Han pasado varios años desde la última entrega principal de Gears of War, una franquicia que definió toda una generación de consolas gracias a su combate táctico basado en coberturas, su inolvidable campaña cooperativa y una identidad visual que se convirtió en sinónimo de Xbox. Sin embargo, con el paso del tiempo, la saga fue alejándose poco a poco de aquello que la hizo tan especial. Entonces, con esa idea en mente en lugar de continuar los acontecimientos de Gears 5, The Coalition tomó una decisión que, sobre el papel, podía parecer arriesgada: regresar al momento que cambió para siempre el destino de Sera.

Gears of War: E-Day no busca reinventar la franquicia ni presentar un nuevo conflicto; apuesta por volver al origen de la tragedia y, al mismo tiempo, reconstruir el vínculo entre dos de los personajes más importantes de Xbox: Marcus Fenix y Dominic Santiago. Con ello, el estudio no solo pretende contar una nueva historia, sino también recordar por qué Gears of War se convirtió en una de las sagas más importantes del género de acción en tercera persona.

Entonces, lejos de presentar una secuela que aumente la escala del conflicto, The Coalition decide mirar hacia atrás y narrar el Día de la Emergencia, el instante en que los Locust irrumpieron desde las profundidades de Sera y transformaron un mundo aparentemente estable en un escenario de destrucción absoluta. El resultado no solo amplía el universo de la franquicia, sino que también aporta un contexto emocional que durante años apenas conocíamos a través de menciones en entregas anteriores.

La historia vuelve a colocar a Marcus Fenix y Dominic Santiago como protagonistas, pero esta vez lejos de la imagen de veteranos endurecidos que todos conocemos. Aquí todavía son soldados enfrentándose a un enemigo completamente desconocido, intentando sobrevivir mientras observan cómo su hogar desaparece frente a sus ojos. Esa decisión narrativa consigue que ambos personajes resulten mucho más cercanos y vulnerables, mostrando el origen del vínculo que terminaría convirtiéndose en uno de los más importantes de la franquicia.

Desde los primeros minutos queda claro que el tono también ha cambiado. Aunque la acción explosiva sigue estando presente, E-Day dedica mucho más tiempo a construir la tensión previa al desastre. La sensación de incertidumbre domina gran parte del inicio de la aventura, permitiendo que la aparición de los Locust tenga un impacto mucho mayor que en entregas anteriores. La destrucción ya no es únicamente un espectáculo visual; ahora también funciona como una herramienta narrativa que transmite el miedo y la desesperación de una civilización que no entiende lo que está ocurriendo.

Esa construcción del mundo convierte a Sera en uno de los grandes protagonistas de la campaña. Las ciudades rebosan vida antes del ataque y, conforme avanza la invasión, cada calle destruida, edificio derrumbado y grupo de civiles intentando escapar ayuda a reforzar la sensación de que realmente estamos viviendo el momento más oscuro de este universo. Es una ambientación mucho más cuidada que en juegos anteriores, donde la guerra ya llevaba años desarrollándose.

Lo más interesante es que The Coalition evita convertir esta precuela en un simple desfile de referencias para los fanáticos. Sí existen numerosos guiños para quienes conocen la trilogía original, pero la historia funciona perfectamente por sí sola. Tanto los nuevos jugadores como quienes llevan casi dos décadas siguiendo la saga encontrarán una campaña que entiende cuándo apostar por la nostalgia y cuándo construir una identidad propia. Ese equilibrio termina siendo uno de los mayores aciertos de toda la experiencia.

La mayor virtud de Gears of War: E-Day está en demostrar que la franquicia no necesitaba reinventar sus bases, sino perfeccionarlas. The Coalition toma la jugabilidad clásica que convirtió a la serie en un referente y la moderniza con cambios que, aunque puedan parecer pequeños sobre el papel, terminan haciendo que cada enfrentamiento se sienta mucho más fluido y satisfactorio. Es, sin duda, el sistema de combate más refinado que ha tenido la saga hasta la fecha.

Uno de los cambios más importantes está en la movilidad. El clásico roadie run, tan característico de las primeras entregas, desaparece para dar paso a un sprint ilimitado mucho más natural, mientras que acciones como saltar obstáculos, trepar estructuras o superar coberturas ahora cuentan con botones específicos. Esta reorganización elimina la sobrecarga que durante años tuvo un solo botón y consigue que los movimientos sean más precisos sin perder la sensación pesada y contundente que siempre ha definido a Gears of War.

Lo mejor de todo es que, pese a estas mejoras, el juego sigue sintiéndose inconfundiblemente Gears. Cada arma transmite un enorme impacto, los personajes conservan ese peso característico al desplazarse y las ejecuciones continúan siendo tan brutales como siempre. Atravesar a un Locust con la motosierra del Lancer, despedazar enemigos con una escopeta a corta distancia o hacer explotar un grupo entero con una granada mantiene intacta esa personalidad exagerada y violenta que convirtió a la franquicia en un referente del género. Incluso los constantes intercambios de insultos entre Marcus, Dom y los Locust conservan ese tono irreverente que los fanáticos esperan encontrar.

