onimusha: way of the sword
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Hubo una época en la que hablar de Capcom era hablar de una compañía llena de altibajos. Durante buena parte de la década pasada, la desarrolladora japonesa recibió numerosas críticas por algunas decisiones creativas y comerciales que hicieron pensar a muchos que había perdido el rumbo. Sin embargo, pocos estudios han protagonizado una recuperación tan impresionante como la suya. Hoy, cada nuevo lanzamiento genera ilusión entre los jugadores, y Onimusha: Way of the Sword no hace más que confirmar que Capcom atraviesa una auténtica edad de oro.

Lo más sorprendente es que este éxito no depende de una sola franquicia. Mientras otras compañías sostienen gran parte de su prestigio sobre uno o dos grandes nombres, Capcom ha conseguido revitalizar prácticamente todo su catálogo. Resident Evil volvió a convertirse en el referente del survival horror gracias a sus remakes y nuevas entregas; Monster Hunter continúa creciendo hasta romper récords de ventas; Street Fighter 6 logró devolver a la saga al primer nivel de los juegos de pelea, y Dragon’s Dogma 2 demostró que todavía existe espacio para RPG ambiciosos con personalidad propia. Ahora, Onimusha se suma a esa lista de éxitos.

Lo interesante de Way of the Sword es que nunca intenta competir directamente con ninguna de esas franquicias. En lugar de buscar parecerse a Devil May Cry, convertirse en un soulslike o copiar la estructura de otros juegos de acción modernos, Capcom decidió preguntarse qué hacía especial a Onimusha hace más de veinte años y cómo podía trasladar esa identidad a una producción de 2026. Esa filosofía se nota prácticamente en cada minuto de la aventura.

Uno de los momentos que mejor resume esa idea aparece durante los primeros enfrentamientos importantes del juego. Basta con ejecutar un Issen perfectamente sincronizado para recordar por qué este sistema de combate fue tan revolucionario en la era de PlayStation 2. Capcom entendió que esa mecánica seguía siendo divertida y, en lugar de sustituirla por tendencias actuales, decidió expandirla y convertirla nuevamente en el corazón de la experiencia. Es una decisión que refleja la enorme confianza que el estudio tiene en sus propias ideas.

Esa misma confianza también se aprecia en el diseño de los jefes. Cada combate importante se siente cuidadosamente construido, con patrones distintos, una puesta en escena espectacular y una dificultad que exige dominar todas las herramientas del jugador. Son enfrentamientos que recuerdan por qué Capcom lleva décadas siendo una referencia cuando se trata de diseñar combates memorables. Da igual si hablamos de los cazadores de Resident Evil, de los monstruos gigantes de Monster Hunter o de los demonios de Onimusha; el estudio siempre encuentra la manera de convertir cada batalla en un momento inolvidable.

También resulta imposible no destacar el trabajo artístico. El Japón feudal de Way of the Sword transmite una personalidad propia que evita caer en comparaciones fáciles con otros títulos ambientados en la misma época. Hay una mezcla constante entre historia, mitología japonesa y fantasía oscura que consigue darle una identidad muy marcada. Esa capacidad para construir mundos memorables también ha sido una constante en los últimos años dentro de Capcom, ya sea explorando las aldeas de Resident Evil Village, los enormes ecosistemas de Monster Hunter o los impredecibles territorios de Dragon’s Dogma.

Pero quizá el mayor mérito de Capcom no sea únicamente la calidad de sus juegos, sino la consistencia con la que los publica. En una industria donde los retrasos, los lanzamientos incompletos y las actualizaciones de emergencia son cada vez más frecuentes, la compañía japonesa ha conseguido construir una reputación basada en ofrecer productos pulidos desde el primer día. Evidentemente ningún estudio está libre de errores, pero resulta difícil encontrar otra desarrolladora que haya mantenido un nivel tan alto durante tantos años consecutivos.

onimusha: way of the sword

Esa regularidad también ha cambiado por completo la percepción que tienen los jugadores sobre la marca. Hace algunos años era habitual recibir cada anuncio de Capcom con cierta incertidumbre. Hoy ocurre exactamente lo contrario: cada nuevo proyecto despierta entusiasmo porque existe la sensación de que el estudio entiende perfectamente cómo evolucionar sus franquicias sin traicionar aquello que las hizo populares. Ese cambio de imagen no se consigue únicamente con buenos gráficos o grandes presupuestos; se construye lanzamiento tras lanzamiento, demostrando que cada proyecto recibe el tiempo y el cuidado necesarios.

El regreso de Onimusha simboliza perfectamente esa nueva filosofía. Capcom podría haber optado por un remake seguro o por una secuela excesivamente continuista para aprovechar la nostalgia de los fans. En cambio, decidió crear una nueva entrega que respeta el legado de la saga mientras introduce suficientes novedades para sentirse relevante en pleno 2026. Es una apuesta mucho más arriesgada, pero también mucho más beneficiosa para el futuro de la franquicia.

Y precisamente ahí está una de las mayores razones para ilusionarse con lo que viene. Si Capcom ha sido capaz de recuperar con tanto éxito una serie que llevaba tantos años inactiva, resulta inevitable preguntarse qué otras franquicias podrían regresar bajo esta misma filosofía. El estudio ha demostrado que entiende cómo modernizar sus propiedades intelectuales sin convertirlas en algo completamente diferente, algo que muy pocas compañías consiguen hacer con éxito.

Al final, Onimusha: Way of the Sword es mucho más que un gran juego de acción. Es la prueba de que Capcom atraviesa uno de los mejores momentos de toda su historia creativa. La compañía no solo ha recuperado la confianza de millones de jugadores, sino que ha encontrado una fórmula que combina respeto por sus franquicias clásicas, innovación en el diseño y un nivel de calidad extraordinariamente consistente. Si mantiene este rumbo, es difícil imaginar un futuro en el que Capcom deje de ser una de las desarrolladoras más importantes y admiradas de toda la industria del videojuego.

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Johann Aldazábal

Director Editorial | Analista de la industria de los videojuegos y el entretenimiento | Psicólogo Clínico | Músico amateur, geek, cinéfilo.