Shadow Labyrinth ha sido una constante caja de sorpresas. Cuando lo conocí por medio de la antología Secret Level, esta reinterpretación más oscura y agresiva de Pac-Man me pareció una mala idea. Sin embargo, al jugarlo, descubrí que era mucho más que una propuesta provocadora: respetaba sus raíces, aportaba ideas frescas y, sobre todo, tenía un diseño sólido. Terminé viéndolo como un metroidvania de acción bien ejecutado, ideal para jugar en un par de días.

Para mi sorpresa, el juego resultó ser mucho más extenso de lo que pensaba: cerca de 30 horas. Algunos lo describirían como “rebosante de contenido”, lo cual es tanto su mayor virtud como su punto débil. Sus mapas ofrecen tanto amplitud como secretos, generando una exploración gratificante, aunque no siempre acorde con el tono sombrío del título. En algunos casos, el contenido parece excesivo, con niveles que se alargan demasiado o ideas interesantes que no terminan de cuajar. Aun así, al rendir homenaje a la historia arcade de Namco, el juego se da el lujo de exagerar sin perder encanto.

Si bien este estilo de laberinto al estilo Metroid es novedoso para Pac-Man, no lo es para mí. Hoy abundan los metroidvanias, y aunque los disfruto, me he vuelto más exigente: no basta con seguir la fórmula, hace falta un diseño refinado. Shadow Labyrinth cumple ese criterio. Explorar su mapa es agradable y está lleno de secretos, con un diseño que incentiva el descubrimiento. A diferencia de otros títulos, no frustra con desafíos repetitivos ni castiga al jugador por retroceder. Una vez superados los obstáculos más duros, se mantienen así, y los atajos desbloqueables facilitan el movimiento entre zonas.

Una de las razones por las que explorar es tan disfrutable es el sistema de movimiento del protagonista. Puedes encadenar deslizamientos para moverte más rápido, y aunque los saltos tienen cierta curva de aprendizaje por la inercia, puedes corregirlos con ataques de espada en el aire. Además, el esquive permite atravesar enemigos y obstáculos, haciendo que recorrer el mapa sea ágil y entretenido. Esto no solo mejora la fluidez del juego, sino que convierte el desplazamiento en una actividad divertida por sí misma.

Cuanto más tiempo pasaba con el juego, más profundidad encontraba en su sistema. Los ataques en el aire no solo te ayudan a aterrizar con precisión, sino que también te permiten alcanzar mayor distancia en los saltos. Más adelante, adquieres un gancho que va más allá del uso convencional: si lo combinas con tus ataques, puedes mantenerte flotando para combatir en el aire o acceder a secretos lejanos.

El combate en Shadow Labyrinth es mucho más profundo de lo que aparenta a simple vista. Al principio parece algo básico: usas la espada para atacar, esquivas con una voltereta que consume energía y cuentas con algunos objetos curativos entre puntos de guardado. Un sistema que ya se ha vuelto casi estándar en muchos juegos. Sin embargo, si hay una empresa que puede inspirarse legítimamente en los Souls, esa es Namco. Cuando desbloqueé la habilidad de hacer parry, pensé que sería otra de esas soluciones simples que arruinan el combate, pero no fue así.

En este juego, la colocación del personaje es fundamental durante las peleas. No todos los ataques se pueden contrarrestar con una defensa oportuna: es necesario moverse, saltar y estar atento al entorno. El parry solo funciona si estás bien posicionado, y las volteretas no siempre te salvarán. Además, cada acción defensiva conlleva una ligera pausa, lo que obliga al jugador a decidir con precisión cuándo usarlas. En enfrentamientos con varios enemigos, esquivar a uno puede dejarte expuesto al otro. El sistema es simple en apariencia, pero cuenta con una estructura de diseño tan sólida que hace que el combate se mantenga atractivo incluso después de muchos encuentros.