Los enfrentamientos también se sienten más inteligentes gracias a un diseño de enemigos que obliga constantemente a replantear la estrategia. Los Boomers regresan con toda su capacidad destructiva, mientras nuevas criaturas capaces de lanzar ácido, bombardear desde el aire o reforzar continuamente las filas enemigas obligan a permanecer en movimiento sin abandonar la cobertura. Intentar avanzar de forma impulsiva casi siempre termina con el jugador derribado, reforzando esa filosofía táctica donde elegir bien cada posición resulta tan importante como la puntería. Es un combate que continúa recompensando la paciencia, la coordinación y el control del escenario.

A todo ello se suma un sistema de progresión bastante más profundo que en entregas anteriores. Durante la campaña aparecen constantemente Supply Caches, puntos donde no solo es posible reabastecer toda la munición y el equipamiento, sino también reorganizar el arsenal según las necesidades del momento. La posibilidad de cambiar armas con libertad hace que experimentar con distintos estilos de juego resulte mucho más natural, evitando que el jugador quede limitado a una única configuración durante toda la aventura.

La personalización también gana protagonismo gracias a los nuevos modificadores de armas y armaduras. A medida que se completan objetivos secundarios o se encuentran recompensas especiales, es posible desbloquear mejoras como miras láser, munición incendiaria, bonificaciones defensivas o habilidades especiales capaces de revelar enemigos cercanos o crear zonas de curación para todo el escuadrón. No transforma por completo la identidad de Gears, pero sí añade una capa estratégica que aporta mayor variedad y permite adaptar el combate al estilo de cada jugador.

Las nuevas armas también consiguen refrescar una fórmula que ya era sólida por sí misma. El arsenal incorpora incorporaciones como el Gut Puncher, un potente lanzagranadas; el Ripper, una ametralladora Locust cuya precisión mejora mientras más tiempo se mantiene el gatillo presionado; o el brutal Gorehook, un arma capaz de atravesar enemigos con un enorme ancla metálica que ofrece algunas de las ejecuciones más espectaculares de toda la campaña. Sin embargo, una de las mejores adiciones es el Incinerator Shotgun, una escopeta que dispara emulsión inflamable y provoca que los enemigos terminen consumidos por el fuego pocos segundos después del impacto. También regresa el Breechshot, un rifle de cerrojo que funciona como un francotirador de corto alcance y que vuelve a convertirse en una de las armas más satisfactorias para eliminar enemigos con disparos precisos a la cabeza.

Más allá del combate, Gears of War: E-Day introduce pequeñas zonas semiabiertas que rompen ocasionalmente el ritmo lineal de la campaña. No llegan a transformar la estructura clásica de la saga, pero sí ofrecen espacio para explorar, completar objetivos secundarios, encontrar suministros y conseguir mejoras para el equipo. Son segmentos que aportan algo más de libertad sin perder el foco narrativo ni convertir la experiencia en un mundo abierto, permitiendo que el jugador alterne entre los grandes enfrentamientos y momentos donde puede avanzar a un ritmo más pausado.

Aun con estas novedades, The Coalition nunca pierde de vista la esencia de Gears. Tras un espectacular inicio donde la ciudad se derrumba alrededor del jugador en tiempo real, la campaña vuelve poco a poco a esa estructura que siempre ha caracterizado a la franquicia: avanzar, limpiar zonas, coordinar ataques con el escuadrón y sobrevivir a enfrentamientos cada vez más intensos. Puede que quienes esperaban una revolución completa encuentren una experiencia bastante familiar, pero precisamente ahí reside una de sus mayores fortalezas. E-Day entiende perfectamente qué funciona y prefiere perfeccionarlo antes que modificarlo innecesariamente.

Otro aspecto que merece un reconocimiento especial es el modo cooperativo. En una época donde muchos juegos siguen teniendo dificultades para ofrecer una experiencia cooperativa realmente sólida, Gears vuelve a demostrar por qué ha sido durante tantos años una referencia dentro del género. La campaña puede completarse íntegramente junto a otros jugadores, ya sea en pantalla dividida o en línea, compartiendo progreso, modificaciones de armas y un equilibrio de dificultad muy bien ajustado. Todo funciona con una naturalidad que permite entrar y salir de la partida sin complicaciones, haciendo que recorrer toda la aventura junto a amigos siga siendo una de las mejores formas de disfrutar la experiencia.

Precisamente esa sensación de cooperación refuerza uno de los pilares históricos de la franquicia. Cada enfrentamiento exige cubrir sectores, priorizar amenazas y aprovechar las habilidades de cada integrante del equipo, generando situaciones donde la comunicación resulta tan importante como la precisión al disparar. Es un diseño que quizá no busque reinventar el género, pero sí demuestra que pocas sagas entienden tan bien cómo construir una campaña cooperativa divertida, equilibrada y capaz de mantenerse entretenida de principio a fin.

