Desde que aparecieron por primera vez, las películas de zombis han servido como una manera bastante directa de hablar del mundo en el que vivimos. Han retratado el colapso social en Night of the Living Dead, han lanzado críticas al consumismo en Dawn of the Dead y, una y otra vez, han puesto sobre la mesa hasta dónde puede llegar la gente con tal de conseguir o conservar el poder. En el fondo, el género zombi casi siempre ha funcionado como un reflejo incómodo de la sociedad, usando a los muertos vivientes para mostrar los peores impulsos del ser humano.
La pregunta es inevitable: ¿qué sentido tiene todo esto cuando la realidad ya parece una pesadilla por sí sola? ¿Hace falta que el cine nos lo recuerde? 28 Years Later: The Bone Temple responde de una forma inesperada: apostando por la esperanza, la empatía y la compasión como salvación. Con un guion sorprendentemente luminoso de Alex Garland (Ex Machina, Men, Civil War) y la dirección de Nia DaCosta (Candyman, Hedda), esta secuela demuestra que incluso en un mundo devastado puede haber humanidad y calidez. Ese enfoque refrescante le da nueva vida al género y la coloca como una de las películas más destacadas de 2026.
La última vez que vimos a Spike (Alfie Williams), estaba siendo acogido por Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell), líder de una banda conocida como los “Jimmys”, quienes visten buzos, usan pelucas rubias y sienten una extraña fascinación por los Teletubbies. Aunque la introducción de este grupo al final de 28 Years Later parecía algo absurda, la secuela no tarda en dejar claro lo depravados que son realmente los Jimmys. Tras ser obligado a luchar a muerte contra otro miembro de la banda, Spike es introducido en este autoproclamado culto de maníacos y asesinos. Sin embargo, mientras Lord Jimmy hace afirmaciones delirantes —incluida la de ser hijo del diablo, a quien llama Old Nick—, una integrante del grupo, Jimmy Ink (Erin Kellyman), comienza a cuestionar la validez de su líder.


Mientras tanto, el Dr. Ian Kelson (Ralph Fiennes) ha realizado descubrimientos revolucionarios en sus interacciones con el líder Alfa de los infectados, conocido como Samson (Chi Lewis-Parry), quien continúa regresando al templo de huesos del doctor a pesar de ser atacado constantemente con dardos de morfina. Kelson se da cuenta de que Samson encuentra consuelo en estos encuentros y aprovecha la situación para buscar respuestas sobre la naturaleza de los infectados. A medida que ambos construyen una amistad inesperada, surge la posibilidad de que los infectados sean algo más que pura rabia y violencia implacable.
DaCosta y Garland aciertan al iniciar The Bone Temple con los Jimmys, dejando en evidencia la total ausencia de humanidad que domina este mundo monstruoso y cruel. La banda ataca y tortura brutalmente a cualquiera que se cruce en su camino, llamando “caridad” a sus actos mientras los convierten en un juego retorcido. El cine de zombis y de terror ha mostrado muchas veces hasta dónde puede llegar la gente cuando el mundo se derrumba, pero pocas veces esa violencia resulta tan sádica y perturbadora como aquí. Es brutalidad por la brutalidad misma, al punto de que la incapacidad de Spike para presenciar estos actos —desviando la mirada o vomitando— hace que los Jimmys lo traten como un verdadero extraño. Y, sin embargo, al mostrar cuán bajo ha caído el mundo, DaCosta y Garland subrayan la enorme importancia de los pequeños gestos de bondad. En uno de esos momentos de supuesta “caridad”, Jimmy Ink siente compasión por Spike, dejando claro que es una emoción que no experimentaba desde hace mucho tiempo.
Ese hilo de compasión se vuelve aún más poderoso en la relación entre Kelson y Samson, creando una dinámica sorprendentemente cálida entre ambos. En un género donde el cuidado y la empatía suelen verse como debilidades, The Bone Temple nunca las presenta de ese modo. Esperamos de forma automática que Samson reaccione con violencia ante las acciones del doctor, pero la amabilidad de Kelson es aceptada e incluso correspondida. De alguna manera, la película logra que la amistad entre un hombre y un gigantesco infectado desnudo resulte profundamente conmovedora, demostrando cómo la historia subvierte el género zombi de formas inesperadas y brillantes.

