En una industria obsesionada con ofrecer experiencias cada vez más grandes, espectaculares y accesibles, todavía existen estudios que apuestan por desafiar al jugador desde una idea aparentemente sencilla. Order of the Sinking Star pertenece precisamente a ese grupo de juegos que no buscan impresionarte con explosiones o secuencias cinematográficas, sino con algo mucho más difícil de conseguir: hacerte pensar de formas completamente nuevas. Y lo más sorprendente es que lo logra una y otra vez.

Después de obras como The Witness, las expectativas alrededor de Jonathan Blow y Thekla eran enormes. Sin embargo, en lugar de repetir la misma fórmula, el estudio presenta una aventura de rompecabezas que toma como base el clásico Sokoban para transformarlo en una experiencia mucho más ambiciosa. Cada nueva mecánica parece diseñada para desafiar no solo tu lógica, sino también la manera en la que interpretas las reglas del propio juego, convirtiendo el aprendizaje en el verdadero protagonista de la aventura.

La historia comienza con un personaje conocido únicamente como La Reina, quien despierta en un misterioso lugar sin comprender cómo llegó allí ni cuál es su destino. El juego evita responder inmediatamente esas preguntas y prefiere envolver al jugador en una sensación constante de incertidumbre. Apenas unos diálogos y algunas grabaciones repartidas por el escenario sirven para alimentar un misterio que avanza lentamente, pero que resulta lo suficientemente intrigante como para impulsar la exploración.

Tras superar el área inicial, el mundo se abre de forma sorprendente. Un enorme cruce de caminos permite elegir libremente hacia dónde avanzar, dejando claro desde el inicio que Order of the Sinking Star apuesta por una estructura no lineal. A diferencia de otros juegos del género, aquí no existe un camino correcto; cada jugador puede descubrir el mundo a su propio ritmo, regresar cuando lo considere necesario y abordar los desafíos en el orden que prefiera.

La exploración también tiene un papel importante fuera de los rompecabezas. El mapa principal esconde atajos, caminos bloqueados y diferentes secretos que obligan a observar cuidadosamente cada rincón. Además, una práctica función para alejar la cámara facilita comprender la disposición del escenario sin eliminar esa agradable sensación de descubrimiento constante que acompaña toda la aventura.

Muy pronto queda claro que cada una de las cuatro direcciones disponibles representa una filosofía completamente distinta de diseño. El norte introduce las bases del juego mediante héroes fantásticos con habilidades individuales; el este gira alrededor de espejos y reflejos; el oeste apuesta por la manipulación de luz y gemas; mientras que el sur presenta posiblemente los desafíos más exigentes. Lo brillante es que ninguna zona se siente como un simple cambio de escenario: cada una introduce reglas propias que obligan al jugador a replantear constantemente todo lo aprendido hasta ese momento.

Lo que realmente distingue a Order of the Sinking Star no son únicamente sus rompecabezas, sino los personajes que los protagonizan. Cada uno posee habilidades muy específicas, pero también limitaciones que condicionan completamente la forma de resolver cada situación. Algunos únicamente pueden empujar objetos, otros están obsesionados con recoger determinadas piezas del escenario, mientras que algunos modifican el entorno mediante habilidades musicales o mecánicas únicas. En lugar de ver estas restricciones como una desventaja, el juego las convierte en el centro absoluto de su diseño.

Al principio es inevitable frustrarse con ciertas limitaciones. Más de una vez surge la sensación de que un problema podría resolverse en segundos si un personaje pudiera realizar una acción aparentemente sencilla. Sin embargo, conforme avanzan las horas se comprende que precisamente esas restricciones son las que hacen posibles los rompecabezas. Order of the Sinking Star obliga constantemente a dejar de pensar en lo que un personaje no puede hacer para concentrarse en todo aquello que sí es capaz de aportar.

La dificultad aumenta de manera muy inteligente. Ninguna mecánica aparece de golpe para complicar artificialmente la experiencia. Primero se presentan reglas simples, luego pequeñas variaciones y, finalmente, combinaciones que obligan al jugador a reinterpretar todo lo aprendido. Cada solución genera esa satisfacción tan característica de los grandes juegos de puzles, donde el desafío nunca consiste en adivinar la respuesta, sino en comprender una lógica que siempre estuvo frente a nuestros ojos.

Evidentemente, no todos los desafíos resultan igual de llevaderos. Hay momentos donde un único rompecabezas puede mantenerte bloqueado durante varios minutos, o incluso horas, sin encontrar una solución evidente. Afortunadamente, el diseño abierto del mundo evita que esa frustración se convierta en un muro infranqueable. Si una zona se vuelve demasiado complicada, siempre existe la posibilidad de abandonar temporalmente ese camino y explorar otra dirección, permitiendo que la mente descanse antes de regresar con una perspectiva diferente.

Otro de los grandes aciertos es el sistema para rebobinar acciones. En cualquier momento es posible deshacer movimientos individuales o reiniciar completamente un rompecabezas sin penalización alguna. Puede parecer una herramienta sencilla, pero transforma por completo la experiencia. El jugador deja de tener miedo a equivocarse y comienza a experimentar constantemente, entendiendo que incluso un intento fallido puede revelar información importante sobre el funcionamiento de una mecánica.