Lo que más me sorprendió al enfrentar enemigos y jefes fue que el juego nunca te obliga a jugar de una sola manera. Hay jefes que fomentan el uso del parry, pero no es una exigencia. De hecho, a veces resulta más entretenido evitarlos por completo. En un momento luché contra un jefe basado en el fantasma rosa de Pac-Man sin saber que podía usar el parry. Este lanzaba garras que podían desviarse, permitiéndote golpearlo con facilidad. Yo, sin saberlo, opté por esquivar y golpeé en medio del caos. Ambas estrategias son completamente válidas, lo que demuestra lo flexible que es el sistema de combate.

Al principio me preocupaba que la posibilidad de activar un modo mecha gigante para resistir daño volviera irrelevantes las batallas con jefes. Pero en la práctica, esa preocupación se disipó rápido. El mecha tiene un tiempo limitado y no suele durar lo suficiente como para eliminar a un jefe entero. Si lo logras, es probable que ya estés cerca del final de la pelea y te lo hayas ganado. No desequilibra el juego, solo sirve como ayuda adicional cuando más la necesitas.

En resumen, Shadow Labyrinth es un juego bien hecho y con mucho carácter. Aunque su concepto suene como una parodia, no lo es. Es un título exigente y cuidadosamente diseñado, con mucho más fondo que un simple “Pac-Man con estética oscura”. Además, va más allá de ese personaje. Las referencias al legado de Namco están integradas de manera ingeniosa y efectiva. Desde áreas temáticas como una zona al estilo Splatterhouse hasta laberintos inspirados en Dig Dug, el juego rinde homenaje al pasado arcade de manera creativa y memorable.

Shadow Labyrinth es un videojuego auténtico y meticulosamente diseñado. Aunque su premisa pueda parecer una broma al principio, el juego demuestra ser todo lo contrario: un reto serio y bien construido que trasciende su premisa inicial con una estética oscura. De hecho, supera ampliamente cualquier comparación con Pac-Man. Las influencias de Namco están presentes de maneras inesperadas y fascinantes. Shadow Labyrinth logra dar nueva vida al legado de los arcades clásicos de forma sorprendentemente efectiva. Al terminarlo, sentirás una conexión genuina con la historia de títulos como Galaga, Xevious y Bosconian. Lo más destacado es cómo el juego entrelaza estas referencias dentro de su propio universo. Ya sea a través de una zona que remite a Splatterhouse o un laberinto sacado directamente de Dig Dug, las reinterpretaciones son ingeniosas y fieles a su estilo.

La incorporación más notoria del legado arcade en Shadow Labyrinth es, claramente, la de Pac-Man. En distintas partes del juego, debes adoptar la forma clásica del personaje para participar en lo que podría describirse como Pacforming. En estas secciones, te desplazas por caminos al estilo de Pac-Man, recolectando puntos, pero con la particularidad de que a menudo tendrás que saltar entre líneas, lo cual requiere algo de práctica. Puedes alternar entre movimiento automático o permanecer quieto con solo pulsar un botón, y ambos modos son útiles, ya que el ángulo de salto varía según te estés moviendo o no. Aunque no son las partes más complejas del juego, sí demandan cierto tiempo para acostumbrarse.

Aún más exigentes son las losas especiales que desbloquean desafíos laberínticos inspirados directamente en Pac-Man. Al activarlas, entras a lo que es básicamente Pac-Man Championship Edition 3, algo que disfruté mucho como fan de las primeras dos entregas. Como es característico en los Championship Edition, estos desafíos se centran más en la precisión que en la reacción rápida, siguiendo trayectorias prefijadas de puntos que van revelando nuevas secciones del laberinto. El añadido distintivo de esta tercera versión es el Pacforming, que aporta una vuelta de tuerca mecánica a la fórmula. Funciona bien, pero a diferencia del Pacforming del juego principal, aquí el nivel de dificultad sí se eleva bastante.

Completar estos laberintos ya implica un desafío considerable, pero alcanzar la puntuación perfecta puede ser incluso más exigente que enfrentar al jefe más complicado del juego principal. Aunque aprecio la inclusión de CE3, su estilo no siempre encaja del todo con el flujo general del juego, tanto en ritmo como en nivel de dificultad. Tras varios intentos, empecé a cuestionar si realmente valía la pena invertir tanto tiempo en ellos. No siempre me apetecía pausar la aventura principal para sumergirme en una mecánica que se siente como un juego distinto por completo. Cada intento dura al menos cinco minutos, por lo que, incluso si tu única intención es superarlos sin obsesionarte con la puntuación, siguen siendo significativo.

