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God of War: Sons of Sparta es un metroidvania competente que destaca por su mundo y narrativa, pero sufre por un combate rígido y poco contundente y un apartado visual que no termina de impresionar. La combinación de la clásica acción de Kratos con mecánicas de exploración 2D funciona de manera parcial, resultando interesante pero sin alcanzar la grandeza de la saga.

Uno de sus puntos más fuertes es la ambientación en la juventud de Kratos y su relación con Deimos, explorando momentos apenas insinuados en entregas anteriores y agregando profundidad al canon de la saga. Además, el regreso de T.C. Carson como la voz de Kratos adulto aporta autenticidad y un guiño bien recibido para los fans de la etapa griega.

Sin embargo, el juego flaquea en su combate, que carece del impacto y la fluidez característicos de la franquicia. Las peleas se sienten rígidas, repetitivas y excesivamente basadas en memoria, mientras que los dones divinos y habilidades desbloqueables tardan en generar un verdadero impacto en la experiencia. Esto limita el potencial de un juego que, en teoría, debía combinar lo mejor del hack and slash con la exploración Metroidvania.

Visualmente, el juego se mantiene en un terreno intermedio, ni nostálgico ni moderno, aunque la variedad de biomas y los tonos oscuros recuerdan la trilogía original. En conjunto, Sons of Sparta funciona como experiencia aislada, con momentos interesantes, pero dentro del canon de God of War se siente fuera de lugar y menos impactante de lo esperado.

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Johann Aldazábal

Director Editorial | Analista de la industria de los videojuegos y el entretenimiento | Psicólogo Clínico | Músico amateur, geek, cinéfilo.