Donkey Kong Bananza llegó con la promesa de traer de vuelta la destrucción del terreno como no se veía en videojuegos desde hace décadas. Mientras muchas mecánicas innovadoras se han perfeccionado con el tiempo, la simple pero satisfactoria acción de «destruir cosas» fue quedando en el olvido. Aunque ocasionalmente aparece en algún título indie sobresaliente, hace mucho que dejó de ocupar un lugar protagónico en los juegos AAA. Con un tráiler debut que apostó fuerte por revivir el placer de la destrucción a gran escala, Bananza se presentó con ambición. Luego, en un Nintendo Direct detallado, dejó en claro su propuesta: sí, aquí puedes romperlo todo.

La historia arranca en las minas de Isla Ingot, donde Donkey Kong pasa su día haciendo trabajo rudo (con su clásica corbata roja), hasta que su rutina se ve interrumpida por un evento inesperado: toda la isla es arrastrada hacia el subsuelo por tres siniestros simios. Estos villanos se han apoderado de los plátanos de cristal que DK y sus amigos extraían, y los usan para alimentar una gigantesca máquina perforadora que no deja de bajar. Sin tiempo para entender que el mundo subterráneo es extrañamente habitable, DK se encuentra con una roca parlante y se lanza a una nueva aventura.

Uno de los elementos más llamativos de Bananza son sus impresionantes escenarios subterráneos, que funcionan como puntos de pausa en el descenso hacia el centro del planeta. Cada área cuenta con un estilo visual único y habitantes que vivían tranquilamente hasta la llegada de Void Co. Algunas tribus incluso cuentan con gigantescos Ancianos, dispuestos a otorgar a DK una Transformación Bananza si este los ayuda con algún problema local.

El primer encuentro también revela que la roca parlante es, en realidad, una niña llamada Pauline, de trece años. Esto plantea muchas dudas, pero el juego nunca se toma la molestia de responderlas (e incluso contradice varias posibles teorías), así que lo mejor es simplemente disfrutar del viaje. Aquí la intención no es crear una cronología rigurosa del universo Donkey Kong, sino pasarla bien y, la verdad, me parece admirable que Nintendo no permita que detalles como la “coherencia narrativa” estorben una aventura divertida con un simio cabezón y su adorable compañera.

Desde el primer instante, tienes a tu disposición los puños poderosos de DK, y la fuerza bruta que puedes desatar se vuelve evidente de inmediato. Los escenarios compuestos te invitan a destrozarlos sin piedad, y es difícil no quedar encantado con el divertido caos que surge al abrirte paso cavando por cualquier dirección. Con eso en mente, debo reconocer que me encanta exprimir una mecánica hasta su punto de quiebre para entender la intención detrás de su diseño. Siempre hay una mezcla curiosa entre el placer de llevar una función al extremo y la ligera decepción de toparte con su frontera, como si tropezaras con el borde invisible de un territorio sin cartografiar.

Por eso fue tan grato descubrir que Bananza abraza por completo su propuesta principal. Excavar no solo está permitido: en la mayoría de situaciones, se premia. Golpear el suelo revela secretos, recompensas y desafíos especiales para quienes prestan atención, y todo esto se vuelve más accesible gracias a una brillante herramienta: un “Sonar” que emite señales para destacar elementos cercanos. Además, la agilidad de DK le permite escalar sin límites cualquier superficie lógica, así que no importa cuánto profundices: siempre hay una forma de volver. El juego incluso ofrece un mapa funcional y un sistema de teletransporte gratuito para evitar que tus expediciones subterráneas terminen mal. Es un conjunto de mecánicas tan bien pensadas que parecen hechas para ser explotadas al máximo.

En el otro extremo del espectro está Pauline, cuya encantadora voz aporta un equilibrio perfecto al dúo. Su canto sirve principalmente para eliminar zonas púrpuras de Void Co, uno de los pocos elementos que no se pueden romper cavando. Al entonar ciertas notas cerca de este material, logras debilitarlos y devolver al terreno su estado manipulable. Por cierto, estas zonas metálicas también suelen bloquear la entrada a salas de desafío que aparecen a lo largo de tu viaje, ofreciendo pruebas de habilidad y recompensas en forma de codiciados plátanos de cristal.

No obstante, el aporte más significativo de Pauline son las transformaciones Bananza. En ciertos momentos, la joven cantante puede interpretar una melodía ancestral que transforma a DK en una criatura híbrida con habilidades únicas para distintas situaciones. Antes de jugar, pensé que estas transformaciones funcionarían como en un metroidvania, desbloqueando áreas previamente inaccesibles. Pero en realidad, son herramientas disponibles casi en cualquier momento, que abren nuevas posibilidades y amplían el mundo de forma dinámica.