Los laberintos son, en teoría, una adición interesante, pero en la práctica me dejaban con la sensación de “ya tuve suficiente, quiero seguir con el juego”. Habría preferido que funcionaran como contenidos extra opcionales accesibles desde un menú externo, para poder jugarlos cuando realmente me provocara, sin que interrumpieran el ritmo de la aventura principal. Tal como están, se sienten demasiado ajenos al núcleo del juego, y por eso no siempre me apetecía enfrentarlos.

Esa misma sensación la tuve con algunas zonas del propio Shadow Labyrinth. Aprecio que los mapas sean grandes, pero hay áreas que se alargan más de lo necesario sin introducir suficientes variaciones. Termina siendo agotador completar desafíos para obtener una llave de seguridad, solo para descubrir que necesitas otra más, y luego otra, y otra. El problema no es tanto lo que el juego te pide hacer, sino cómo lo presenta. Si esas mismas tareas se plantearan de forma diferente, probablemente se sentirían menos pesadas.

También se nota cierta sobrecarga en los sistemas RPG del juego. En su mayoría son accesibles: puedes adquirir y desbloquear habilidades para personalizar tu estilo de juego, y los perks mejoran cosas como tu salud o el daño que infliges. Lo frustrante no son los beneficios en sí, sino el hecho de que muchos estén bloqueados detrás de materiales de crafteo. Para obtener ciertos objetos o mejoras, necesitas devorar enemigos y esperar a que suelten el recurso necesario. No termino de entender por qué este tipo de sistema se ha vuelto tan habitual. Los materiales de crafteo no se sienten como recompensas emocionantes.

Eso sí, me gusta la mecánica de devorar enemigos. No es automática: requiere vigilar tu barra de energía y te deja expuesto a ataques, lo que le da un buen componente de riesgo/recompensa. Pero incluso con eso a su favor, no puedo defender el sistema de creación que lo acompaña. Castlevania, que representa la parte “vania” del subgénero Metroidvania, ya resolvió esto desde el inicio: matas a un enemigo y este deja caer un objeto que puedes usar de inmediato y que tiene valor claro. Una idea simple, pero muy efectiva.

Cabe señalar que es fácil frustrarse con Shadow Labyrinth durante las primeras horas. Tiene una curva de aprendizaje relativamente alta. Sí, está diseñado para ser desafiante, pero cuando esa dificultad va en detrimento de la diversión, ahí es donde empiezo a tener problemas. No es que Shadow Labyrinth no sea divertido, pero sí cuestiono algunas de sus decisiones de diseño. Las mecánicas inspiradas en Pac-Man son geniales, y descubrir referencias y guiños a otras franquicias de Bandai Namco me sacó más de una sonrisa. Puede que Shadow Labyrinth no termine formando parte del TOP 5 de Metroidvania para muchos, como lo hacen Hollow Knight o Castlevania: Symphony of the Night, pero se mantiene firme en lo que intenta lograr, a pesar de sus problemas. Además, las mecánicas de Pac-Man encajan sorprendentemente bien dentro del género, lo cual me genera interés por ver cómo evoluciona a partir de aquí.

gamecored score 7.5

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Shadow Labyrinth brindada por Bandai Namco para PlayStation 5.

PUNTOS BUENOS

Mapa y exploración bien diseñados. Combate simple pero sólido. Divertida integración de la historia de Namco.

PUNTOS MALOS

Algunas secciones están sobrecargadas. Pac-Man CE3 representa un salto de dificultad considerable respecto al juego principal y, a veces, inconexo.

CONCLUSIÓN

Shadow Labyrinth se gana el derecho de que su versión más oscura de Pac-Man sea tomada en serio. Sus sólidas mecánicas de exploración y combate dan forma a un excelente videojuego que se eleva aún más gracias a la manera divertida en que integra y celebra la historia de Namco en su diseño. Aunque por momentos puede sentirse un poco recargado de ideas, está bien excederse cuando se trata de una celebración.