Cuando el jugador ya domina las reglas de cada uno de los cuatro mundos, Order of the Sinking Star vuelve a sorprender mezclando todas esas mecánicas entre sí. Espejos que antes pertenecían exclusivamente a una región empiezan a convivir con habilidades vistas en otra, mientras que personajes completamente distintos deben colaborar para resolver un mismo desafío. Es en ese momento cuando el juego demuestra la enorme planificación detrás de su diseño, ya que todo lo aprendido durante las primeras horas adquiere un nuevo significado y da paso a algunos de los rompecabezas más brillantes de toda la aventura.

En ese sentido, la sensación de descubrimiento prácticamente nunca desaparece. Cada vez que parece haber mostrado todas sus cartas, Order of the Sinking Star introduce una nueva interacción entre mecánicas que obliga a replantear estrategias que parecían completamente dominadas. Esa capacidad para reinventarse constantemente es, probablemente, su mayor virtud. El juego entiende que un buen rompecabezas no consiste en complicar las reglas, sino en enseñar al jugador a observarlas desde una perspectiva completamente distinta.

Eso no significa que el ritmo sea perfecto. Hay momentos donde la dificultad alcanza niveles realmente exigentes, especialmente en algunos rompecabezas avanzados que pueden mantener al jugador detenido durante largos periodos de tiempo. Aunque la posibilidad de explorar otras zonas ayuda a aliviar la frustración, regresar posteriormente no garantiza que la solución aparezca de inmediato. El juego propone herramientas para gestionar esos bloqueos, pero nunca intenta eliminarlos por completo.

Curiosamente, esa filosofía también se refleja en la narrativa. La historia nunca busca convertirse en el eje principal de la experiencia, sino acompañar el proceso de descubrimiento. La Reina y el resto de personajes evolucionan poco a poco a través de pequeños diálogos y situaciones, construyendo una conexión emocional que nace más de convivir con sus limitaciones que de largas escenas cinematográficas. Sus personalidades terminan sintiéndose tan importantes como las mecánicas que representan.

Visualmente, el título también encuentra un excelente equilibrio. Su dirección artística colorida y minimalista transmite una enorme personalidad sin necesidad de recurrir al realismo. Cada uno de los cuatro mundos posee una identidad muy marcada y fácilmente reconocible, mientras que la banda sonora acompaña la exploración con una sutileza admirable, dejando que sean los propios rompecabezas quienes ocupen el centro de la experiencia. Es un juego que entiende perfectamente cuándo hablar y cuándo guardar silencio.

Al terminar la aventura resulta inevitable mirar atrás y reconocer el enorme trabajo de diseño que existe detrás de cada habitación. Muy pocos juegos consiguen que aprender una regla nueva sea tan emocionante como superar un jefe final, y todavía menos logran mantener esa sensación durante decenas de horas. Incluso cuando la frustración aparece, siempre existe la sensación de que la respuesta está ahí, esperando a ser comprendida en lugar de descubierta por azar.

Con todo y todo, Order of the Sinking Star representa una auténtica clase magistral sobre diseño de rompecabezas. No es una aventura pensada para todos los jugadores, ya que exige paciencia, observación y mucha disposición para equivocarse una y otra vez. Sin embargo, quienes disfrutan enfrentándose a desafíos que recompensan el razonamiento encontrarán aquí una de las experiencias más brillantes e inteligentes del año. Thekla demuestra nuevamente que todavía es posible sorprender dentro del género de los puzles, construyendo una aventura tan desafiante como profundamente satisfactoria.

gamecored score 9.5

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Order of the Sinking Star brindada por Arc Games para PlayStation 5.

PUNTOS BUENOS

Un diseño de rompecabezas extraordinariamente inteligente, que introduce constantemente nuevas mecánicas y desafíos capaces de sorprender incluso a los jugadores más experimentados. Cuatro mundos con identidades y mecánicas propias, cuya combinación progresiva da lugar a situaciones cada vez más creativas y satisfactorias. Una estructura no lineal que favorece la exploración, permitiendo abordar diferentes desafíos sin quedar completamente atrapado en un único rompecabezas. Un excelente sistema de aprendizaje y experimentación, donde las habilidades y limitaciones de cada personaje, junto con la posibilidad de rebobinar movimientos, convierten cada solución en una recompensa al ingenio.

PUNTOS MALOS

La dificultad puede alcanzar niveles excesivamente exigentes, provocando bloqueos prolongados que terminan afectando el ritmo de la aventura. Su narrativa es demasiado fragmentada y discreta, por lo que quienes busquen una historia más desarrollada podrían sentirse poco involucrados.

CONCLUSIÓN

Order of the Sinking Star es una auténtica clase magistral de diseño de rompecabezas que transforma la experimentación, la creatividad y el razonamiento en una experiencia tan desafiante como extraordinariamente satisfactoria.