Desde que James Gunn anunció el reinicio del Universo DC, una de las mayores incógnitas era si el estudio sería capaz de ofrecer películas que realmente se sintieran diferentes entre sí. Supergirl parecía tener todas las herramientas para conseguirlo. Inspirada en Woman of Tomorrow, la cinta prometía una aventura espacial con un tono mucho más íntimo que el de Superman, alejándose de las amenazas multiversales para contar una historia centrada en el dolor, la pérdida y la búsqueda de un propósito. Sobre el papel, la propuesta resultaba refrescante. El problema es que esa ambición rara vez encuentra una historia capaz de sostenerla.
Craig Gillespie intenta construir una especie de western espacial donde cada planeta representa una nueva etapa en el viaje emocional de Kara Zor-El. La idea funciona durante los primeros minutos, cuando la película deja claro que esta Supergirl está muy lejos de ser una simple versión femenina de Superman. Sin embargo, conforme avanza el relato, esa sensación de novedad comienza a desaparecer y da paso a una estructura demasiado episódica, donde los acontecimientos parecen existir únicamente para conducir a los personajes hacia la siguiente parada del viaje.
El mayor problema de Supergirl es, sin discusión, su guion. La historia nunca consigue generar la sensación de urgencia que necesita una aventura de este tipo y, aunque constantemente introduce nuevos escenarios, personajes y conflictos, muy pocos dejan una huella significativa. El viaje de Kara termina sintiéndose repetitivo, como si la película estuviera más preocupada por acumular situaciones que por desarrollar un relato con verdadero peso dramático. Hay momentos donde el ritmo se estanca por completo y otros donde las resoluciones llegan con demasiada facilidad, provocando que el conflicto pierda fuerza.


Lo más frustrante es que la película plantea temas realmente interesantes. La culpa del superviviente, el trauma de haber perdido Krypton y la dificultad para encontrar un lugar al que pertenecer son conceptos que podrían haber dado lugar a una de las historias más humanas del género. Sin embargo, el libreto apenas profundiza en ellos antes de pasar al siguiente enfrentamiento o al siguiente planeta. Más que desarrollar sus ideas, parece conformarse con mencionarlas, dejando la sensación de que había mucho más por explorar.
Si hay alguien que consigue elevar constantemente el material que recibe, esa es Milly Alcock. Su interpretación es, por mucho, lo mejor de toda la película. Desde su primera aparición deja claro que entiende perfectamente quién es Kara Zor-El y consigue transmitir una mezcla de rabia, vulnerabilidad, impulsividad y cansancio emocional que hace imposible no empatizar con ella. Alcock nunca intenta convertir a Supergirl en una copia de Superman; construye una heroína marcada por sus errores, emocionalmente inestable y mucho más humana de lo que suele ser habitual en este tipo de producciones.
Lo curioso es que el crecimiento de Kara convence más por el trabajo de Alcock que por lo que realmente escribe el guion. Muchas de las decisiones importantes del personaje parecen ocurrir porque la historia necesita avanzar, no porque nazcan de una evolución orgánica. Es el talento de la actriz el que consigue llenar esos vacíos y dar coherencia emocional a escenas que, sobre el papel, no siempre la tienen.
La relación con Ruthye también parte de una premisa interesante. Ambas emprenden un viaje impulsado por la pérdida y la necesidad de encontrar justicia, pero la película nunca explota del todo el potencial de esa dinámica. Existen momentos donde ambas protagonistas consiguen conectar emocionalmente, aunque el desarrollo de su vínculo termina siendo mucho más superficial de lo esperado. Lo que debía convertirse en el corazón del relato acaba funcionando únicamente como un recurso para mantener la historia en movimiento.



El villano principal, Krem, demuestra que no hace falta amenazar con destruir el universo para resultar inquietante. Sus acciones poseen un grado de crueldad mucho más cercano y perturbador que el de muchos antagonistas recientes del cine de superhéroes. No obstante, la película apenas aprovecha esa base, relegándolo durante buena parte del metraje y convirtiéndolo más en una excusa narrativa que en un personaje realmente memorable. Algo similar ocurre con Jason Momoa como Lobo. Su aparición aporta una energía completamente distinta a la película y recuerda por qué el actor parecía destinado a interpretar al personaje desde hace años. Es por ello que resulta bastante triste el poco peso que puede aportar en la historia completa.
En el apartado técnico, Supergirl cumple sin llegar a impresionar. Las escenas de acción están bien coreografiadas y Craig Gillespie evita el abuso de cortes frenéticos que suele afectar al género, permitiendo seguir con claridad los enfrentamientos. Sin embargo, la producción también deja ver limitaciones evidentes. Los efectos visuales durante las secuencias de vuelo y varios escenarios digitales presentan una calidad muy irregular, alternando imágenes realmente espectaculares con otras que rompen por completo la inmersión.
Esa inconsistencia termina reflejándose en prácticamente toda la película. Hay buenas ideas, actuaciones convincentes y momentos donde parece que Supergirl finalmente va a despegar, pero siempre aparece una nueva decisión narrativa que vuelve a frenar el impulso. Nunca alcanza el nivel emocional que persigue ni la épica que promete, quedándose constantemente a medio camino entre ambas.
Quizá lo más decepcionante es que Supergirl tenía todos los ingredientes para convertirse en una de las películas más distintas del género en los últimos años. Su intención de abandonar las fórmulas tradicionales merece reconocimiento, pero una propuesta diferente necesita una historia igual de sólida para sostenerse, y aquí es precisamente donde la película falla. La ambición está presente; la ejecución, en cambio, nunca termina de acompañarla.

Al finalizar la película queda una conclusión muy clara. DC encontró a la actriz perfecta para interpretar a Kara Zor-El. Milly Alcock posee el carisma, la presencia y la capacidad interpretativa necesarias para convertirse en uno de los rostros más importantes del nuevo universo de James Gunn. Lamentablemente, su debut llega acompañado de un guion incapaz de aprovechar todo ese potencial, dejando la sensación de que el personaje merecía una historia mucho mejor.
Supergirl no es un desastre ni mucho menos una mala película, pero tampoco consigue estar a la altura de las expectativas que generaba su material de origen y el enorme talento de su protagonista. Es una aventura con buenas intenciones, algunos destellos de personalidad y una excelente interpretación central, aunque limitada por una narrativa irregular que nunca encuentra el equilibrio entre el drama y el espectáculo. Ahora el problema reside en si será suficiente para que WB, o sus próximos compradores, quieran seguir apostando por este alicaído universo.

PUNTOS BUENOS
Milly Alcock entrega una interpretación sobresaliente, convirtiéndose en el mayor acierto de la película y demostrando que nació para interpretar a Kara Zor-El.PUNTOS MALOS
La historia nunca desarrolla todo el potencial de su premisa, ofreciendo un viaje que se siente repetitivo y con poca fuerza narrativa. El ritmo es irregular, con varios pasajes que alargan innecesariamente la película y afectan su impacto emocional. El desarrollo de los personajes secundarios y del villano resulta superficial, desaprovechando conflictos que podrían haber enriquecido el relato. Los efectos visuales muestran altibajos evidentes, especialmente durante las secuencias de vuelo y algunos escenarios generados por computadora.CONCLUSIÓN
Milly Alcock demuestra que es la Supergirl ideal, pero su debut queda atrapado en una historia irregular que nunca consigue estar a la altura del enorme potencial del personaje.