Durante los últimos años hemos visto cómo Nintendo Switch 2 se ha convertido en el hogar de numerosos clásicos que buscan una segunda oportunidad. Sin embargo, pocos regresos resultan tan interesantes como Middle-earth: Shadow Bundle, una recopilación que reúne Middle-earth: Shadow of Mordor Game of the Year Edition y Middle-earth: Shadow of War Definitive Edition junto a prácticamente todo su contenido adicional. Más que una simple colección, esta edición representa la oportunidad de volver a experimentar una de las ideas más revolucionarias que ha dejado la industria en la última década: el inolvidable Sistema Némesis.

Lo primero que hay que entender es que este paquete no intenta reinventar ninguno de los dos juegos. Aspyr ha optado por trasladar ambas aventuras al hardware de Switch 2 conservando su esencia original. No estamos frente a una remasterización ni a un remake, sino ante dos títulos que llegan prácticamente intactos para demostrar que algunas buenas ideas envejecen mucho mejor que cualquier apartado gráfico. Y pocas mecánicas han resistido tan bien el paso del tiempo como el Sistema Némesis, que sigue siendo capaz de generar historias únicas incluso doce años después de su debut.

La aventura comienza con Shadow of Mordor, donde conocemos a Talion, un montaraz de Gondor cuya familia es asesinada por las fuerzas de Sauron durante un ritual en la Puerta Negra. Cuando todo parece perdido, el espíritu del legendario herrero élfico Celebrimbor lo vincula al mundo de los vivos, dando inicio a una historia de venganza que poco a poco se conecta con algunos de los acontecimientos más importantes del universo de The Lord of the Rings. Puede que el argumento nunca alcance la profundidad de las novelas de Tolkien, pero consigue construir un contexto suficientemente sólido para sostener toda la aventura.

Sin embargo, sería un error afirmar que la historia es el verdadero atractivo de estos juegos. El auténtico protagonista siempre ha sido el Sistema Némesis. Cada capitán orco posee una personalidad propia, fortalezas, debilidades, miedos y recuerdos de cada enfrentamiento contra Talion. Si un enemigo sobrevive, regresará con nuevas cicatrices; si logra derrotarnos, ascenderá dentro de la jerarquía de Mordor y se convertirá en una amenaza todavía mayor. Lo fascinante es que ninguna de estas situaciones está completamente escrita por los desarrolladores: el propio juego genera rivalidades personales que hacen que cada partida sea diferente.

Cuando llega el turno de Shadow of War, queda claro que Monolith Productions entendió perfectamente el potencial de aquella idea. La secuela no se limita a repetir la fórmula, sino que la expande prácticamente en todos los aspectos. Talion y Celebrimbor forjan un nuevo Anillo de Poder para enfrentarse a Sauron, mientras la escala del conflicto crece hasta convertir la conquista de fortalezas, el reclutamiento de ejércitos y la manipulación de capitanes enemigos en el verdadero centro de la experiencia. Si Shadow of Mordor presentó una revolución, Shadow of War fue quien terminó de perfeccionarla.

Más allá de la narrativa, ambos títulos siguen destacando por un gameplay que continúa sintiéndose sorprendentemente vigente. El combate toma una clara inspiración de la saga Batman: Arkham, apostando por un sistema de golpes, contraataques, ejecuciones y esquivas que recompensa el ritmo y la precisión por encima de la fuerza bruta. Cada enfrentamiento transmite una sensación de fluidez difícil de encontrar incluso en muchos juegos de acción actuales, especialmente cuando Talion comienza a combinar sus habilidades humanas con los poderes espectrales de Celebrimbor.

La progresión también evoluciona de forma muy inteligente entre ambos juegos. Mientras Shadow of Mordor apuesta por un sistema relativamente sencillo basado en runas y habilidades, Shadow of War amplía enormemente las posibilidades mediante equipamiento, diferentes categorías de armas, gemas, mejoras y un árbol de habilidades mucho más profundo. Esa evolución hace que la secuela ofrezca una mayor libertad para construir el estilo de combate de cada jugador, incentivando constantemente la experimentación sin perder nunca la accesibilidad que caracterizó a la entrega original.

El propio Sistema Némesis también alcanza aquí todo su potencial. Los capitanes ya no solo recuerdan nuestros enfrentamientos, sino que aprenden de nuestras tácticas, desarrollan resistencias, adquieren nuevas habilidades e incluso modifican su personalidad conforme sobreviven a nuestras emboscadas. En ocasiones basta un simple error para que un enemigo aparentemente insignificante termine convirtiéndose horas después en uno de los generales más peligrosos de Mordor. Ese tipo de historias emergentes siguen siendo el mayor motivo para regresar una y otra vez a estas aventuras.