Con 28 Days Later (2002), Garland y Boyle presentaron una visión cruda del cine zombi que, contra todo pronóstico, estaba marcada por una fuerte cercanía emocional con sus personajes. Durante años, el público se preguntó si ambos volverían a unir fuerzas para continuar la historia, y ahora queda claro que la espera valió la pena: tanto Boyle como Garland han evolucionado notablemente como narradores desde aquella primera entrega.
En 28 Years Later, Garland ya apostaba por un enfoque más sensible al seguir a Spike y su familia. La muerte de Isla, el personaje de Jodie Comer, podría haberse tratado como una tragedia más en un mundo acostumbrado a perderlo todo, pero el guion se asegura de que esa pérdida tenga un peso emocional real. Incluso logra transformar una gigantesca torre de cráneos en un símbolo conmovedor del dolor colectivo. Con The Bone Temple, Garland insiste en algo fundamental: tanto los infectados como los no infectados siguen siendo humanos. Esa inyección necesaria de humanidad en un mundo de pesadilla da lugar a algunos de los momentos más bellos de toda la saga y del terror reciente, culminando en una relectura impactante y renovadora del género zombi.
Todo esto cobra vida de forma deslumbrante gracias a DaCosta, quien entrega aquí la mejor película de su carrera hasta la fecha. Mientras que la dirección de Boyle en 28 Years Later era más frenética y llamativa —especialmente por el uso de secuencias grabadas con iPhones—, DaCosta opta por un enfoque más contenido, permitiendo que el espectador permanezca con los terrores mostrados, pero también con los silencios y los momentos de belleza. Se detiene más de lo que quisiéramos en una persona desangrándose para que sintamos de verdad el impacto, o nos deja simplemente estar presentes en un instante de conexión entre el Dr. Kelson y Samson. Y cuando la película exige energía caótica y adrenalina —sobre todo en el tercer acto—, DaCosta sabe exactamente cómo encender esas escenas. Al principio pudo parecer una elección arriesgada, especialmente después de que 28 Weeks Later demostrara que alejarse del dúo Boyle/Garland podía ser decepcionante, pero DaCosta se revela como una incorporación brillante a este universo, con un instinto perfecto para la energía que esta historia necesita.
Aunque se trata de una secuela directa de 28 Years Later, DaCosta y su equipo aportan una identidad propia a esta continuación. La fotografía de Sean Bobbitt es excepcional; el cineasta, nominado al Óscar por Judas and the Black Messiah y colaborador habitual de Steve McQueen, vuelve a trabajar con DaCosta tras sus dos filmes anteriores. A través de su cámara, Bobbitt equilibra con maestría la luz y la oscuridad, dando como resultado, probablemente, la película más impactante visualmente de toda la saga. The Bone Temple también cuenta con música de la compositora ganadora del Óscar Hildur Guðnadóttir (Joker, Tár, Hedda). Aunque su partitura no es tan dominante como la de Young Fathers en 28 Years Later, funciona como una presencia constante que hierve bajo la superficie, sumergiendo al espectador en un clima de inquietud e incertidumbre.



Sería imposible transmitir el cuidado y la sensibilidad de la película sin interpretaciones sobresalientes, y The Bone Temple las ofrece en ambos extremos. Ralph Fiennes brilla como el Dr. Kelson, un hombre que ha presenciado horrores inimaginables, pero que aún no ha perdido la fe en la compasión. Continuando su arco desde 28 Years Later, Fiennes interpreta a Kelson con calidez y humanidad, incluso cuando está rodeado por incontables huesos. El actor parece disfrutar cada escena, ya sea trabajando en su búnker —repleto de vinilos de Duran Duran y Radiohead— o protagonizando uno de los momentos más memorables hacia el final del filme. Es un papel ideal para Fiennes, que le permite mostrar lo juguetón, encantador y aterrador que puede ser según lo requiera la escena.
El personaje de Sir Lord Jimmy Crystal podría haber caído fácilmente en la exageración y perder toda su amenaza, pero Jack O’Connell evita eso con una interpretación inquietante. Su Jimmy es impredecible y, al mismo tiempo, calculador en la forma en que manipula a su grupo, lo que resulta profundamente perturbador. Aunque es un personaje concebido para carecer de humanidad, Garland le concede suficientes matices como para que resulte casi comprensible, pese a todo lo que hemos visto que es capaz de hacer. Aunque su presencia es menor en esta entrega, Spike, interpretado por Alfie Williams, sigue siendo el corazón de la historia, y su relación con Jimmy Ink (Erin Kellyman) es otra grata sorpresa. Sin embargo, quizá la revelación más inesperada sea Chi Lewis-Parry como Samson, quien logra expresar la evolución interna del personaje con sutileza, incluso mientras sigue dominado por el virus de la rabia. Es una actuación cuidada y poderosa que da lugar a algunos de los momentos más emotivos de la película.
Apenas dos semanas después de su estreno, Nia DaCosta y Alex Garland han puesto el listón muy alto con lo que bien podría ser la mejor película de terror de 2026. Toman un género que hemos visto una y otra vez y le insuflan nueva vida al centrarse en la bondad y la solidaridad humanas hasta el último plano. 28 Years Later: The Bone Temple es una obra impresionante que continúa consolidando el legado de la franquicia como una de las mejores historias de zombis que ha llegado al cine.
28 Years Later: The Bone Temple ya se encuentra disponible en los cines.

PUNTOS BUENOS
Relectura del género zombi desde la empatía y la esperanza, ofreciendo una visión fresca y emocionalmente poderosa. Dirección sobresaliente de Nia DaCosta, que equilibra brutalidad, silencios y momentos de belleza con enorme sensibilidad. Actuaciones destacadas, especialmente Ralph Fiennes como el Dr. Kelson y la sorprendente humanidad de Samson. Alto nivel técnico, con fotografía impactante y una música inquietante de Hildur Guðnadóttir.PUNTOS MALOS
Ritmo contenido en algunos tramos, que sacrifica tensión inmediata a favor de la contemplación.CONCLUSIÓN
Una secuela que continúa reinventado el cine zombi apostando por la compasión y la humanidad como el acto más radical en un mundo devastado.