Análisis – The Walking Dead: Michonne

Es posible que recuerdes que The Walking Dead: Michonne, el intento de Telltale Games de sumergirse en la psique de una de las personalidades más atractivas de la franquicia, tuvo un comienzo difícil en febrero con el lanzamiento del primero de sus tres breves episodios.

En un año sabático del grupo de Rick, Michonne se conecta con un grupo de marineros que se mantienen a salvo del apocalipsis caminando por la costa este. El frágil estado mental de nuestra protagonista se aclara rápidamente a través de una secuencia de apertura en la que confunde su pasado pre-apocalíptico lleno de culpa y arrepentimiento con su entorno actual.

Pero luego el episodio se desvía hacia un territorio demasiado familiar al presentar a otro grupo de sobrevivientes relativamente estables liderados por otro adicto a la dictadura, perdiendo el foco en su heroína titular en el proceso. Ante esta contextualización inicial no puedo negar que salí decepcionado.

La buena noticia, sin embargo, es que el episodio intermedio y especialmente el capítulo final de esta corta serie trabajan duro para que las cosas vuelvan a buen cauce, incluso si no logran igualar las profundidades expresivas de temporadas anteriores.

El mayor acierto se debe principalmente al énfasis narrativo que se remonta a Michonne, mostrando una mezcla de rabia contenida que se cobija en una sensación de tranquilidad y desesperación al mismo tiempo. En ese sentido, el trabajo hecho por la actriz de Orange is the New Black,  Samira Wiley, es realmente remarcable.

Aún así todavía se siente algo extraño el cómo responde Michonne a otros personajes, ocasionalmente se nos dan opciones que la hacen parecer demasiado abierta y vulnerable y no se ajustan a su personaje anteriormente bien establecido, pero al menos tenemos la libertad de interpretarla de la misma manera en la que el creador Robert Kirkman la presentó, reservada y silenciosa por momentos.

Ella también es fácilmente el personaje más fiero con el que hemos jugado en cualquiera de los títulos de The Walking Dead. Todavía estamos limitados a los botones de reacción para hacer que elimine a sus enemigos, pero lo hace con tanta fuerza y ​​confianza que nunca estoy realmente preocupado por su bienestar.

Bueno, al menos no por su bienestar físico ya que su salud psicológica es otro asunto completamente diferente y bastante interesante que lo traduzcan en el juego para brindarle mayor vulnerabilidad a un personaje que siempre se ha reflejado como un tanque.

El tercer episodio, en particular, profundiza en la culpa que siente como madre que perdió a sus hijas. Esto engendra en su mente imágenes escalofriantes de sus hijas desaparecidas, que aparecen en siluetas corriendo entre habitaciones o mirándola desde la distancia. Estos momentos son mucho más terroríficos que cualquiera de las amenazas físicas que Michonne enfrenta, porque sabemos que está a punto de perder algo mucho más precioso que su vida, su mente.

Entre los temas recurrentes más impactantes de The Walking Dead siempre ha estado el de padres e hijos que deben lidiar con el sufrimiento de la pérdida de vínculos realmente importantes y significativos, y The Walking Dead: Michonne termina siendo una adición digna de esa tradición.

No obstante, a pesar que esta temporada finalmente encuentra su camino de vuelta a una gran narración que se respalda en personajes bien escritos, todavía sufre de problemas molestos que impiden que el episodio final tenga el nivel de emotividad que habrían querido proyectar.

Toda la historia se desarrolla en solo un par de días, pero en ese momento los personajes desarrollan rivalidades, amistades y niveles de confianza que son mucho más profundos de lo que tiene sentido para la situación, especialmente en un mundo como el de The Walking Dead. Se desatan odios infundados y los personajes inteligentes confían y son fácilmente persuadidos por desconocidos. Extender la historia durante unos días más, o incluso uno o dos episodios más, podría haber hecho estas relaciones un poco más plausibles.

Y aunque la acción siempre es intensa, el clímax final se siente como si durara la mitad del tercer episodio, algunos elementos se sienten un poco forzados. Al principio del segundo episodio, mientras estaba bajo fuego enemigo y en medio de un ataque zombie, Michonne ‘fileteó’ un par de cadáveres para convertirlos en «mascotas» similares a las que hemos visto en los cómics y la tv. Es una táctica altamente impráctica en ese momento en particular; una escena que existe más como un fan service que un medio realista de escape.

Pero como ideas finales The Walking Dead: Michonne termina siendo una adición entretenida a la franquicia de Telltale, que evoluciona lentamente. En el peor de los casos, simplemente proporciona más de la misma acción y toma de decisiones difíciles que los fanáticos parecen amar, y en el mejor de los casos ofrece una nueva visión canónica de uno de los personajes más interesantes de The Walking Dead.