Parece mentira, pero hemos llegado al final de una nueva trilogía de una franquicia que se inició en 1977, y que desde ese momento, ha cultivado al probablemente más acérrimo, inmenso y tóxico grupo de fanáticos que podrían ser muy bien comparables a peligrosos grupos religiosos. Star Wars: El Ascenso de Skywalker intenta ser muchas cosas y, lamentablemente, no tiene éxito con muchas de ellas. Por un lado, pretende ser todo lo que los fans quiere que sea (grave error), intenta hacer borrón y cuenta nueva de la película anterior y, lo más importante, tiene la intención de cerrar toda una historia que lleva más de 75 años cocinándose.
El tema aquí es que por un intento de amasar tanto, hay una clara sensación de vacío que nunca me termina de enganchar y comprometer con lo que estoy viendo. Es decir, ¿hay giros en la trama?, sí. ¿Hay escenas impresionantes?, las hay. ¿Hay cierres a los arcos de los personajes?, forzado pero sí. Y, lo más importante, ¿hay coherencia en todo lo anterior?, pues lamentablemente no. Esto conlleva a que durante muchos segmentos de la película sintiera que estaba viendo cosas muy diferentes, como si se tratara de muchos sketches que, en su conjunto, forman una película de 142 minutos. Es en ese sentido en que la narrativa se siente muy diluida por brindarle un mayor respaldo a algo muy peligroso, darle el gusto a los fans.
Star Wars: El Ascenso de Skywalker es un claro ejemplo de cómo el plagar una película con fan service decae en precisamente lo opuesto. A estas alturas estoy más que seguro que los fans no saben qué es lo que quieren en términos de trama y lo único que nosotros, como espectadores, deberíamos esperar, es sumergirnos a la visión de los realizadores. Déjame explicar un poco mejor este punto.
Cuando salió la primera The Force Awakens (la película más sólida de esta trilogía en mi opinión), hay una clara idea sobre los cimientos en los que se deseaba trabajar esta nueva tanda de películas. Dándole así un mayor peso al trabajo de personajes y en el cómo esto podría evolucionar hacia el futuro. Obviamente con sus propios errores en el camino, pero con una dirección clara en la visión de J.J. Abrams. Probablemente yo sea de esos pocos a quienes no le disgustó tanto The Last Jedi, a comparación del resto del mundo que dilapidó la película. No me caben dudas de que es una película llena de errores y, posiblemente, mal estructurada en muchos aspectos, pero por lo menos puedo respetar que tuvo el coraje de darle la espalda a los fans y seguir un camino muy distinto a lo esperado en términos de trama. Johnson trabajó en base a su visión y trató de elevar lo dejado por Abrams hacia un espectro distinto, con el fin de darle nuevos aires a una franquicia palidecida.
Obviamente la decisión de Johnson creo una turba enfurecida y armada con antorchas que lograron incendiar toda la Internet y, en su proceso, quemar y dañar a muchos de los que se vieron involucrados con el desarrollo de The Last Jedi, tanto a los que estuvieron detrás de cámara, como a algunos de los actores/actrices. Esto, quieras o no, crea un precedente bastante peligroso e influyente.
Es en este contexto en que se estrena Star Wars: El Ascenso de Skywalker, una película que deshace en sus minutos iniciales todo lo construido anteriormente, con el único fin de darle la razón y el gusto a los fans, pero que lamentablemente termina generando todo lo contrario. Uno de los problemas, que mencioné líneas arriba, es que esta nueva película intenta ser muchas cosas y trabajar cosas que pudieron haberse aprovechado en las anteriores. Por ejemplo, a estas alturas es bastante claro que la trilogía intenta crear un paralelismo entre Luke, Leia y Han con Rei, Finn y Poe, pero que nunca se sintió trabajada y mucho menos menos merecida. Poner esos inexistentes vínculos como uno de los grandes pilares de la trama se siente forzado y totalmente anticlimático.
En ese sentido, es claro que ha habido un deseo de intentar terminar todo en base a una idea desgastada y que se pensaba podría darle el gusto a la furibunda legión de fans. Todo ello en lugar de darse un tiempo para ponerse a meditar que la trama, los personajes y el universo de Star Wars se ha transformado y evolucionado. Lo que una vez fue no tiene porque continuar siendo así, y menos aún forzándolo. El plan original puede y debe cambiar en respaldo de cómo van sucediendo las cosas. Para mí ha sido un muy grave error borrar por completo lo acontecido en The Last Jedi, ya que para bien o para mal, el Episodio VIII marcó una dirección y no un retroceso como lo realizado por Star Wars: El Ascenso de Skywalker. Para ser más claro aún, los que vieron el final de How I Met Your Mother, podrán entender perfectamente a lo que me refiero con la idea de que las cosas deben seguir un sendero y no encasillarse con cemento a lo que la audiencia impone o cree saber.
