El uso de la inteligencia artificial generativa y los modelos de lenguaje (LLM) sigue siendo uno de los temas más polémicos dentro de la industria de los videojuegos, con jugadores y críticos cada vez más atentos a detectar si estas tecnologías han sido utilizadas durante el desarrollo de nuevos títulos. Sin embargo, una reciente decisión de Take-Two Interactive, empresa matriz de Rockstar Games, ha generado sorpresa al ir aparentemente en contra de la tendencia actual.
La compañía despidió en abril a todo su equipo dedicado a la investigación de inteligencia artificial, un grupo que originalmente nació en Zynga antes de la adquisición del estudio por parte de Take-Two en 2022. Aunque la noticia podría interpretarse como un rechazo a la IA, la realidad es más compleja: gran parte de los empleados afectados no trabajaban directamente con inteligencia artificial generativa.
El exdirector del área, Luke Dicken, explicó que el equipo fue creado en 2019, mucho antes de la explosión mediática provocada por ChatGPT y el auge de los modelos generativos. Según el ejecutivo, nunca sintió una especial pasión por la IA generativa y considera que las empresas deben gestionar esta tecnología con cautela. Dicken incluso afirmó que algunos de los excesos asociados a la IA generativa son tan problemáticos que resulta necesario poner límites y cuestionar determinadas prácticas.

En lugar de centrarse únicamente en los modelos generativos, Dicken defiende una visión más amplia de la inteligencia artificial. Señala que existen numerosas tecnologías tradicionales basadas en IA que llevan años ayudando a optimizar procesos de desarrollo, como la generación procedural de contenido o la automatización de determinadas tareas. A su juicio, el enorme entusiasmo actual por la IA ha provocado que muchas compañías acepten cualquier propuesta etiquetada como “inteligencia artificial”, incluso sin comprender realmente su utilidad.
A pesar de ello, reconoce que el fenómeno también ha tenido un efecto positivo: las empresas están ahora más abiertas a escuchar propuestas tecnológicas que anteriormente ignoraban. Sin embargo, advierte que existe un riesgo importante si la burbuja de la IA generativa termina explotando. Su principal preocupación es que el rechazo hacia los modelos generativos termine perjudicando también a otras ramas de la investigación en inteligencia artificial que sí han demostrado valor real durante años.
“Mi preocupación es que la IA generativa esté envenenando el pozo”, concluyó Dicken. Para el exdirectivo, la conversación actual carece de los matices necesarios para diferenciar entre la IA tradicional y las nuevas herramientas generativas, algo que podría provocar que toda la disciplina pague las consecuencias de las expectativas exageradas que hoy dominan el sector tecnológico.