En cualquier otro juego, una mecánica así estaría limitada por temporizadores o recursos que te obligan a usarla con precaución… pero Donkey Kong Bananza no se preocupa por esas restricciones. Si quieres convertirte en un mega-simio gigante y destrozar una sala entera de rompecabezas solo para despejarte el camino, adelante. El medidor de transformación se llena tan rápido que prácticamente te invita a abusar de esta opción.

Con tantas herramientas disponibles, Bananza te mete de lleno en un bucle de exploración libre dentro de sus impresionantes zonas abiertas, permitiéndote transformarlas a tu antojo. Puedes resolver acertijos destruyendo el entorno a lo bestia o usando métodos más tradicionales, todo a tu ritmo. Aunque Void Co representa una amenaza, el juego nunca te apura. Fiel al espíritu de Nintendo, la historia te da espacio para que DK y su compañera se maravillen con los paisajes y culturas que descubren. Apartarse del camino principal y excavar por curiosidad no se siente como perder el tiempo, al contrario: aquí, cada rincón puede esconder algo divertido o sorprendente, y eso hace que la exploración sea aún más gratificante.

Este ritmo se acompaña de una grata sorpresa: esta vez, DK viene equipado con un sistema de progresión completo, repleto de mejoras útiles y formas entretenidas de fortalecer al personaje. No es fácil balancear un árbol de habilidades en un juego ligero: si empiezas demasiado débil, frustras al jugador; si eres demasiado fuerte, las mejoras pierden sentido. Por suerte, el equipo detrás de Super Mario Odyssey sabe lo que hace y ofrece un abanico de opciones jugosas donde invertir tus plátanos. ¿Quieres que las transformaciones duren más? ¿Necesitas más corazones? Todo eso se puede mejorar. Yo, por ejemplo, gasté mis primeros plátanos en subir la fuerza de los puñetazos para excavar más rápido, todo debido a mi necesidad de ver qué joyas escondía la tierra.

Una de las mayores novedades en la fórmula de Nintendo es que las Gemas de Banandio no están ligadas a la progresión de la historia. A diferencia de otros juegos donde cada luna o estrella te lleva al siguiente nivel, aquí DK simplemente come esas gemas como si fueran dulces, y las usa para desbloquear habilidades. De hecho, podrías pasarte el juego sin recoger ni una, si quisieras un desafío brutal. No obstante, para la mayoría, habrá plátanos de sobra para desbloquear un montón de mejoras geniales, especialmente porque cada transformación también tiene su propio árbol de habilidades lleno de sorpresas.

Además de plátanos, también puedes encontrar fósiles coleccionables en cada nivel. Sirven como moneda para cambiar la apariencia de DK y Pauline: desde el color de su pelaje hasta trajes. Algunos cambios incluso otorgan mejoras simples (como nadar más rápido). Debo aclarar que aquí no vas a buscar el “build perfecto del mono”, simplemente vistes a los personajes como quieras. Del mismo modo, también podrás recolectar oro mientras excavas, que puedes gastar en objetos útiles como jugo de manzana para revivir o globos que te salvan de caídas mortales.

Otra forma genial de gastar el oro es contratando a unos simpáticos Fractones, criaturas de roca que construyen cosas útiles para explorar mejor los niveles: cañones, vías de carrito, y demás atajos. Algunos incluso te pueden montar un refugio personalizado, un pequeño resguardo que sirve de base para acceder a tiendas, cambiar de ropa o echarse una siesta. Sí, puedes dormir a mitad de un nivel. Y después de un descanso acompañado de una charla adorable con Pauline, DK se levanta renovado y con salud extra.

Dado que gran parte de la resolución de acertijos en este juego se basa en destrozar el entorno, resulta sorprendente lo bien que esa habilidad se traslada al combate. Muy pronto te darás cuenta de que muchos enemigos, desde los más comunes hasta los jefes, están hechos de los mismos materiales que has estado rompiendo constantemente, lo que te permite responder repartiendo puñetazos con toda la fuerza simia posible. Aquella estatua de piedra con forma humana que demoliste sin esfuerzo al comienzo reaparece más adelante hecha de lava, desafiándote a pensar rápido y actuar con agresividad para adaptarte a esta nueva amenaza. En zonas más avanzadas, te toparás con enemigos hechos de metal imposible de romper, lo que te obligará a buscar formas creativas de derrotarlos usando el entorno, como destruir el piso bajo sus pies para que se hundan en un pozo. Incluso existen materiales especiales que cambian según factores del entorno, y claro, algunos enemigos estarán formados por estos también.

