Sony enfrenta una nueva controversia relacionada con la propiedad digital luego de anunciar que eliminará de forma permanente 551 películas de las bibliotecas de los usuarios de PlayStation a partir del 1 de septiembre, debido a la expiración de sus acuerdos de distribución con StudioCanal. Aunque la compañía cerró su servicio de compra y alquiler de películas en 2021 por la caída en la demanda frente al auge del streaming, había asegurado que los clientes conservarían el acceso a sus compras. Sin embargo, esa promesa ya no podrá cumplirse.
La decisión significa que los usuarios perderán el acceso a todas las películas adquiridas de StudioCanal sin recibir ningún tipo de reembolso, ya que las obras serán retiradas de sus bibliotecas digitales. Entre los títulos afectados se encuentran clásicos del cine como Terminator, Evil Dead y Hot Fuzz, que dejarán de estar disponibles incluso para quienes pagaron por ellos años atrás.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchos consumidores pasan por alto: al comprar contenido digital, en realidad no se adquiere la propiedad del producto, sino una licencia de uso. Como ocurre en la mayoría de plataformas digitales, los términos de servicio permiten que ese acceso sea revocado cuando expiran licencias comerciales o cambian las condiciones de distribución, dejando al consumidor sin el contenido que creía haber comprado.
La situación también llega en un momento clave para la industria del videojuego, donde cada vez más compañías están apostando por un futuro completamente digital. Sony impulsa consolas con lector de discos opcional, mientras que empresas como Rockstar Games y Take-Two Interactive avanzan hacia modelos donde incluso las ediciones físicas incluyen únicamente un código de descarga, como ocurrirá con Grand Theft Auto VI.
Frente a este panorama, el formato físico vuelve a ganar relevancia como la única garantía real de conservación y propiedad. A diferencia del contenido digital, un Blu-ray o un disco de videojuego no puede desaparecer de una biblioteca por la expiración de una licencia, ni depende de que una tienda digital permanezca abierta o de que un servidor siga funcionando.
La preocupación por estos problemas ha impulsado iniciativas como Stop Killing Games, una campaña que busca proteger los derechos de los consumidores y la preservación de los videojuegos en una industria cada vez más dependiente de sistemas DRM y conexiones permanentes a internet. Aunque el movimiento ha conseguido más de un millón de apoyos, hasta ahora las autoridades europeas han señalado que no existe una obligación legal para que las compañías mantengan sus juegos disponibles una vez finaliza su explotación comercial.
Si bien el futuro del entretenimiento apunta claramente hacia la distribución digital, casos como el de PlayStation evidencian que la legislación y los derechos del consumidor aún no han evolucionado al mismo ritmo. La eliminación de más de 500 películas de las bibliotecas de usuarios demuestra que abandonar el formato físico implica aceptar un modelo donde el acceso al contenido puede desaparecer en cualquier momento, poniendo en riesgo tanto la propiedad del consumidor como la preservación del patrimonio audiovisual y de los videojuegos.





