Tras los llamados sindicales para la renuncia del CEO Yves Guillemot, al menos 1.200 empleados de Ubisoft iniciaron una huelga de tres días que comenzó el 10 de febrero. La medida surge como respuesta a los planes de reducción de costos de la compañía, que contemplan cierres de estudios y despidos.
El representante de Solidaires Informatique, Marc Rutschlé, fue especialmente duro con la directiva. Según afirmó, la empresa sigue adelante con los recortes pese a que los equipos ya trabajan bajo fuerte presión y falta de personal, y después de años sin aumentos salariales significativos.
Otro foco del conflicto es la insistencia de Ubisoft en aplicar el mandato de regreso a la oficina (RTO). Los sindicatos sostienen que esta política podría tener graves consecuencias en la vida personal de los trabajadores, muchos de los cuales organizaron su día a día lejos de las sedes físicas.
Durante la protesta, empleados mostraron pancartas con mensajes como “Los accionistas no hacen juegos. Nosotros sí” y “El viaje rápido solo existe en los juegos. No jueguen con nuestras vidas”, reflejando el nivel de frustración hacia la dirigencia.
Rutschlé y el también representante Chakib Mataoui ya habían criticado previamente a la cúpula de Ubisoft por nepotismo y falta de confianza entre ejecutivos y trabajadores. Mataoui señaló que colocar siempre a los mismos perfiles en puestos clave limita la diversidad de ideas, algo esencial para la creatividad.
Además, muchos empleados se sintieron muy alarmados por el anuncio del retorno presencial, ya que mudarse nuevamente cerca de París resulta complicado con los salarios actuales. Para los representantes sindicales, la situación ha deteriorado tanto el ambiente que la salida de Guillemot sería el único camino para reconstruir la confianza.
Las tensiones también han tenido consecuencias individuales. El líder de diseño de niveles David Michaud-Cromp fue despedido tras criticar públicamente el RTO. Ubisoft sostuvo que el trabajador violó el Código de Conducta interno, mientras que él cuestionó que la medida tuviera que ver realmente con la colaboración o la eficiencia.





