Jurassic Park (1993) sigue siendo, sin duda, una de las películas más importantes de mi vida. Se trata de un referente en la historia del cine, no solo por sus logros técnicos, sino especialmente por la manera en que combina entretenimiento puro con reflexiones filosóficas y éticas sobre la ciencia, la naturaleza y la humanidad. Lamentablemente, el resto de la franquicia no alcanza ese nivel. En mi opinión, solo The Lost World: Jurassic Park (1997) y Jurassic World (2015) logran aportar algo relevante; las demás entregas van de lo olvidable a lo directamente decepcionante.

Aun así, ¿quién podría resistirse a una nueva mega película con dinosaurios? Aunque las entregas recientes hayan resultado decepcionantes o la saga se haya vuelto repetitiva, la idea de ver a estas majestuosas criaturas de nuevo en la pantalla grande siempre genera entusiasmo. La curiosidad supera el cansancio, incluso cuando todo apunta a otra entrega prescindible… lo cual, por suerte, no ocurre con Jurassic World Rebirth. Con Gareth Edwards (Rogue One) en la dirección y David Koepp (Jurassic Park) en el guion, ambos con experiencia y talento, resulta imposible no acercarse al cine con cierta esperanza.

Sin embargo, Jurassic World Rebirth es un capítulo agridulce: aunque ofrece momentos atractivos, aún no logra justificar la continuidad de la franquicia. La película busca funcionar como un nuevo punto de partida, situando la historia varios años después de los eventos previos, en un mundo donde los dinosaurios conviven cada vez más —y de manera más inusual— con los humanos.

La historia sigue a un grupo de científicos que descubren que una compañía farmacéutica está usando ADN de dinosaurio para crear medicamentos de alto valor capaces de curar enfermedades incurables. El problema es que solo los más ricos tendrán acceso a estos tratamientos. Scarlett Johansson (Marriage Story) lidera el reparto como Zora, una agente de operaciones encubiertas, acompañada por Mahershala Ali (Green Book) como Duncan Kincaid, un exsoldado con motivaciones personales, y Jonathan Bailey (Wicked) como el paleontólogo del equipo. Juntos se infiltran en una isla prohibida —anteriormente destinada a investigación genética— que, como era de esperarse, oculta mucho más que simples secretos corporativos.

Edwards demuestra un dominio visual innegable; sus trabajos previos muestran que sabe transmitir grandeza y escala, elevando historias que a veces son bastante simples. En Jurassic World Rebirth, esto se aprecia en momentos clave, sobre todo en la forma reverencial en que retrata a los dinosaurios, como si fueran deidades perdidas en el tiempo. Aunque esa sensación de asombro no aparece tan seguido como uno quisiera, algunas tomas amplias logran capturar la magia de Spielberg de 1993.

Aun así, la impresión general es la de un director restringido por una estructura demasiado conocida. Edwards parece más enfocado en rendir homenaje a escenas icónicas del pasado que en crear algo genuinamente propio. Jurassic World Rebirth está repleta de recreaciones del original, desde el silencioso suspenso de los Velociraptores hasta el inevitable rugido del T-Rex. La nostalgia no está mal si tiene un propósito, pero cuando se convierte en el motor emocional principal de la película, algo no funciona.

El guion de Koepp tampoco destaca. Su regreso generaba altas expectativas, ya que es quien mejor entiende los temas, el tono y el ADN de la saga. Sin embargo, el resultado es un guion sorprendentemente superficial y vacío, donde los conflictos morales se sustituyen por dilemas socio éticos que parecen fuera de lugar en este contexto. La historia se centra en usar ADN de dinosaurio para crear medicinas revolucionarias, planteando quién debería acceder a ellas: solo los ricos o toda la humanidad. Aunque es un tema relevante, no se alinea del todo con el espíritu original de la saga. Las reflexiones sobre el poder de la ciencia, los límites de la manipulación genética y la imprevisibilidad de la naturaleza quedan desplazadas por un frío debate sobre patentes farmacéuticas que parece pertenecer a otra franquicia.

