Durante más de veinte años, el E3 fue el evento más destacado de la industria de los videojuegos. Además de ser una celebración para los fans, desempeñaba un papel esencial en el ámbito empresarial al brindar a los desarrolladores más pequeños la oportunidad de mostrar sus juegos y establecer acuerdos con los editores. Lamentablemente, hace algunos días atrás, la ESA anunció oficialmente el cese definitivo del evento.
Esta noticia probablemente suscitará diversas reacciones emocionales en la industria. Para aquellos jugadores que guardan gratos recuerdos de las conferencias de prensa, seguramente será una noticia melancólica. Del mismo modo, para los miembros de la prensa extranjera significará, en cierta medida, menos chance de poder estar bastante de cerca en el «centro de las cosas». Los desarrolladores y editores, por su parte, podrían estar divididos al perder un espacio fundamental para mostrar sus juegos, aunque también uno que les cobraba exorbitantes sumas por hacerlo. En ese sentido, cualquier sentimiento respecto al fin oficial del E3 es comprensible. Aunque era el momento adecuado para su desaparición, está bien sentir tristeza al respecto.
Para quienes han seguido el E3 en los últimos años, su desaparición no debería ser sorpresa. A pesar de haber sido el epicentro de la industria desde los años 90 hasta mediados de la década de 2010, su relevancia fue disminuyendo gradualmente durante casi una década.
Es difícil determinar exactamente cuándo comenzó este declive, pero algunos eventos clave contribuyeron a su eventual desaparición. La aparición de los Nintendo Directs digitales resultó ser un golpe contundente para el show, ya que los editores adquirieron la confianza para presentar anuncios según sus propias condiciones, sin necesidad de realizar costosas conferencias de prensa. Este cambio eventualmente llevó a varias empresas a abandonar por completo el evento, lo cual representó una pérdida de la que la ESA jamás pudo recuperarse.

El E3 batalló por mantener su relevancia hasta finales de la década de 2010. Para concluir una década tumultuosa, perdió el apoyo de la prensa cuando accidentalmente filtró información con datos personales de más de 2,000 periodistas en 2019. Esa noticia fue un golpe duro y muchos empezaron a cuestionarse la capacidad de la ESA para organizar un evento de esa magnitud de manera segura.
El verdadero punto de quiebre llegó en 2020 cuando varios escenarios catastróficos ocurrieron al mismo tiempo. El equipo de diseño iam8bit, que había sido seleccionado para ayudar a crear el evento, anunció -a pocos meses antes de la inauguración – que ya no estaban trabajando en el evento. Del mismo modo, Sony declaró que tampoco volvería a ser parte del evento ese año, eliminando uno de los atractivos principales. Geoff Keighley, quien había sido una parte clave en años anteriores, decidió separarse del E3. Y luego, por supuesto, llegó la pandemia.
Los confinamientos obligaron al cierre del evento, y la ESA determinó que no tenía tiempo suficiente para idear una alternativa digital. Desafortunadamente, Keighley sí lo hizo. En 2020 se creó el Summer Game Fest, un evento de transmisión en vivo orientado hacia el futuro, algo que la ESA nunca previó. Este nuevo evento permitía a los editores mostrar sus juegos en transmisiones en vivo en lugar de pagar precios absurdos por los stands. La ESA intentó competir en 2021 con un E3 digital reinventado, pero el resultado fue un desastre. La participación de los editores fue escasa y el evento se llevó a cabo en un portal web poco funcional que resultó prácticamente inútil. Las señales eran claras cuando el evento canceló su evento de 2022, mientras Keighley expandía su propio show con un evento de prensa en vivo que presentaba juegos como Street Fighter 6 y Sonic Frontiers en un espacio de exposición más reducido.
Después de meses de silencio sobre sus planes para 2023, la ESA anunció formalmente el cierre del evento el martes 12 de diciembre, apenas unos días después de los Game Awards de Keighley, otro evento que tiene la importancia y el entusiasmo de lo que vendría a ser una conferencia de prensa del E3. Con todo esto, queda claro que gue una conclusión lógica considerando los años de lucha, una situación por la que muchos habían estado clamando durante años.
El E3 demostró una incapacidad para evolucionar hacia un panorama digital cambiante al punto de no poder proteger la seguridad de sus asistentes. Su alto costo de entrada se había vuelto insostenible, y la ESA no parecía dispuesta a negociar con los creadores de juegos. En ese sentido, su desaparición no fue injustificada, pero aún así tiene sus desventajas.

La salida del E3 no es solo un golpe personal (los recuerdos son incalculables); está destinado a ser una pérdida para toda la industria. Mientras que nosotros, desde afuera, lo consideramos como un show donde los fans pueden ver una serie de tráilers, el lado presencial del evento era crucial para los desarrolladores. Reunía a toda la industria en un solo lugar, convirtiéndose en un evento clave de negocios y marketing para los asistentes. Era una forma para que los desarrolladores independientes cerraran acuerdos con grandes editores o llamaran la atención de compañías como Nintendo. Esa red de contactos también es crucial en un año lleno de devastadores despidos. En ese sentido, un evento como el E3 puede ayudar a los desarrolladores a asegurar su próxima oportunidad. El Summer Game Fest aún no ha logrado replicar ese aspecto fundamental del E3, ya que Keighley organiza un evento más privado al que asisten selectos editores y prensa. Esto crea un vacío que es imperativo llenar para la salud de la industria.
Para los fanáticos, hay una especie de problema existencial. Uno de los principales beneficios del E3 era que organizaba una avalancha de noticias en solo unos días. Un jugador casual podía absorber una vez al año toda la información que necesitaba y luego volver a jugar. Era una forma saludable de comprender una industria complicada y que venía con un componente social que unía a los jugadores. En los últimos años, hemos visto una oleada de transmisiones en vivo de los editores, con una nueva aparentemente cada semana. Nintendo Directs, Sony State of Plays, Xbox Showcases, Day of the Devs, The Game Awards y la lista continúa. Con todo ello creo que se ha vuelto mucho más difícil ser un fan casual que busca una visión general del panorama de los videojuegos.
A pesar de todas sus fallas, el E3 regulaba nuestra relación con los juegos de una manera importante. Era una válvula de escape que liberaba toda la emoción de una sola vez. Inculcaba un sentido de paciencia en los fanáticos más fervientes, ya que siempre sabían que junio estaba a la vuelta de la esquina.
Aunque el E3 ha desaparecido, espero que su espíritu no esté enterrado. La industria necesita ese evento donde todos puedan reunirse. El Summer Game Fest aún no alcanza esa magnitud, y la combinación problemática de gala de premios y anuncios del E3 en The Game Awards no funciona para ese fin. Sea lo que sea que formalmente tome el lugar del E3, espero que pueda unir a esta fracturada industria e inspirar a las personas a perseguir sus sueños, tal como lo hizo conmigo hace tantos años atrás.