No todo resulta perfecto, sin embargo. Vista con la perspectiva que da el paso del tiempo, Shadow of Mordor evidencia que fue el primer paso de una idea mucho más ambiciosa. Su mundo resulta más pequeño, la progresión es considerablemente más limitada y algunas animaciones ya no poseen la misma naturalidad que recordábamos. En cambio, Shadow of War mejora prácticamente cada uno de esos aspectos, ofreciendo un mapa mucho más grande, sistemas de conquista de fortalezas, una progresión más completa y una enorme cantidad de contenido adicional. La diferencia entre ambos es evidente, aunque también sirve para apreciar cuánto evolucionó la franquicia en apenas unos años.

Precisamente por eso, jugar ambos títulos de forma consecutiva termina siendo una experiencia muy interesante. El primero permite entender el origen de una de las mejores mecánicas de la industria, mientras que el segundo demuestra todo el potencial que aquella idea podía alcanzar. Son dos juegos distintos, pero profundamente complementarios, donde cada uno aporta algo diferente a una misma visión del diseño de mundo abierto y la acción.|

Es precisamente en Nintendo Switch 2 donde esta recopilación encuentra su mayor argumento de venta. Poder llevar dos aventuras de mundo abierto tan extensas en formato portátil sigue siendo una propuesta muy atractiva, especialmente considerando que ambas incluyen todas las expansiones publicadas. El rendimiento general resulta estable y la experiencia se mantiene perfectamente jugable tanto en modo portátil como conectado al televisor. Sin embargo, el trabajo de adaptación deja claro que estamos ante conversiones y no ante versiones optimizadas específicamente para el nuevo hardware.

Las principales limitaciones aparecen en Shadow of War. Los tiempos de carga son considerablemente largos, llegando a superar los treinta segundos en algunas transiciones, mientras que el pop-in de escenarios, enemigos y vegetación resulta evidente cuando recorremos Mordor a gran velocidad utilizando las habilidades élficas. A esto se suman texturas de menor resolución y algunos modelos que pierden nitidez, especialmente en modo portátil. Ninguno de estos problemas rompe la experiencia, pero sí recuerdan constantemente que Switch 2 sigue ejecutando dos juegos diseñados originalmente para plataformas mucho más potentes.

Aun con esos compromisos técnicos, la esencia de ambos títulos permanece completamente intacta. El combate continúa siendo adictivo, el Sistema Némesis sigue generando historias irrepetibles y la evolución de Talion mantiene intacta su capacidad para enganchar durante decenas de horas. Además, Shadow of War llega en su mejor estado posible, eliminando por completo las polémicas microtransacciones que afectaron su lanzamiento original y permitiendo disfrutar de una progresión mucho más equilibrada y natural. Esa sola mejora convierte a la secuela en una experiencia muy superior a la que conocimos en 2017.

Después de tantas revisiones, remasterizaciones y recopilaciones, Middle-earth: Shadow Bundle demuestra que las grandes ideas sobreviven mucho mejor que la tecnología sobre la que fueron construidas. Esta edición para Nintendo Switch 2 no ofrece el mejor apartado visual ni el rendimiento más refinado, pero sí permite disfrutar, donde sea, de dos de los mejores juegos de acción de la última década. Y mientras ningún otro estudio pueda utilizar el Sistema Némesis, la odisea de Talion seguirá siendo una experiencia prácticamente única dentro de la industria.

gamecored score 8

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Middle-earth: Shadow Bundle brindada por Aspyr para Nintendo Switch 2.

PUNTOS BUENOS

El Sistema Némesis sigue siendo una de las mecánicas más revolucionarias e inmersivas de la industria, generando rivalidades e historias únicas en cada partida. La recopilación incluye Shadow of Mordor, Shadow of War y todos sus DLC, ofreciendo una enorme cantidad de contenido desde el primer momento. El combate continúa siendo tremendamente divertido y satisfactorio, gracias a un sistema inspirado en Batman: Arkham que mantiene un excelente equilibrio entre acción, sigilo y habilidades sobrenaturales. La posibilidad de disfrutar toda la saga de forma portátil en Nintendo Switch 2 aporta un valor añadido, especialmente para quienes nunca la jugaron o desean revisitar Mordor en cualquier lugar.

PUNTOS MALOS

Los tiempos de carga, especialmente en Shadow of War, son demasiado largos y afectan el ritmo de la experiencia. El apartado técnico presenta concesiones evidentes, con pop-in, texturas poco definidas y una calidad visual inferior a otras plataformas. Shadow of Mordor evidencia el paso del tiempo frente a su secuela, con una progresión más limitada y sistemas que hoy se sienten menos refinados.

CONCLUSIÓN

Middle-earth: Shadow Bundle para Nintendo Switch 2 reúne dos extraordinarios juegos cuya brillantez sigue intacta gracias al Sistema Némesis, aunque esta conversión queda limitada por un apartado técnico que nunca termina de estar a la altura de su enorme calidad jugable.