El principal truco de marketing de Thunderbolts* ha sido presentarla como una propuesta única dentro del universo de las películas de Marvel. Con un presupuesto (presuntamente) más reducido de lo habitual y una disminución de los efectos espectaculares y las escenas heroicas, parece que se busca crear una película más pequeña y contenida, que no necesite recaudar 800 millones de dólares para ser considerada exitosa. Si los espectadores, acostumbrados a un enfoque más abarrotado y lleno de acción, se adaptarán a este tono más sobrio, es algo incierto, pero al menos hay que reconocer el intento de hacer algo diferente por parte de Marvel, y eso me gusta.
Esta película es más modesta de lo esperado, acercándose más al estilo de las primeras películas del MCU tras el estreno de Iron Man. Se enfoca mucho en la caracterización y no sigue la fórmula tradicional de tener un villano estándar, con un giro sorprendentemente «profundo» en su clímax, lo cual me resultó bastante refrescante. Sin embargo, aunque estas partes de la película sean innovadoras y agradables, aún es necesario lidiar con una considerable cantidad de exposición convencional que la vincula con el resto del universo Marvel. De hecho, con casi todo el elenco ya confirmado para Avengers: Doomsday, la película se siente más como un prólogo a eventos mayores que como una historia que triunfa por méritos propios. En ese sentido, el hecho de que tenga un aire de película clásica de Marvel es a la vez una ventaja y una desventaja.
A pesar de todo, Thunderbolts* logra sacar mucho provecho de su elenco, liderado por Florence Pugh como Yelena, quien, cansada de todo, lamenta la muerte de su hermana y busca un propósito más grande en la vida más allá de su carrera como mercenaria. Además, está marcada por sus errores del pasado, lo que la convierte en una pieza perfecta para este grupo de antihéroes. Aunque el regreso de Sebastian Stan como Winter Soldier ha generado bastante expectativa, y su retorno al combate es impactante, Wyatt Russell, en el papel del desacreditado U.S. Agent, deja una impresión aún más fuerte. Inicialmente distante con el equipo, su historia de deshonra se revela gradualmente, y su arco de redención se convierte en un punto interesante de la película, junto con él, Pugh y Lewis Pullman como Bob, una víctima inocente pero peligrosa de los experimentos de Valentina, son quienes constituyen el núcleo emocional de la película.



Por otro lado, el regreso de David Harbour como Red Guardian se maneja principalmente como el alivio cómico, lo cual es necesario ya que una gran parte de la película se enfoca en procesar el trauma. La sencillez de su personaje aporta la ligereza que la película necesita. Dentro del equipo, el personaje de Hanna John Kamen, Ghost, tiene un rol relativamente limitado, aunque su regreso es bien recibido, mientras que Olga Kurylenko apenas tiene presencia como Taskmaster. Por cierto, resulta un verdadero gusto conocer más a fondo a Valentina, el personaje interpretado por Julia Louis-Dreyfus. Su interpretación es deliciosamente turbia, una especie de Nick Fury con ética dudosa, y representa ese tipo de figura ambigua que hace falta con más frecuencia en este universo cinematográfico.
Aunque los avances de Thunderbolts* dan la impresión de una película llena de acción, me sorprendió lo modesto que resulta el caos en esta ocasión. Y es que, además de contar con un reparto destacado, Thunderbolts* encuentra un equilibrio tonal que Jake Schreier logra manejar con soltura. La película se aventura en terrenos más profundos que muchos de sus predecesores dentro del MCU, pero al mismo tiempo ofrece algunas de las secuencias más entretenidas que hemos visto en años, contenidas, pero entretenidas al fin y al cabo. Como ocurre con las entregas más sólidas del universo Marvel, aquí se prioriza el desarrollo de los personajes y la narrativa, sobre la que se construyen todos los demás elementos superheroicos. Aunque el conflicto sigue teniendo dimensiones globales, la historia se presenta de forma íntima y controlada. La amenaza de destrucción masiva persiste, pero lo que realmente nos preocupa es la carga emocional y la oscuridad interna que arrastran sus protagonistas. Es un grupo que, como en otras historias corales bien logradas, permite equilibrar lo emocional con lo entretenido, y eso queda claro en esta entrega.

Pese a su limitada experiencia en cine de acción, Schreier demuestra pleno dominio en este terreno, con escenas dinámicas y emocionantes que nunca resultan caóticas. Un ejemplo claro es el enfrentamiento entre los miembros del equipo cuando se reúnen en el búnker de Valentina: una secuencia que sirve tanto para presentar sus habilidades como para definir sus personalidades. Yelena afirma que son un grupo que solo dispara y golpea, pero Schreier convierte esa simplicidad en algo visualmente cautivador.
Thunderbolts* tal vez no sea el equipo de héroes más emblemático que el MCU esperaba, pero representa un paso firme hacia adelante en medio del caos que vive esta saga. No supone una reinvención total, pero prueba que Marvel aún puede ofrecer relatos más inteligentes y emotivos sin renunciar a la espectacularidad. Es un estándar al que más películas del género deberían aspirar, y deja ver un futuro alentador para la franquicia (más aún con los Cuatro Fantásticos en camino). Con suerte, puede encaminar la franquicia nuevamente hacia una dirección en la que podamos comenzar a conectar con nuevos personajes y tener nuevos favoritos.

PUNTOS BUENOS
Apuesta por un enfoque más íntimo. Desarrollo más enfocado en personajes, apuntando a un sólido núcleo emocional. Combina drama, humor y acción sin caer en el caos.PUNTOS MALOS
Muy atada al resto del MCU. A pesar de que alabo su sobriedad, eso podría decepcionar a algunos fans.CONCLUSIÓN
Thunderbolts* es una apuesta más contenida y emocional dentro del MCU, que demuestra que Marvel aún puede sorprender al priorizar personajes sobre espectáculo.