de los aspectos que más ha envejecido con el paso del tiempo, e incluso hoy se siente peor de lo que muchos recuerdan. Uno de los primeros problemas es la cámara. A diferencia de la perspectiva en tercera persona más flexible de entregas anteriores, aquí se utiliza una cámara fija similar a la de los primeros Devil May Cry. Sin embargo, a diferencia de esos juegos, el sistema resulta torpe e impredecible, cambiando de ángulo constantemente sin que el jugador tenga control sobre ello. Esto se vuelve especialmente frustrante en las secciones de plataformas, donde los cambios de cámara pueden romper el ritmo y provocar errores innecesarios.

El otro gran punto débil del juego es el sistema de combate. Si bien la saga Legacy of Kain nunca se caracterizó por tener peleas particularmente profundas, en Defiance la acción se siente más rígida y poco responsiva. Los ataques carecen de peso o impacto, lo que resta satisfacción a cada enfrentamiento. Además, muchos enemigos requieren demasiados golpes para ser derrotados, lo que hace que incluso las peleas más simples se extiendan más de lo necesario. Con el tiempo, esto provoca que el combate pierda dinamismo y se vuelva repetitivo. Al final, la mayoría de los enfrentamientos terminan reduciéndose a presionar los mismos botones una y otra vez, lo que genera una sensación de monotonía que contrasta con la ambición narrativa del juego.

En varias ocasiones me ocurrió que lograba esquivar un ataque con éxito, pero el enemigo reaccionaba casi de inmediato y terminaba derribándome de todas formas, lo que hacía que los combates se sintieran injustos. Para empeorar las cosas, muchos niveles están poblados por los mismos molestos enemigos Gargoyle una y otra vez, que aparecen en rápida sucesión. Estas secciones podían volverse tan frustrantes que más de una vez estuve tentado a abandonar el juego y pasar a otra cosa.

La experiencia tampoco mejora por la cantidad de problemas técnicos que aparecen durante la partida. Es difícil saber si estos fallos ya estaban presentes en la versión original o si surgieron con el remaster. En mi caso, hubo momentos en los que terminé fuera de los límites del mapa en plena pelea contra un jefe, rompiendo por completo el enfrentamiento. En otras ocasiones el juego quedaba prácticamente bloqueado, obligándome a repetir cerca de una hora de progreso, lo que resultaba especialmente desalentador. Incluso experimenté un cierre inesperado mientras intentaba acceder a una de las nuevas funciones extra incluidas en esta versión.

Todos estos problemas generan una sensación clara: Defiance no ha envejecido especialmente bien. Durante las primeras horas estuve muy cerca de abandonarlo, con la impresión de que el remaster no había hecho demasiado por corregir los defectos del juego original.

Sin embargo, esa percepción comenzó a cambiar cuando empecé a descubrir las nuevas funciones, añadidos y mejoras de calidad de vida que incluye esta versión. Puede que no solucionen absolutamente todos los problemas, pero demuestran que existe una intención real de mejorar la experiencia, y eso ya representa un logro considerable.

Hubo un momento muy concreto en el que me di cuenta de que el remaster era mucho mejor de lo que pensaba. Durante las primeras dos horas estuve luchando constantemente con la cámara, tratando de orientarla hacia las plataformas para entender por dónde avanzar, mientras que en combate saltaba de un ángulo a otro de forma tan brusca que incluso llegaba a marear. De repente, la cámara cambió a una perspectiva en tercera persona mucho más cómoda. Como no había seguido demasiado la promoción del juego, tardé unos segundos en darme cuenta de lo que había pasado: Aspyr había añadido una opción para cambiar la cámara, y yo la había activado sin querer al presionar un botón. Este pequeño detalle cambió por completo mi percepción del remaster. Muchos relanzamientos modernos se limitan a mejorar los gráficos, pero en este caso hay una cantidad considerable de mejoras y añadidos que hacen que la experiencia se sienta mucho más pulida e incluso cercana a un juego nuevo en ciertos aspectos.

En el apartado visual, por ejemplo, todos los personajes cuentan con modelos completamente renovados, acompañados de iluminación y detalles actualizados que modernizan la presentación sin perder la esencia del original. Aunque este tipo de mejoras son habituales en los remasters actuales, aquí se añade un elemento extra que resulta especialmente interesante. El juego permite alternar en cualquier momento entre el apartado visual moderno y el original, algo que no solo funciona como un ejercicio de nostalgia, sino también como una forma de apreciar el trabajo realizado en la remasterización. Incluso es posible mezclar ambos estilos, utilizando los nuevos modelos con la iluminación clásica o viceversa, lo que ofrece una curiosa flexibilidad visual y permite experimentar el juego de distintas maneras según las preferencias del jugador.

