Pocas películas llegan a los cines con una historia detrás tan fascinante como Coyote vs. Acme. Tras haber sido terminada, archivada por Warner Bros. para obtener un beneficio fiscal y rescatada años después por Ketchup Entertainment, el filme se convirtió en un símbolo de la lucha entre el arte y las decisiones corporativas. Esa odisea hizo que muchos imaginaran una obra maestra perdida, pero la realidad es un poco distinta: no estamos ante una revolución cinematográfica, sino frente a una comedia muy entretenida, con mucho corazón y un enorme respeto por uno de los personajes más queridos de los Looney Tunes.

La premisa sigue siendo brillante incluso décadas después de haber sido concebida. ¿Qué pasaría si Wile E. Coyote finalmente demandara a Acme por todos los productos defectuosos que explotaron en su cara mientras intentaba atrapar al Correcaminos? Es una idea tan absurda como ingeniosa, que transforma décadas de slapstick en un juicio lleno de referencias legales, sátira corporativa y nostalgia por los clásicos animados de Warner Bros.

Uno de los mayores aciertos de la película es que convierte al eterno perdedor de los Looney Tunes en un protagonista sorprendentemente humano sin hacer que pronuncie una sola palabra. El Coyote continúa comunicándose mediante carteles y expresiones, exactamente como en los cortos originales de Chuck Jones, y aun así consigue transmitir frustración, determinación e incluso vulnerabilidad. Resulta imposible no empatizar con él después de verlo soportar años de accidentes provocados por una empresa que jamás asumió responsabilidad alguna.

A esto se suma un reparto que entiende perfectamente el tono de la película. Will Forte funciona muy bien como Kevin Avery, un abogado resignado que ha perdido la pasión por su trabajo y encuentra en el caso del Coyote una oportunidad para recuperar su propósito. Su química con el protagonista animado sostiene buena parte del relato y consigue que la relación entre ambos resulte sorprendentemente emotiva.

John Cena también aporta bastante diversión como Buddy Crane, el abogado estrella de Acme. Su presencia exagerada encaja con el tono caricaturesco de la película y ofrece varios de los momentos más divertidos del filme. Quizá nunca llega a transmitir una verdadera sensación de amenaza, pero sí cumple con creces como antagonista dentro de una historia que nunca pretende tomarse demasiado en serio.

Visualmente, la convivencia entre personajes animados y actores reales está muy bien lograda. El mundo acepta con total naturalidad que los Looney Tunes formen parte de la sociedad, y eso permite que muchas situaciones absurdas funcionen con enorme naturalidad. Hay varios gags visuales que recuerdan por qué estos personajes siguen siendo tan efectivos incluso después de casi un siglo.

Sin embargo, la película nunca explota completamente el enorme potencial de su concepto. Su premisa invitaba a una sátira legal mucho más afilada, casi como una versión caricaturesca de grandes thrillers judiciales. En cambio, Dave Green apuesta constantemente por un enfoque mucho más familiar, ligero y accesible para todos los públicos. Funciona, sí, pero deja la sensación de que existía una versión todavía más brillante escondida entre líneas.

Es inevitable compararla con ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, otra película que mezcló animación y acción real. La diferencia es que aquella abrazaba completamente el género noir mientras utilizaba personajes caricaturescos. Coyote vs. Acme, en cambio, nunca termina de comprometerse con ese tono detectivesco que promete durante varios momentos de la historia y termina priorizando la comedia física por encima del misterio.

La animación también deja sentimientos encontrados. El diseño del Coyote conserva gran parte de su esencia clásica, especialmente durante las secuencias más caóticas, donde los movimientos exagerados recuerdan inmediatamente a los cortometrajes originales. Sin embargo, en varias escenas más íntimas el modelo tridimensional pierde expresividad y evidencia las limitaciones del estilo híbrido. Es difícil no imaginar cuánto habría ganado la película si el personaje hubiera sido completamente animado a mano.

Aun así, el libreto encuentra fuerza en su mensaje. La crítica hacia las grandes corporaciones y su capacidad para evitar consecuencias resulta sorprendentemente vigente, especialmente considerando que la película fue realizada años antes de su estreno. La historia habla sobre monopolios, responsabilidad empresarial y cómo las grandes compañías pueden terminar viendo a las personas únicamente como estadísticas, todo sin perder el tono ligero que caracteriza a los Looney Tunes.

También hay numerosos detalles que los fanáticos de Warner Bros. sabrán apreciar. Desde referencias a los grandes animadores del estudio hasta apariciones de personajes clásicos, la película está llena de pequeños homenajes que celebran casi cien años de historia de la animación sin sentirse como simple fan service.

Lo más irónico es que el propio recorrido de la película terminó reforzando el mensaje que intenta transmitir. Una historia sobre un pequeño enfrentándose a una enorme corporación estuvo a punto de desaparecer precisamente por una decisión corporativa. Ver finalmente a Coyote vs. Acme llegar a los cines convierte su existencia en una pequeña victoria para quienes todavía creen que las películas merecen ser vistas y juzgadas por el público, no archivadas por razones contables.

Coyote vs. Acme quizá no alcance todo el potencial de su extraordinaria premisa ni se convierta en el nuevo referente de las películas híbridas entre animación y el live action. Pero es una comedia inteligente, muy divertida, entrañable y con suficiente personalidad para justificar plenamente el tiempo que esperó para ver la luz. Tal vez sus cohetes nunca alcancen la velocidad que prometían, pero el viaje sigue siendo lo bastante entretenido como para pasar una tarde amena.

gamecored score 8

PUNTOS BUENOS

Una premisa brillante y muy original que convierte décadas de slapstick de Wile E. Coyote en una divertida sátira judicial. Gran química entre Will Forte y el Coyote, logrando una historia con humor, corazón y momentos emotivos. Excelente homenaje al legado de los Looney Tunes, con numerosas referencias y un profundo respeto por los personajes clásicos. Un mensaje sorprendentemente vigente sobre el poder de las grandes corporaciones y la responsabilidad empresarial.

PUNTOS MALOS

No aprovecha todo el potencial de su premisa, optando por un tono demasiado familiar en lugar de profundizar en la sátira legal.

CONCLUSIÓN

Coyote vs. Acme demuestra que la larga espera valió la pena, entregando una divertida y emotiva aventura que reivindica a uno de los personajes más icónicos de los Looney Tunes.