Si bien la película presenta muchos merecidos cierres y despedidas, la sutileza es algo que J.J. Abrams no maneja bien, o que de repente lo ha perdido desde sus años en Lost. Es como si, en parte, haya deseado terminar con todo de una vez y pasar a lo siguiente. En ese sentido, también me pongo a pensar, ¿qué tanto de lo visto es mano de Abrams y qué tanto de Disney? A estas alturas es claro que ha habido una fuerte influencia del público y que los reshoots realizados se han basado en esas primeras opiniones. Y si bien esa es una técnica que siempre ha estado pensada en pos de mejorar una producción, siento que en este caso han sido tomadas en cuenta con el único fin de satisfacer a todos, dejando la decisión del director algo limitada. Asumo que no sabremos exactamente qué fue lo que sucedió ahí, pero desde ya para mí es claro que vi muy poco del ADN de Abrams en El Ascenso de Skywalker.
Si bien hasta ahora todo luce a que la pasé muy mal con la película, debo decir que no fue del todo así. Star Wars: El Ascenso de Skywalker cuenta con sus propios méritos y es que, a pesar de sus incoherencias, creo que es algo que puede disfrutarse si dejas de lado el fanboyismo tóxico. Las actuaciones son bastante fuertes. Creo que no exagero al decir que este ha sido el año de Adam Driver después de regalarnos una estupenda interpretación en A Marriage Story, The Dead don’t Die y ahora como Kylo Ren. De la misma manera, Daisy Ridley es para mí una futura gran estrella que debe desligarse de su nacimiento en Star Wars para probar con otros papeles que puedan brindarle una mucho mejor oportunidad para el gran talento que la actriz posee.
Del mismo modo, considerando que esta ha sido la última aparición oficial de Carrie Fisher en una película, cualquiera podría pensar que se hizo lo que se pudo. Me refiero a que, al considerar el fallecimiento de la actriz en el 2016, se intentó hacer uso de la mejor manera posible los recursos rescatables para el personaje de Leia. Pero viéndolo de manera fría, ese es otro de los momentos que sentí anti climático, haciendo que su participación sea algo confusa y que una despedida en la película anterior de repente habría sido lo más adecuado. En fin, eso es algo que no podemos discutir a cabalidad puesto que las circunstancias estuvieron muy comprometidas desde el inicio.
No hablaré individualmente de cada personaje, pero diré que tanto los que regresan, como los nuevos, tienen sus momentos, pero que se sienten también muy diluidos ante una experiencia que ya no busca desarrollar personajes, sino el de terminar todo de una vez por todas. Incluyo en esto a Palpatine, quien sí, regresó, y es probablemente el enemigo más emblemático de la saga, sobretodo considerando la escasez de ellos en esta nueva trilogía. En ese sentido, hay ciertos elementos poéticos que intentan florecer y que atisban mi radar, pero que no son lo suficientemente sólidos para perdurar.
Otro punto a rescatar son los elementos visuales, que si bien no creo que superen a los de Johnson, sí me dejó estupefacto en varios momentos. Por nombrar algunas escenas, ver la flota completa de los Rebeldes es algo que debe verse en cine, además que de algunas secuencias en que vemos a Rei caminando sobre una superficie en la que al fondo se vislumbra una luz horizontal que nos hace recordar muy bien a los lightsabers. Esos elementos son preciosos y dignos de tomar en cuenta. Del mismo modo, aunque no hemos tenido muchas batallas con lasers, los que podemos ver poseen una coreografía acertada y bonita, pero que nunca llegan a lo épico y (en mi opinión) a lo increíble que fue la batalla entre Anakin y Obi-Wan en el Epsiodio III.
Star Wars: El Ascenso de Skywalker es un cierre, probablemente no el que muchos hayan deseado, pero es un cierre a cabalidad con compromisos y limitantes. ¿Me hubiera gustado ver algo distinto? Definitivamente. Y aquí no vamos a un tema de gustos, sino que me hubiera gustado ver la visión ideal del director sin ataduras y contemplar así una evolución argumental y no solo fan service. ¿Me siento satisfecho con el final? En parte sí, en parte no.
En muchos aspectos, siento que con Star Wars se ha llegado a un paso en que toda opinión emitida podría llegar a ser totalmente distinta la una a la otra, un grave error sería intentar agradar a todo el mundo. Cada quien tiene su perspectiva de lo que debería ser Star Wars y todas ellas se respetan.
Teniendo en base esa idea, esta última película será realmente buena para algunos, y terriblemente mala para otros. Creo que el punto aquí es la palabra respeto. Yo respeto la audacia y las decisiones que puedan llevar al debate y la controversia, algo que pude ver en The Last Jedi, pero se me hace difícil respetar lo sucedido con Star Wars: El Ascenso de Skywalker.






