Hay estudios que crean grandes videojuegos y otros que construyen una identidad tan marcada que resulta imposible confundirlos con cualquier otra propuesta del mercado. Remedy Entertainment pertenece a ese reducido grupo. Durante más de dos décadas ha perfeccionado una forma muy particular de contar historias, mezclando ciencia ficción, terror, acción y una narrativa que constantemente desafía al jugador. Control Resonant no solo mantiene esa filosofía, sino que la lleva a un nivel que parecía inalcanzable.

Desde su anuncio existían motivos para sentir cierta incertidumbre. Después del enorme impacto que tuvo el primer Control, la decisión de convertir a Dylan Faden en protagonista y reemplazar el énfasis en los tiroteos por un sistema de combate cuerpo a cuerpo sonaba arriesgada. Cambiar dos de los pilares más importantes de una franquicia rara vez sale bien, especialmente cuando los jugadores tienen expectativas tan altas sobre una secuelay es ahí donde yo también sentí cierto titubeo. Sin embargo, Remedy entendía perfectamente hacia dónde quería llevar su universo y nunca perdió de vista su visión creativa.

Lo sorprendente es que esas dudas desaparecen muy rápido. Conforme avanzan las primeras horas queda claro que Control Resonant no intenta repetir la fórmula del original, sino evolucionarla. La secuela mantiene intacta la esencia del universo que conocimos en 2019, pero al mismo tiempo introduce suficientes cambios para sentirse como una experiencia completamente nueva. Esa capacidad de innovar sin perder identidad es, probablemente, uno de los mayores logros del estudio.

La historia se desarrolla siete años después de los acontecimientos del primer juego. Jesse Faden ha desaparecido por razones que el propio título va revelando progresivamente, mientras que Dylan despierta de un largo coma convertido en la única esperanza para contener una nueva crisis sobrenatural que amenaza con destruir Manhattan. El caos ya no permanece encerrado dentro de la Oldest House; ahora toda la ciudad está siendo consumida por anomalías capaces de alterar la realidad misma.

Este nuevo contexto permite que la narrativa tenga un ritmo diferente al del primer Control. En lugar de bombardear constantemente al jugador con conceptos extraños y explicaciones crípticas, la historia se toma el tiempo necesario para construir el conflicto. Quienes ya conocen este universo se sentirán inmediatamente familiarizados con sus reglas, mientras que el desarrollo consigue aumentar gradualmente la escala de la amenaza hasta alcanzar momentos realmente espectaculares. Cada nuevo giro hace que el misterio resulte todavía más fascinante.

Dylan Faden también termina siendo una grata sorpresa. Lejos del personaje desequilibrado que conocimos anteriormente, aquí encontramos a alguien profundamente marcado por los experimentos del Federal Bureau of Control y por una infancia que prácticamente nunca existió. Esa mezcla entre culpa, inseguridad y deseo de redención convierte al protagonista en una figura mucho más humana de lo esperado. Su evolución emocional es uno de los aspectos mejor escritos de toda la aventura.

Remedy demuestra nuevamente que sabe construir personajes complejos sin recurrir a diálogos innecesariamente extensos. Gran parte del crecimiento de Dylan puede apreciarse a través de pequeños detalles, conversaciones ambientales y la forma en que otros personajes modifican progresivamente la percepción que tienen sobre él. Al inicio nadie confía en sus intenciones; conforme demuestra sus capacidades, ese rechazo comienza a desaparecer de manera completamente natural. Es un recurso narrativo sencillo, pero ejecutado con enorme inteligencia.

Otro de los grandes aciertos de Control Resonant es la manera en que expande el universo de la franquicia. Manhattan está dividida en distintos sectores, cada uno afectado por anomalías diferentes que transforman completamente el entorno y presentan conflictos propios. Lo más interesante es que las misiones secundarias dejan de sentirse como simples actividades opcionales y pasan a convertirse en historias tan elaboradas como la campaña principal, aportando contexto, personajes y nuevos misterios que enriquecen constantemente el mundo.

