Onimusha 2: Samurai’s Destiny representa para mí una inmensa satisfacción en cuanto a la importancia de preservar videojuegos. Esta versión remasterizada, algo contenida en cuanto a cambios, del clásico de 2002, es el más reciente relanzamiento por parte de Capcom, y me ha dado la oportunidad, como fan empedernido que soy, de jugar nuevamente esta secuela tan atípica, inconstante y claramente dirigida a quienes compartimos esa misma devoción.
Onimusha debutó en 2001 y tuvo varias entregas en rápida sucesión hasta 2006, cuando prácticamente cayó en el olvido. Aunque ahora parezca irreal, no exagero al decir que era una franquicia relativamente popular, al punto que se llegó a hablar de una película live-action, así que su desaparición resultó bastante extraña. Sin embargo, y pese a todo ese pasado, Onimusha ha vuelto con fuerza: Onimusha: Way of the Sword llegará el próximo año como un reinicio completo, y ahora tenemos Onimusha 2: Samurai’s Destiny en todo su remasterizado esplendor. Es decir, sigue siendo prácticamente el mismo juego que recordaba, para bien y para mal.
Al iniciar por primera vez la remasterización, aparece un mensaje aclarando que la intención es mantenerse lo más fiel posible al original. Eso significa que no verás aquí los retoques tipo remake que han traído a Silent Hill 2 o a la saga Resident Evil a la era moderna. Por suerte, Onimusha 2 ya era una aventura bastante sólida desde su concepción: fue uno de los primeros ejemplos en videojuegos de incorporar bloqueo y parry con espada, e introdujo mejoras inteligentes respecto a su antecesor, ofreciendo una experiencia mucho más equilibrada en general.




Ambientado en un Japón feudal devastado por Nobunaga Oda y su ejército de no-muertos, Onimusha 2 narra las aventuras sobrenaturales del espadachín Jubei Yagyu, decidido a vengar la destrucción de su aldea. Mientras Oda avanza implacablemente en su misión de unificar el país, Jubei descubre su linaje místico y forma un grupo de guerreros aliados para enfrentarse al tirano en un inevitable duelo final. La historia se mueve con soltura entre lo melodramático y lo absurdo, y llega a un punto donde, cuando aparece un demonio excéntrico para retar a Jubei, te rindes completamente ante la propuesta del estudio.
La trama central recurre a clichés y arquetipos bastante clásicos, con un elenco de personajes encantadores tanto del lado del bien como del mal (aunque es justo decir que 2002 no fue una época brillante en cuanto a la representación femenina en los videojuegos). Lo que distingue a Onimusha 2 es la posibilidad de interactuar con estos elementos: regalar objetos y entablar conversaciones con los personajes secundarios en áreas seguras puede modificar misiones, batallas y desatar pequeñas ramificaciones en la historia, lo que hace que repetir sus doce horas de campaña resulte realmente entretenido. Más allá de su diseño, el juego posee una cualidad especial, un equilibrio delicado entre la acción seria, lo macabro fantástico y un sentido del humor juguetón que le aporta una personalidad única.
Los diversos y contrastantes elementos narrativos de Onimusha 2 se entrelazan con una de las direcciones artísticas más memorables de su generación. La restauración visual de sus assets originales le sienta de maravilla al juego: aquellos fondos prerenderizados, que ya destacaban en su época por sus detalles y elementos animados, ahora brillan con una remasterización que los eleva al nivel que merece un clásico de Capcom. De igual forma, la elección de los ángulos de cámara fijos y el uso de encuadres más cinematográficos durante las escenas narrativas sigue siendo muy efectiva. Es como una versión desatada del uso preciso de la cámara que vimos en Resident Evil de 2002. En ese sentido, Onimusha 2 se permite ser más libre. Dentro de estos encuadres se construye una mezcla entre lo fantástico y lo futurista, con maquinaria demoníaca que intensifica el ambiente del juego, reforzada por diseños de personajes imponentes y una banda sonora contundente.




En su día, muchos describieron la propuesta de Capcom como “Resident Evil, pero con samuráis”. En mi opinión, habría que añadir un “6” para que esa comparación sea más precisa. Se trata de una experiencia de acción rápida, con cámaras fijas y una dosis moderada de acertijos. Sin embargo, esta comparación le resta mérito a lo que Onimusha busca construir por sí solo, con mayor o menor éxito. Jubei, el protagonista, dispone de un variado repertorio de armas mágicas, que ahora puede intercambiar con rapidez gracias a la remasterización, y derrota a sus enemigos absorbiendo sus almas entre ataques. El sistema de combate, centrado en daños elementales y habilidades especiales, se mantiene ágil y divertido, aunque tu experiencia puede depender de cuánto te adaptes a la forma en que el juego quiere que enfrentes cada situación.
Los ángulos de cámara fijos pueden volverse exasperantes en ciertos combates contra jefes (sin importar cuántas veces los enfrentes), pero esa incomodidad también contribuye a que los entornos se sientan más opresivos y peligrosos. Da la sensación de estar atrapado en cada escenario: cada esquina cerrada o pasillo oscuro puede cambiar el ángulo de la cámara y preparar el terreno para el próximo enfrentamiento. El uso de la cámara casi se convierte en una declaración temática, y me parece fascinante tanto en concepto como en ejecución. La remasterización respeta la estructura original, pero incorpora mejoras valiosas como tiempos de carga reducidos, cambio rápido de armas y un control más fluido.
Apelando tanto al fan del terror que llevo dentro como al experimentado crítico de 40 años que exige mayor compromiso con la preservación de los videojuegos, Onimusha 2: Samurai’s Destiny Remaster es un trabajo torpe en ciertos aspectos, pero tremendamente entrañable. Mantiene con éxito la tensión que definió al original, al mismo tiempo que introduce mejoras de calidad de vida muy acertadas. Hacia el final, creo que encaja perfectamente junto a otras remasterizaciones de Capcom y deja la puerta abierta a un posible renacimiento de la saga. Y si no llega a ocurrir, al menos pude cruzarme nuevamente con Gogandantess y reflexionar un rato sobre orbes, así que no me quejo.

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Onimusha 2: Samurai’s Destiny brindada por Capcom para PS5.
PUNTOS BUENOS
Los fondos prerenderizados y el arte lucen impresionantes. Sistemas sociales adelantados a su tiempo. Combate divertido y desafiante. Buen equilibrio entre el terror, la acción y lo divertido.PUNTOS MALOS
Los ángulos de cámara fijos perjudican algunos combates contra jefes. Difícil de reocmendar para las nuevas generaciones.CONCLUSIÓN
Onimusha 2: Samurai’s Destiny se suma de manera destacada a las remasterizaciones de Capcom, manteniendo la tensión cautivadora y el atractivo del juego original, mientras incorpora mejoras que facilitan la experiencia y un arte visual impresionante que realza el conjunto.