Hay que decirlo, Obi-Wan Kenobi aporta equilibrio a una franquicia que parecía haber dejado atrás al icónico personaje de Star Wars. En ese sentido, Lucasfilm se apoya en las precuelas para contar una historia que los más acérrimos fans han esperado durante décadas. Poéticamente, es como si la misma serie hubiese esperado por Ewan McGregor que ha envejecido para convertirse en la versión más compleja, hasta la fecha, del caballero Jedi.
Es evidente que McGregor es la pieza fundamental de la directora canadiense Deborah Chow, al menos a lo largo de estos dos primeros capítulos. Con eso en mente, cabe señalar que la serie no rehúye de los tres primeros episodios de Star Wars. En su lugar, recupera el tiempo perdido desde el fatídico duelo en La Venganza de los Sith hasta los cimientos de Una Nueva Esperanza. Sí, hay mucho terreno por cubrir, pero lo genial es que Chow hace malabarismos para siempre contar una historia centrada en el personaje y cumplir con su propósito.
Si bien The Mandalorian y El Libro de Boba Fett fueron las primeras series live action de Star Wars, lograron construir nuevas historias y fundamentarlas entre épocas. En ese sentido, Obi-Wan Kenobi hace lo mismo -si no mejor- con una excepción. Se siente como una secuela directa de La Venganza de los Sith y eso me encanta. Se trata de un efecto que detecté por última vez en Rogue One, que conservó y cambió la forma en que los fans vieron Una Nueva Esperanza décadas después.

El mérito extra se lo lleva el estilo de la serie, que desde un inicio te pinta las cosas como son. Luego del establecimiento del Imperio, se supone que estamos en un periodo deprimente y Kenobi es uno de los últimos Jedi que ha logrado escapar de la Orden 66. Ese fundamental acontecimiento del Episodio III se revisa con todas sus implicancias y eso es algo que Obi-Wan Kenobi consigue hacerlo en sus primeros minutos. Sabemos que Kenobi se encuentra en un lugar mucho más oscuro desde el duelo con su antiguo aprendiz, Anakin Skywalker, y me gusta mucho ver que la serie no se reprime a la hora de mostrarnos el estado de Obi-Wan después de que sus días de gloria murieran en Mustafar.
Interesantemente, una de las primeras cosas que llaman la atención es lo natural que se siente lo oxidado que está el viejo caballero Jedi, lo que nos muestra lo mucho que ha caído Kenobi. De hecho, el antiguo maestro es una cáscara de su antiguo ser. Después de toda una vida existiendo como Jedi, Kenobi se encuentra en una crisis de identidad. Es vulnerable y está herido, algo que los espectadores vemos por primera vez en McGregor.
Por cierto, la serie no pierde el tiempo mostrándonos la transformación de McGregor en la versión de Alec Guinness, es más, está lejos de serlo y eso está bien. La meta de la serie es poner a los fans al día con Kenobi mientras sube las apuestas al poner al renuente Jedi de nuevo en acción. Como asumirás, un giro argumental pondrá fin a su tranquila vida y hará que conecte nuevamente con su antiguo ser.
Debido a esto, Kenobi se encontrará más cerca del punto de mira de los Inquisidores. Cabe señalar que es muy grato ver a los villanos de Star Wars Rebels y Jedi: Fallen Order en live action. Encajan brillantemente en la época pasada en la que el imperio de Darth Vader (Hayden Christensen) tiene el control. Obi-Wan Kenobi ayuda a mostrarnos más de cerca a El Gran Inquisidor (Rupert Friend), cuya única misión es dar caza a a todos los Jedi restantes de la galaxia, aunque debo decir que por momento siento que se pasa de generoso con otros Inquisidores como con la Third Sister (Moses Ingram), que está obsesionada con su propia agenda. Entre Reva y el Fifth Brother (Sung Kang), los Inquisidores cazan competitivamente como hienas. Incluso, por momentos, me hizo recordar a esa épica escena entre Hans Landa y LaPadite.
En estos dos primeros episodios, los espectadores podremos sentir un ritmo un poco más lento para los momentos más grandes que están por venir. Con eso, no digo que esté mal que el ritmo de la serie se sienta por momentos algo aletargados, sino que, de repente, la expectativa por el esperado «reencuentro» es más grande que cualquier otra cosa. Aún así hay suficiente acción en estos dos primeros episodios para entretenernos. Cabe señalar que la propia oxidación de Kenobi añade más tensión contra sus nuevos enemigos, pero que también se usa para algunos momentos «divertidos» que podrían sentirse algo innecesarios.
Cabe señalar que Obi-Wan Kenobi mantiene acertadamente el fanservice al mínimo. En su lugar, se respalda muy bien de su propia trama y giros que impulsan limpiamente la historia. No voy a spoilear esos detalles, así que no hay nada que temer.

Como palabras finales, me quedo con la idea de que Obi-Wan Kenobi transita bastante confiado por un territorio inexplorado entre dos épocas icónicas y Deborah Chow ofrece a los fans un satisfactorio reencuentro con el Maestro Jedi. Esta nueva interpretación del caballero Jedi resulta bastante natural para McGregor, que tiene la tarea de reinventar al icónico personaje. Si bien hay algunas cosas que podrían haberse mejorado como el ritmo, siento que todo, en su conjunto, funciona bien y estoy a la expectativa por la resolución de la historia.