Después de más de cuarenta horas de contenido, la sensación que deja este primer bloque de la aventura es clara: Remedy no quería hacer una secuela continuista, sino una obra mucho más ambiciosa en todos los sentidos. La historia, los personajes y la construcción del mundo muestran una confianza absoluta en la inteligencia del jugador, evitando explicaciones excesivas y permitiendo que sea la propia exploración la que recompense la curiosidad. Y ese es precisamente el mayor mérito de Control Resonant: convertir lo extraño, lo imposible y lo incomprensible en una aventura sorprendentemente coherente y profundamente absorbente.

Uno de los cambios más importantes respecto al juego original está en el gameplay. Cuando Remedy anunció que Control Resonant dejaría atrás el combate centrado en armas de fuego para apostar por enfrentamientos cuerpo a cuerpo, como dioje líneas arriba, era inevitable sentir cierto escepticismo. Después de todo, buena parte de la identidad del primer Control estaba construida alrededor de la Service Weapon y las habilidades telequinéticas. Sin embargo, bastan unas pocas horas para entender que este cambio no fue un capricho, sino una evolución completamente lógica del diseño del juego.

El combate está diseñado alrededor de un concepto muy claro: la agresividad constante. Aquí no existe espacio para permanecer a cubierto esperando el momento perfecto para atacar. Control Resonant obliga al jugador a mantenerse siempre en movimiento, encadenando golpes, habilidades y desplazamientos mientras decenas de enemigos intentan rodearlo. Es un sistema que exige concentración permanente y que recompensa enormemente a quienes aprenden a dominar su ritmo.

Dylan posee una movilidad muy superior a la de Jesse Faden. Sus desplazamientos son rápidos, ágiles y espectaculares, permitiendo convertir cada enfrentamiento en una especie de coreografía donde los ataques, las esquivas y los poderes sobrenaturales fluyen con una naturalidad sorprendente. Nunca se siente como un simple juego de acción; cada combate transmite la sensación de estar participando en un caos perfectamente controlado.

La profundidad del sistema aparece conforme se desbloquean las diferentes formas del Aberrant y las habilidades especiales. Cada tipo de ataque responde a un daño específico —contundente, cortante o perforante—, obligando a estudiar las debilidades de los enemigos y cambiar constantemente de estrategia. No basta con memorizar un combo; cada enfrentamiento exige tomar decisiones en cuestión de segundos mientras el campo de batalla cambia continuamente.

A esto se suma el medidor de aturdimiento y el estado de Dominance, una mecánica que premia la presión ofensiva permitiendo infligir un daño devastador durante unos segundos. Lo interesante es que el juego nunca explica de manera excesiva cómo aprovechar estas herramientas; simplemente invita al jugador a experimentar hasta descubrir cuál es la combinación más efectiva para su estilo de juego. Ese respeto por la inteligencia del usuario es una constante durante toda la aventura.

Los combates contra jefes también representan uno de los mayores aciertos de esta secuela. Cada uno introduce patrones únicos, obliga a leer cuidadosamente los movimientos del enemigo y exige encontrar pequeñas ventanas para responder con toda la agresividad posible. Son peleas exigentes, pero rara vez resultan injustas, ya que el propio sistema ofrece oportunidades para recuperarse y volver a tomar el control del enfrentamiento.

Fuera del combate, Control Resonant incorpora una progresión con elementos RPG mucho más sólida que en el título original. La obtención de materiales, puntos de talento y mejoras para las distintas formas del Aberrant consigue que cada misión tenga una recompensa tangible. No se trata simplemente de aumentar estadísticas; el juego permite construir un estilo de combate propio mediante habilidades pasivas, mejoras ofensivas y diferentes configuraciones de equipamiento.

