Durante décadas, La Momia ha sido uno de los monstruos más icónicos del cine. Desde el clásico protagonizado por Boris Karloff hasta la querida saga de aventuras con Brendan Fraser, el personaje siempre ha estado asociado a antiguas maldiciones, tumbas egipcias y una presencia sobrenatural muy particular. Sin embargo, Lee Cronin decide romper completamente con esa tradición, entregando una película que utiliza el nombre del monstruo como punto de partida para contar una historia muy distinta.

Lejos de intentar recrear las aventuras clásicas o apostar por un espectáculo de acción, The Mummy se acerca mucho más al terror psicológico y al horror corporal que caracteriza al director de Evil Dead Rise. El resultado es una propuesta oscura, incómoda y extremadamente violenta que, aunque funciona como película de terror, probablemente dividirá a quienes esperaban una reinterpretación más fiel del monstruo clásico.

La historia comienza con la familia Cannon viviendo en El Cairo. Todo parece transcurrir con normalidad hasta que Katie, la hija menor, desaparece tras ser secuestrada por una misteriosa mujer. Ocho años después, la niña finalmente es encontrada con vida, pero dentro de un sarcófago de más de 3.000 años de antigüedad, completamente envuelta en vendas como una momia. Ese descubrimiento marca el inicio de una pesadilla que irá destruyendo poco a poco a toda la familia.

Lo interesante es que Cronin nunca convierte realmente a Katie en una momia tradicional. Más bien, utiliza el concepto como vehículo para desarrollar una historia de posesiones, corrupción sobrenatural y horror familiar. De hecho, durante gran parte del metraje la película recuerda mucho más a El Exorcista que a cualquier adaptación previa de La Momia, algo que puede resultar tanto una virtud como una decepción dependiendo de las expectativas del espectador.

Narrativamente, la película construye un misterio efectivo durante su primera mitad. El origen de Katie, las investigaciones paralelas en Egipto y el deterioro físico y mental de la joven generan una sensación constante de inquietud. Cronin administra muy bien la información, permitiendo que la tensión aumente progresivamente mientras el espectador intenta comprender qué ocurrió realmente durante esos ocho años de desaparición.

Donde la película realmente sobresale es en su apartado visual. Lee Cronin demuestra nuevamente ser uno de los directores más creativos del terror contemporáneo, utilizando encuadres poco convencionales, primeros planos agresivos y una fotografía cargada de sombras que convierte prácticamente cada escena en una imagen perturbadora. Hay momentos visualmente impresionantes que permanecen grabados mucho después de terminar la película.

El trabajo de maquillaje y efectos prácticos merece una mención especial. The Mummy apuesta sin miedo por el body horror, mostrando cuerpos deformándose, piel desprendiéndose, heridas grotescas y una cantidad considerable de sangre. Cronin entiende perfectamente cómo generar incomodidad sin depender exclusivamente de los clásicos sobresaltos, construyendo escenas donde el verdadero terror proviene de observar cómo los personajes se deterioran física y emocionalmente.

Natalie Grace resulta una de las mayores sorpresas del reparto. Su interpretación de Katie consigue transmitir vulnerabilidad y monstruosidad al mismo tiempo, convirtiéndose en el principal motor del terror durante toda la película. Cada aparición suya logra generar una tensión inmediata gracias a un excelente trabajo físico y expresivo que hace creíble la transformación del personaje.

Jack Reynor y Laia Costa cumplen correctamente como los padres desesperados por recuperar a su hija, aunque aquí aparece uno de los principales problemas del guion. Los personajes nunca terminan de desarrollarse lo suficiente, por lo que muchas de las decisiones emocionales que toman terminan sintiéndose más dictadas por la necesidad del argumento que por una evolución natural de sus personalidades. Esto reduce considerablemente el impacto dramático que la película intenta construir.

Otro aspecto discutible es su duración. Con más de dos horas de metraje, existen varias secuencias que podrían haberse reducido sin afectar la historia. En ocasiones, la película parece debatirse entre convertirse en un drama familiar sobre el duelo o abrazar completamente el terror sobrenatural, sin terminar de desarrollar plenamente ninguna de las dos propuestas. Esa indecisión narrativa provoca algunos bajones de ritmo, especialmente durante el segundo acto.

Paradójicamente, el mayor problema de The Mummy es precisamente su relación con el personaje que le da nombre. Si se eliminara la breve referencia al sarcófago y a la maldición egipcia, gran parte de la historia seguiría funcionando prácticamente igual. El monstruo clásico queda relegado a un simple elemento estético, haciendo que por momentos parezca que Cronin tenía otra película en mente y que únicamente adoptó el título para conectar con una franquicia reconocible.

El tercer acto recupera gran parte de la intensidad gracias a una sucesión de escenas extremadamente violentas y creativas. Cronin lleva el horror corporal hasta límites realmente desagradables, ofreciendo algunas de las secuencias más grotescas vistas recientemente dentro del cine comercial. Los amantes del gore encontrarán aquí material más que suficiente para salir satisfechos.

Sin embargo, el desenlace deja una sensación algo agridulce. Sin entrar en spoilers, la resolución parece más preocupada por abrir la puerta a futuras entregas que por ofrecer un cierre verdaderamente satisfactorio. La conclusión rompe parcialmente con el tono construido durante toda la película y transmite la sensación de que existieron decisiones tomadas pensando más en una posible franquicia que en la historia que acabábamos de ver.

Al final, The Mummy es una película que funciona mucho mejor como experiencia de terror que como reinvención del monstruo clásico. Lee Cronin confirma nuevamente su enorme talento para crear imágenes perturbadoras y secuencias cargadas de tensión, pero también demuestra que el estilo visual, por sí solo, no siempre basta para sostener una historia emocionalmente poderosa. Es una propuesta sangrienta, visualmente impactante y diferente, aunque su identidad termina alejándose demasiado de aquello que promete su propio título.

gamecored score 7

PUNTOS BUENOS

Excelente dirección visual y una atmósfera constantemente inquietante. El body horror y los efectos prácticos son realmente impactantes. Natalie Grace ofrece una interpretación perturbadora y muy convincente. Lee Cronin vuelve a demostrar gran creatividad para construir secuencias de terror.

PUNTOS MALOS

Se siente más cercana a una película de posesiones que a una historia de La Momia. Los personajes principales carecen del desarrollo emocional necesario. El final parece forzado para preparar una posible franquicia.

CONCLUSIÓN

Lee Cronin entrega un ejercicio de terror visualmente impresionante que funciona por su atmósfera y violencia, aunque nunca logra convertirse en la gran reinvención definitiva de La Momia.