Esta nueva versión también incorpora varios añadidos pensados especialmente para los fans de toda la vida. Entre ellos destaca un modo Music Player que permite escuchar toda la banda sonora del juego, además de la cinemática de apertura original en su formato de aspecto clásico. Incluso se han incluido algunos niveles descartados que ahora pueden explorarse, aunque vale la pena mencionar que, cuando intenté iniciar uno de ellos, el juego se cerró de inmediato. A esto se suman nuevos trajes para Kain y Raziel, que pueden equiparse desde un menú de pausa completamente renovado.

Dentro de ese mismo menú también se encuentra una enciclopedia bastante completa con la historia y el lore de toda la saga, un añadido que los seguidores más dedicados seguramente disfrutarán explorando. Además, se ha incluido un modo foto, ideal para capturar algunos momentos o retratos de los protagonistas durante la partida. Sin embargo, mi añadido favorito es, sin duda, la demo de Legacy of Kain: The Dark Prophecy, la secuela cancelada de Defiance. Se trata de una demo bastante corta, de apenas unos diez minutos, y además solo está disponible en la edición Deluxe, pero el simple hecho de que haya sido preservada y que hoy podamos experimentarla ya la convierte en un contenido muy especial para los fans de la saga.

Por supuesto, hay límites en lo que un remaster puede corregir. La nueva opción de cámara mejora notablemente la experiencia general, pero no logra solucionar del todo los problemas del sistema de combate, que sigue siendo uno de los aspectos más frustrantes del juego. A esto se suman algunos fallos técnicos, como ciertos problemas de iluminación en el Reino Espiritual y los glitches que mencioné anteriormente.

Aun así, cuando se considera todo lo que esta remasterización intenta ofrecer, resulta más fácil pasar por alto varios de esos defectos. Hubo momentos en los que realmente no la estaba pasando bien, especialmente al tener que repetir combates contra los mismos enemigos una y otra vez. Sin embargo, la calidad de la narrativa, los gráficos renovados y las mejoras de calidad de vida terminaron motivándome a seguir adelante hasta el final. Puede que Defiance no haya envejecido de la mejor manera, pero para quienes sienten cariño por esta saga, esta edición remasterizada sigue siendo una experiencia que merece la pena jugar.

El Defiance que salió en 2003 es, siendo honestos, un juego con bastantes problemas. La cámara fija resulta muy incómoda de manejar y el sistema de combate puede ser bastante frustrante, sobre todo por enemigos mal equilibrados y ataques que se sienten poco contundentes. A eso se suman algunos inconvenientes que parecen propios de esta nueva versión, como los glitches y cierres inesperados que mencioné antes. Aun así, cuando se ponen en la balanza todas las mejoras y añadidos que trae el remaster, esos puntos bajos se vuelven más fáciles de tolerar.

De hecho, la posibilidad de cambiar entre la cámara fija original y una nueva perspectiva en tercera persona ya es, por sí sola, una razón suficiente para que esta versión valga la pena. Pero además hay contenido descartado que ahora puede explorarse, videos detrás de cámaras, una interfaz renovada, nuevos desbloqueables y varias funciones adicionales que los fans seguramente van a disfrutar. En ese sentido, el remaster se siente como una auténtica carta de amor no solo a Defiance, sino a toda la saga Legacy of Kain. Si eres seguidor de la serie —incluso si solo jugaste los remasters de Soul Reaver y aún no te has acercado a Defianceesta versión es prácticamente una compra obligatoria, a pesar de sus defectos.

En cuanto al futuro de la franquicia, considerando que muy pronto llegará un nuevo spin-off de Legacy of Kain, solo queda esperar que esto también signifique que la esperada continuación de la historia de Raziel y Kain finalmente pueda hacerse realidad más temprano que tarde.

gamecored score 7.5

PUNTOS BUENOS

Narrativa sólida y memorable, con el protagonismo compartido entre Raziel y Kain y un desarrollo interesante del lore de Nosgoth. Nueva opción de cámara en tercera persona, que mejora notablemente la experiencia frente a la cámara fija original. Mejoras visuales importantes, con modelos de personajes renovados, iluminación actualizada y la posibilidad de alternar entre gráficos clásicos y modernos. Gran cantidad de extras para fans, como contenido descartado jugable, enciclopedia del lore, modo foto, nuevos trajes y la demo preservada de Legacy of Kain: The Dark Prophecy.

PUNTOS MALOS

Sistema de combate rígido y repetitivo, con enemigos mal equilibrados y enfrentamientos que se alargan más de lo necesario. Problemas técnicos, incluyendo glitches, errores de iluminación y algunos cierres inesperados. Elementos del gameplay que han envejecido mal, especialmente en el diseño de combates y ciertas secciones frustrantes.

CONCLUSIÓN

Un remaster lleno de mejoras y contenido para fans que logra modernizar parcialmente un clásico, aunque no consigue ocultar los problemas de jugabilidad que Defiance arrastra desde 2003.