No sorprende entonces que los jefes compartan esta filosofía, pero a lo grande. Estas gigantescas creaciones de Void Co suelen estar inspiradas en el tema de la zona en la que juegas, e incorporan mecánicas recientes, como usar nieve para enfriar algún componente sobrecalentado y así poder atacarlo, o interactuar con peligros del entorno que justo aprendiste a superar. Añádele a eso transformaciones Bananza y te encuentras con combates de jefes realmente entretenidos. Esto no es Mario esquivando con gracia para dar tres saltos sobre un enemigo. Esto es Donkey Kong desatando su furia, descargando toda su potencia simiesca como solo él sabe hacerlo. Hay algo extrañamente liberador en que el juego te anime a resolver tus problemas a golpes. Y yo estoy completamente a favor.

Estamos ante un juego con tanta riqueza mecánica que uno casi le perdonaría si sacrificara un poco sus visuales para asegurar fluidez… pero no es el caso: Bananza se ve espectacular. Sabiendo de lo que es capaz la Switch 2, es impresionante ver cómo el juego exprime el hardware. Sí, Mario Kart World es bonito, pero sigue siendo Mario Kart al final del día. En cambio, Bananza salta de una jungla vibrante a un laberinto metálico brillante sin perder el ritmo, todo bañado en luz y color. El apartado musical también brilla con luz propia, lo cual no sorprende considerando lo importante que es el sonido para la identidad del juego. Hay una excelente variedad de temas pegajosos que se repiten con gusto, y unos cuantos remixes de clásicos que van directo al corazón de los jugadores veteranos.

El único real punto en contra que encontré es que, cuando llevas la destrucción al extremo, el juego puede sufrir caídas de rendimiento notables. Eso sí, no es algo frecuente. Estos bajones ocurren cuando hay partículas volando por todos lados y el terreno se desmorona en pantalla, con la consola luchando por mantenerse a flote en medio del caos. Y claro, justo en esos momentos épicos donde esperabas quedarte boquiabierto. La única solución real sería reducir el nivel de caos visual… pero eso le quitaría buena parte del impacto. Quién sabe, quizá en una futura Switch 3 todo funcione sin despeinarse. Ah, y el modo foto es bastante básico, pero no es algo que le reste puntos.

Nintendo ha construido algo espectacular, pero su verdadera grandeza solo se aprecia cuando decides destruirlo todo. Cada mecánica está pensada con astucia para complementar tu caótico viaje, de forma que terminas no solo usando tus herramientas, sino observando el entorno y explotando al máximo las posibilidades que ofrece. Es una sensación de libertad como pocas, donde contenerse se siente casi como un lujo innecesario, una rareza en medio de un festín de frenesí. A punta de puñetazos y caos, Donkey Kong regresa con fuerza en Donkey Kong Bananza, listo para conquistar a una nueva generación. Cada nivel es un festín jugable, con entornos casi totalmente destructibles llenos de secretos bien escondidos y recompensas por descubrir. A nivel visual, el juego brilla con luz propia: es vibrante, colorido y sirve como vitrina del potencial gráfico de la Switch 2, gracias a su notable variedad de paisajes. Con una avalancha de coleccionables y referencias cargadas de nostalgia a la historia de D.K., se posiciona como un título de plataformas esencial, que cumple su misión con excelencia y honra el legado de los grandes clásicos de Nintendo.

gamecored score 9.5

PUNTOS BUENOS

Una verdadera demostración del potencial de la Switch 2. Entornos hermosos que da un enorme placer destruir. Las transformaciones no son lujos ocasionales: ¡úsalas sin medida! La profundidad del contenido exploratorio es sorprendentemente vasta. Las habilidades y la progresión del personaje están lejos de ser algo secundario. La música no es solo un acompañamiento, y por suerte, es excelente.

PUNTOS MALOS

El rendimiento se resiente bastante cuando llevas la destrucción al máximo.

CONCLUSIÓN

Donkey Kong Bananza abraza con tanta convicción su concepto central que resulta imposible no dejarse llevar por su caótica brillantez. La aventura crece constantemente hasta alcanzar un clímax espectacular y, desde ya, se establece como un verdadero estándar de calidad para lo que puede ofrecer un exclusivo de Switch 2.