No todo el contenido adicional, sin embargo, alcanza el mismo nivel de inspiración. Las zonas semiabiertas y sus misiones secundarias ayudan a romper el ritmo lineal de la campaña, ofreciendo recompensas interesantes como Weapon Mods, recursos y mejoras que realmente tienen impacto en el combate. El problema es que la estructura de muchas de estas actividades termina siendo demasiado similar. Defender un punto, eliminar un objetivo específico, rescatar civiles o destruir determinados blancos son variantes de un mismo esquema que, con el paso de las horas, comienza a repetirse. Tiene sentido considerando que el ADN de Gears sigue siendo el de un shooter de coberturas bastante definido, pero esa falta de variedad provoca que la exploración pierda parte del entusiasmo inicial, especialmente para quienes buscan una evolución más profunda en el diseño de misiones.

En el apartado multijugador competitivo, Versus mantiene prácticamente todo lo que los seguidores esperan de la franquicia. Modos clásicos como Team Deathmatch o Conquest regresan acompañados por nuevos mapas y el ya conocido control de armas de poder que obliga a disputar constantemente sectores del escenario. El gunplay continúa siendo excelente y cada enfrentamiento transmite esa mezcla de tensión y brutalidad que siempre caracterizó a Gears. Sin embargo, durante nuestras sesiones también fue evidente que el equilibrio todavía necesita algunos ajustes, ya que muchas partidas terminan reduciéndose a enfrentamientos donde la escopeta domina la mayoría de los intercambios. Probablemente esto mejore con una comunidad más grande tras el lanzamiento y futuras actualizaciones, pero por ahora el competitivo todavía deja margen para evolucionar.

La verdadera sorpresa llega con Horde Siege, un modo que consigue reinventar la clásica Horda sin abandonar su identidad. En lugar de limitarse a sobrevivir oleadas de enemigos, aquí cada partida funciona como una pequeña campaña cooperativa de aproximadamente treinta minutos. El mapa presenta distintos objetivos secundarios —rescatar civiles, plantar explosivos, eliminar enemigos especiales o defender posiciones— que otorgan mejoras permanentes para futuras partidas. Además, otras escuadras controladas por jugadores recorren simultáneamente el escenario, cruzándose ocasionalmente para colaborar antes del enfrentamiento final contra una enorme ofensiva Locust. El resultado es una experiencia mucho más dinámica, variada y con un fuerte incentivo para seguir jugando, convirtiéndose fácilmente en uno de los mayores aciertos de esta entrega.

Visualmente, Gears of War: E-Day representa uno de los mejores trabajos técnicos que ha realizado The Coalition hasta la fecha. Los escenarios destruidos durante el Emergence Day transmiten una sensación constante de caos gracias a una iluminación sobresaliente, excelentes efectos de partículas y un nivel de detalle que hace que cada edificio colapsando o cada enfrentamiento contra los Locust tenga un enorme impacto visual. A ello se suma un diseño sonoro impecable, donde el rugido de las armas, las explosiones y la contundente banda sonora elevan aún más la intensidad de cada combate. Más importante todavía, el rendimiento se mantiene sólido durante toda la campaña, permitiendo que la espectacularidad nunca comprometa la fluidez de la acción.

Gears of War: E-Day no busca reinventar completamente la franquicia, sino perfeccionar prácticamente todo aquello que hizo grande a la saga hace casi veinte años. Sus escenarios más abiertos, el nuevo sistema de progresión, las mejoras en la movilidad y la excelente narrativa convierten esta entrega en uno de los regresos más sólidos de Xbox en muchos años. Aunque algunas actividades secundarias terminan siendo repetitivas y el multijugador competitivo todavía necesita encontrar un mejor equilibrio, el sobresaliente diseño de su campaña, la brillante implementación de Horde Siege y un gameplay que nunca había sido tan satisfactorio hacen que E-Day sea una evolución inteligente y respetuosa del legado de Gears of War. Para quienes crecieron con la saga será un regreso emocionante; para los nuevos jugadores, probablemente sea la mejor puerta de entrada que la franquicia ha tenido hasta ahora.

gamecored score 9

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Gears of War: E-Day brindada por Microsoft para Xbox Series X.

PUNTOS BUENOS

La mejor jugabilidad que ha tenido la saga hasta la fecha, gracias a un sistema de movimiento más fluido, nuevas opciones de movilidad y un combate que conserva intacta la esencia clásica de Gears. Una campaña sobresaliente, que profundiza en la relación entre Marcus y Dom mientras ofrece una narrativa más humana sin perder la espectacularidad característica de la franquicia. Las nuevas mecánicas de progresión, con Weapon Mods, loadouts personalizables y exploración semiabierta, añaden una capa estratégica que refresca la experiencia sin romper su identidad. Horde Siege es una incorporación brillante, reinventando el cooperativo con objetivos dinámicos, progresión constante y una estructura que invita a seguir jugando mucho después de terminar la historia.

PUNTOS MALOS

- Aunque las zonas semiabiertas aportan variedad, varias de sus misiones secundarias terminan siendo repetitivas, repitiendo estructuras y objetivos que, con el paso de las horas, evidencian las limitaciones del diseño tradicional de la saga.

CONCLUSIÓN

Gears of War: E-Day demuestra que la franquicia no necesitaba reinventarse, sino evolucionar inteligentemente para ofrecer la campaña más sólida, emocionante y refinada de toda la saga.