The Haunting of Hill House es un relato que se ha contado varias veces, y cada nueva versión le da un giro único a los eventos originales. Esa historia, contada originalmente por Shirley Jackson en su novela de 1959 del mismo nombre, se ha convertido desde entonces en un libro de texto para Hollywood, el cual se ha convertido en dos películas que simplemente se llamaron The Haunting.
La primera versión llegó a los cines en 1963, mientras que la segunda llegó 36 años después, como un gran éxito de verano de gran presupuesto pero finalmente decepcionante que fue protagonizada por Liam Neeson, Catherine Zeta-Jones y Owen Wilson, dirigida además por Jan de Bont (Máxima Velocidad). Ambas películas adoptaron un enfoque directo a sus adaptaciones, utilizando el concepto de la búsqueda de lo sobrenatural y la abrumadora disposición de la casa para proporcionarla como la base de muchos de los sobresaltos en sus películas.
Lo que opta por hacer la nueva serie de Netflix, creada y dirigida por Mike Flanagan (Gerald’s Game, Doctor Sleep), es marcadamente diferente: convierte la historia de una casa embrujada en la de una familia embrujada, una que se ve a través de lente de sus muchos personajes durante dos distintos y aterradores momentos en el tiempo.
El primero de ellos, nos pinta a una familia joven dentro de Hill House cuyas escenas ofrecen una variedad de auténticos momentos de miedo que impresionan tanto por su capacidad para hacer que tu piel se ponga de gallina como por la facilidad con que te convencen de seguir mirando sin importar cuan asustado o conflictuado te encuentres. Eso es una bendición para la serie en su conjunto, ya que a pesar de que The Haunting of Hill House tiene muy buenos momentos con respecto a su narrativa familiar, especialmente cuando lidia con el misterio, la serie en sí sufre de un sobrecargo hacia mitad de camino.
No obstante, la serie claramente se beneficia de tener a Flanagan al mando. Como lo demuestra su filmografía, no solo conoce el género del horror, ya que ha presentado películas como Oculus, Hush, Ouija: Origin of Evil y el ya mencionado Gerald’s Game (también para Netflix), sino que también parece ser un devoto de Stephen King.
Si bien eso no parece tener nada que ver con su adaptación de la novela de Jackson en la superficie, se siente más significativo una vez que la serie se mueve y profundiza en los períodos de tiempo duales que exploran las experiencias de la familia Crain con Hill House. Esa fórmula funcionó de maravilla para la novela IT de King y ciertamente se tradujo bien en la pantalla grande con la adaptación de IT del año pasado.
The Haunting of Hill House aparentemente hace lo mismo, pero al mismo tiempo, muestra la estadía tenebrosa del clan Crain en Hill House mientras avanza en el tiempo y examina todas las formas en que las secuelas los han transformado en la gente que son hoy. Incluso la producción cuenta con un elenco ingenioso en el que Henry Thomas (quien también apareció en Gerald’s Game de Flanagan junto con Carla Gugino) interpreta a la joven versión del patriarca familiar, Hugh Crain, y Timothy Hutton (Jack Ryan) interpreta a un Hugh mucho mayor.
Parte de la diversión de ver Hill House, aparte de los miedos efectivos que logra conectar, es ver a los personajes en dos momentos distintos de sus vidas y, en menor grado, admirar hasta qué punto los actores más jóvenes se parecen a sus contrapartes mayores.
Pero no se puede construir una serie de televisión convincente en torno a algunas opciones de casting fabulosas y a escenas con sobresaltos (jump scares); una serie como esta necesita una base narrativa sobre la cual construir su casa encantada, y, sorprendentemente, The Haunting of Hill House encuentra uno en, entre todas las cosas, un drama familiar que se extiende por décadas.
Es aquí donde Flanagan hace un mejor uso de su reparto y de los esfuerzos de la narrativa para duplicar los plazos. Este enfoque crea un misterio central que ha fracturado a la familia Crain: ¿Qué sucedió la noche en que Hugh sacó a los niños de Hill House? ¿Y por qué, a pesar de las súplicas de sus hijos, dejó a su esposa Olivia (Gugino) atrás?
Esas preguntas agregan combustible a lo que, de otra manera, es una serie de horror bien elaborada y frecuentemente inquietante que equilibra la tensión emocional de una familia dañada con otros elementos dignos de lo sobrenatural.
Aunque Hutton y Thomas sobresalen en sus roles como Hugh, la historia se cuenta con mayor frecuencia desde la perspectiva del hijo mayor Steven (Michiel Huisman, Game of Thrones), que no solo es un escéptico, sino que ha sido el único miembro de la familia en sacar provecho de la notoriedad de su hogar de la infancia y los eventos que aparentemente cautivaron a una nación (o al menos un grupo de escritores de tabloides).
El papel de Steven como escéptico y cronista de las desgracias de la familia Crain lo convierte en un extraño con el resto de hermanos. A pesar de esto, aunque los gemelos Nell (Victoria Pedretti) y Luke (Oliver Jackson-Cohen) todavía permanecen en contacto con él, tal vez porque a diferencia de la mayoría, son quienes muestran de manera más directa las cicatrices del trauma. Por otro lado, Shirley (Elizabeth Reaser) dirige una funeraria y la otra, Theodora (Kate Siegel) vive una vida de excesos ocasionales.
A pesar de las grandes actuaciones y los personajes interesantes, puede ser frustrante ver cómo la serie se pone un freno tras un primer episodio bastante enérgico que no solo explica la historia de la familia, sino que también establece con éxito las apuestas que están en juego.
Al igual que otras series de Netflix, The Haunting of Hill House podría haberse beneficiado de un recuento más pequeño de episodios. Sin embargo, el resultado final suma a una serie espeluznante que llega en un mes preciso. Con temores genuinos y una atmósfera aterradora, el toque hábil de Flanagan es especialmente desconcertante en los primeros episodios, además de valores de producción sólidos que realmente pondrán tu televisor 4K HDR a buen uso.