Aun así, lo que evita que Jurassic World Rebirth se desmorone por completo es su elenco. Johansson sigue siendo un imán en pantalla, y cada gesto, mirada e inflexión de su voz refleja seguridad y un magnetismo poco común en los actores. Mientras se critica la escasez de verdaderas estrellas en Hollywood, aquí encontramos a alguien con un carisma indiscutible que encarna perfectamente ese papel. Ali también destaca, con una actuación contenida pero intensa, aportando una energía que sostiene cada escena en la que aparece. Bailey muestra una química sólida con Johansson, y los actores secundarios hacen su mejor esfuerzo por darle fuerza a sus personajes. Sin embargo, los personajes son tan vacíos, con motivaciones genéricas y diálogos excesivamente explicativos, que ni los mejores intérpretes pueden ocultar las debilidades del guion. Además, hay un exceso de personajes y subtramas, como la familia naufragada que permanece hasta el final sin aportar mucho, funcionando como “peso muerto”. En ocasiones, se limitan a recitar biografías entre ellos como si el público necesitara conocer a toda costa el pasado traumático de un personaje para justificar sus acciones. Todo se siente impuesto, artificial y casi mecánico.

El aspecto técnico más destacado sigue siendo la banda sonora. Alexandre Desplat (The French Dispatch) toma los temas clásicos de John Williams y los renueva con variaciones emocionales y orquestaciones potentes, elevando escenas que de otro modo serían planas. Pero incluso aquí se nota la dependencia del pasado: el impacto emocional proviene principalmente de las asociaciones del espectador con la música original, más que de la composición en sí.

Quizá lo más frustrante de Jurassic World Rebirth es su falta de identidad. Aunque el título sugiere un renacimiento, lo que obtenemos es básicamente un reciclaje. El intento de reiniciar la saga con nuevos personajes y amenazas —totalmente revelado en los tráilers— no resulta lo suficientemente audaz para marcar el inicio de una nueva fase, ni lo suficientemente coherente con lo anterior para funcionar como secuela. La película queda en un limbo extraño, como un spin-off que no sabe a dónde quiere ir, algo que se refleja en un final que deja más cabos sueltos que resoluciones, como preparando una nueva trilogía que, sinceramente, no se siente merecida.

Claro, hay instantes de puro entretenimiento. Varias de las escenas de acción con dinosaurios aún logran despertar esa adrenalina infantil que nos recuerda la fascinación del original. Y aunque Jurassic World Rebirth falle, lo hace con suficiente calidad visual como para no resultar completamente deficiente. Sin embargo, quizá la señal más evidente de cansancio es personal: si incluso los personajes muestran agotamiento e indiferencia en un mundo donde los dinosaurios deberían ser una amenaza constante, es probable que la audiencia comience a sentir lo mismo. La idea ya no resulta novedosa, ni sorprende ni fascina como antes. El cine se nutre de la reinvención, no de la repetición.

La película refleja, en última instancia, el estado actual de la franquicia: un producto visualmente sólido, con talento frente y detrás de la cámara, pero perdido por la falta de propósito y de ambición narrativa. El reparto es excelente, pero los personajes carecen de profundidad. Los dinosaurios siguen siendo impresionantes, pero su presencia ya no tiene la misma fuerza. Y los temas —antes tan provocativos y ricos— han sido sustituidos por dilemas modernos que, aunque válidos, no terminan de encajar en este universo.

Jurassic World Rebirth ya está disponible en cines.

gamecored score 6

PUNTOS BUENOS

Las secuencias de acción siguen siendo impresionantes y mantienen la sensación de asombro que caracterizó al original. Scarlett Johansson y Mahershala Ali destacan, ofreciendo actuaciones convincentes que sostienen las escenas en las que participan. Alexandre Desplat reinventa los temas clásicos de John Williams, dando nueva vida a la música. Visualmente impresionante.

PUNTOS MALOS

La historia es bastante superficial. La película se siente más un reciclaje que un renacimiento; la nostalgia domina sobre la innovación narrativa. Los dilemas modernos de la historia no se alinean con la esencia de la saga original.

CONCLUSIÓN

Jurassic World Rebirth ofrece momentos visualmente impactantes y un elenco destacado, pero su guion superficial, exceso de nostalgia y falta de identidad reflejan el agotamiento de la franquicia.