No hace falta que te comente lo monolítico que se siente últimamente el género de los Souls. Desde hace algún tiempo, hemos visto docenas y docenas de juegos inspirados en los títulos de FromSoftware. Y si bien hay algunos que tienen una chance de proveer algo nuevo e interesante, pocos pasan de ser intentos aislados o pálidas imitaciones. Trascendiendo esto por completo está Remnant II, la secuela del maravilloso Remnant: From the Ashes de 2019 que, debo decir, ha mantenido la calidad de su predecesor y otorgado una experiencia mucho más robusta y mejorada en todo aspecto.
Remnant II tiene una ambientación postapocalíptica que pronto se convierte en una especie de multiverso, en el que los jugadores visitan diferentes reinos y realidades con la esperanza de triunfar sobre enemigos increíblemente desafiantes. Tú y hasta dos jugadores más se verán refugiados en el Pabellón 13, tu centro de operaciones, que sirve para charlar con los lugareños, recoger misiones y mejorar equipo. Y si bien los personajes que encontrarás aquí no son necesariamente tan intrigantes, la experiencia del juego se condensa hacia sus misiones y a enfrentarte a la gran amenaza de cada mund, además de reunir valioso material. Es un argumento pobre, pero no importa ya que, como dije, Remnant II se centra en el espectacularidad, y el espectacularidad es lo que mejor sabe hacer.
Aunque el primer juego no fue en absoluto un juego poco atractivo visualmente, se notaban algunas de las asperezas que presentaban sus zonas generadas proceduralmente. Sin embargo, está claro que el presupuesto se ha multiplicado por diez en esta nueva entrega, y eso se refleja en la creación de unos entornos increíblemente memorables y pintorescos. Los bosques moribundos de Yaesha albergan antiguas cortes que dan paso a templos envueltos y a ocasionales claros. N’Erud se encuentra en un planeta desértico en el que te envuelve la niebla, rápidamente engullida por amenazas extraterrestres y robóticas. Mi favorito del grupo es el mundo de la época victoriana de Losomn, que se parece mucho al Yharnam de Bloodborne, con calles adoquinadas que se entremezclan con duras alcantarillas subterráneas.




Estos entornos son muy cinematográficos y emocionantes en comparación con los de su predecesor, pero eso también es un arma de doble filo. Lo que acaba pareciendo es una especie de «Grandes Éxitos», un conjunto de localizaciones con una composición algo extraña para el género Souls. Ojo que no hay nada de malo en ello, pero de hecho pierde algo de cohesión visual. Lo más parecido que hay entre un mundo y otro son los gigantescos cristales rojos que encontrarás repartidos por cada uno de ellos, el mismo punto que marca un punto de control y un medio para teletransportarse fuera de una zona determinada.
Como dije líneas arriba, aunque los personajes humanos con los que interactúas en Ward 13 no son interesantes, hay interesantes historias en todas partes. Los NPC extraterrestres con los que te cruzas acaparan toda la atención, ya que a menudo te revelan misiones en las que embarcarte o te dan una idea de algunos de los dilemas que se plantean en el mundo de Remnant II. Cada uno de ellos tiene un diseño único lo cual está muy bien, ya sea un inquietante bufón que vive sobre un montón de huesos o la etérea y gigantesca diosa Fae conocida como Nimue.
El pozo que es el mundo de Remnant II es inmensamente más profundo de lo que parece en la superficie. Esto hace cosas realmente asombrosas y únicas para el género que ni siquiera habíamos visto en los juegos de FromSoftware. A menudo, cambia y desafía lo que significa ser un RPG de acción. Ninguna partida es igual a la anterior. Remnant II tiene mapas generados proceduralmente, lo que significa que, aunque compartan el mismo tema del mundo o reino en el que te encuentras, el mapa cambia. Aquí se abre el abanico de posibilidades. Por ejemplo, hay personajes, misiones y objetos que no descubrí en el juego hasta que utilicé el modo Aventura. Se trata de una función que te permite repetir el estado del mundo, manteniendo la progresión del personaje pero permitiéndote iniciar de nuevo el proceso de exploración.





La posibilidad de revisitar los mundos es genial, puesto que fomenta activamente la rejugabilidad. Cuando estás más familiarizado con un mundo de juego, eres más atrevido y experimental. Experimentar estas zonas, bajo una nueva luz, significa que puedes ser más atrevido con la dificultad asignada que elijas o incluso con tu tipo de construcción. No obstante, entiendo que este enfoque del mundo del juego no será para todos, ya que, una vez más, el diseño generado aleatoriamente puede afectar a la coherencia del entorno. Aun así, merece la pena por el resultado final de un juego que, por una vez, parece realmente rejugable en todo sentido.
Las construcciones de personajes son más claras y fáciles que en muchos otros RPG de acción similares. Esto se debe a la mecánica de juego «Arquetipo», en la que los jugadores pueden elegir entre cuatro (cinco, si tienes el DLC de precompra con el Gunslinger) clases iniciales en las que basar sus objetos y armamento. En ese sentido, tenemos Medic, Hunter, Challenger y Handler. Yo me decanté por el Handler, que me proporcionó un compañero canino que podía curarme si me derribaban, usarse como escudo contra los enemigos para mitigar el daño y, además, potenciarme lentamente a mí y a mis compañeros de equipo. Es un todoterreno perfecto para el juego cooperativo y en solitario, que es lo que me gusta de los juegos: sentirme equipado para cualquier situación. También tuve la chance de probar al Challenger, una clase del tipo tanque que puede obtener una auto-reanimación gratuita.
El desarrollador Gunfire Games va en serio. Con hasta 10 arquetipos disponibles para elegir y la posibilidad de jugar con dos a la vez, el mundo del combate es tu campo de juego. Para mí, estos arquetipos son una refrescante guía sobre cómo dar forma exacta a tu construcción. Cuando todas las pasivas y habilidades de un arquetipo determinado están presentes y te resultan fáciles de leer y entender, encontrarás rápidamente los elementos que mejor acompañan y que añadirán estadísticas adicionales a tu personaje. Esto significa menos tiempo en los menús y más en el meollo del asunto, entrando en combate a la antigua usanza.




Mi única crítica a las builds y arquetipos es que el melee no es una opción tan viable como el juego te hace creer. Claro que siempre podrás equipar dos armas de fuego y un arma melee, pero los skills, las estadísticas y ciertos potenciadores hacen que se sienta como si todo estuviera construido para beneficiar el coambate con espadas. Si bien esto puede ser cierto en el caso de los enemigos más pequeños contra los que lucharás en tu viaje, muchos de los jefes serán gigantescas masas voladoras que no estarán inmediatamente al alcance de la mano o serán demasiado rápidos para poder siquiera dar un golpe.
Sí, la comunidad ha etiquetado acertadamente las experiencias Remnant como «Souls con armas», pero esa insinuación de un potencial de construcción cuerpo a cuerpo sigue ahí. Por cierto, experimentar con combinaciones de armas es divertido y creativo. La artesanía con materiales más raros obtenidos de los jefes proporciona a los jugadores armas únicas, con poderosos resultados. Mi arma favorita es un disco láser que hace que su munición rebote entre los enemigos. Resulta muy útil para acabar con la multitud que polular en los encuentros contra jefes, en los que también hay que hacer malabarismos con los enemigos.
El diseño de los jefes siempre es primordial en este tipo de títulos. Por suerte, Remnant II es consciente de ello y se deleita con sus peculiaridades. Hay un montón de encuentros con jefes en los que tu enemigo se mueve rápidamente o es dominante en una arena que requiere que aprendas el patrón, esquivando y dañando a tu manera. Son como cabría esperar, pero divertidos de aprender. En The Labyrinth, un entorno hiperespacial futurista que te sirve de portal entre mundos, hay un combate contra un jefe que te hace navegar por un laberinto, intentando destruir cubos flotantes gigantes que descansan sobre ti en el cielo. El problema es que en el suelo hay cubos rodando hacia ti, listos para aplastarte y matarte al instante. Rápidamente esto se convierte en un juego caótico de hacer malabarismos con el objetivo y ser la presa en un juego del gato y el ratón. El único respiro que tienes en esta situación es disparar con astucia a los puntos débiles de tus perseguidores, creando un cráter en algunas de sus caras bajo el que puedes agacharte. Impresionante.




Remnant II es el mejor escenario posible para el género. La esperada secuela aumenta la ambición y lo consigue inmensamente bien, ofreciendo uno de los mejores juegos Souls ajeno a FromSoftware. Es un RPG de acción realmente complejo, pero sin complicaciones. El juego cooperativo es fluido, con compañeros que entran y salen de la acción. Los menús son claros y concisos, mientras que experimentar con las construcciones es una experiencia gratificante y profunda. Los entornos son diez veces más detallados y emocionantes que los de su predecesor, y ofrecen algunos de los mejores escenarios y encuentros con jefes que he visto en mucho tiempo. Pocas son las cosas que detienen al juego, como una o dos potenciales actualizaciones para mejorar su calidad de vida. Con todo, Remnant II es un juego impresionante, que se mueve magníficamente en el abarrotado espacio en el que se encuentra.

Esta reseña fue escrita luego de jugar una copia digital de Remnant II recibida por Gearbox Software para PlayStation 5.