Los Artifacts cumplen un papel especialmente importante dentro de esta progresión. Al equipar distintos efectos pasivos y combinarlos con determinadas habilidades, es posible crear configuraciones muy diferentes entre sí, incentivando la experimentación durante prácticamente toda la campaña. Afortunadamente, la gestión de todas estas mejoras resulta bastante intuitiva gracias a The Gap, un espacio que funciona como centro de personalización y evolución del personaje.

La exploración también recibe una evolución enorme. Manhattan no es únicamente un escenario donde avanzar entre misiones principales, sino un espacio lleno de secretos, anomalías y caminos alternativos que constantemente despiertan la curiosidad del jugador. Remedy evita saturar el mapa con indicadores innecesarios y apuesta por una exploración mucho más orgánica, donde descubrir nuevas habilidades o resolver anomalías se convierte en una recompensa por observar cuidadosamente el entorno. Esa filosofía hace que recorrer cada sector resulte tan satisfactorio como superar cualquiera de sus espectaculares combates.

Uno de los aspectos donde Control Resonant vuelve a demostrar el enorme talento de Remedy es en su apartado artístico. Si el primer juego convirtió la arquitectura brutalista de la Oldest House en un personaje más de la historia, esta secuela amplía enormemente esa propuesta trasladando la acción a una Manhattan completamente deformada por las anomalías. Cada distrito posee una personalidad visual propia y consigue transmitir la sensación de que la realidad se está desmoronando frente a nuestros ojos. Es un mundo tan extraño como fascinante, donde nunca sabes qué encontrarás al cruzar la siguiente esquina.

La dirección artística aprovecha esa libertad para ofrecer escenarios que constantemente desafían la lógica. Edificios que cambian de forma, calles que parecen doblarse sobre sí mismas, estructuras suspendidas en el aire y fenómenos imposibles convierten la exploración en un espectáculo permanente. Remedy demuestra nuevamente que no necesita recurrir únicamente al hiperrealismo para impresionar; su verdadera fortaleza está en crear imágenes que permanecen grabadas en la memoria mucho después de apagar la consola.

A nivel gráfico, Control Resonant representa uno de los trabajos más ambiciosos del estudio. La calidad de las texturas, el nivel de detalle de los escenarios y la enorme cantidad de elementos que aparecen simultáneamente en pantalla construyen un apartado visual sobresaliente. Los efectos de partículas durante los combates, las explosiones provocadas por los poderes sobrenaturales y la iluminación dinámica convierten cada enfrentamiento en una auténtica exhibición tecnológica. Pocas producciones actuales consiguen transmitir semejante sensación de espectáculo sin perder claridad visual.

La destrucción del escenario vuelve a desempeñar un papel fundamental dentro del gameplay. Gran parte del entorno reacciona a los ataques del jugador y de los enemigos, generando combates mucho más dinámicos y caóticos. Columnas que se derrumban, mobiliario que sale despedido, cristales que estallan y fragmentos de concreto que vuelan por toda la pantalla hacen que cada batalla se sienta distinta. Más que un simple efecto visual, la destrucción termina convirtiéndose en parte de la identidad del combate.

El trabajo realizado con la iluminación merece una mención aparte. Remedy vuelve a utilizar luces, sombras y reflejos para reforzar constantemente la atmósfera sobrenatural de la aventura. Las anomalías alteran no solo el escenario, sino también la forma en que la luz interactúa con cada espacio, generando ambientes inquietantes que aumentan la sensación de incertidumbre durante toda la exploración. La iluminación no es únicamente un recurso técnico; forma parte activa de la narrativa visual del juego.

Las animaciones también alcanzan un nivel sobresaliente. Dylan transmite cada emoción mediante expresiones faciales muy cuidadas, mientras que los movimientos durante el combate poseen una fluidez extraordinaria. Las transiciones entre ataques, esquivas y habilidades especiales resultan prácticamente imperceptibles, reforzando esa sensación de que el personaje responde de inmediato a cada decisión del jugador. Todo el sistema transmite una naturalidad que hace muy difícil volver al primer Control sin notar la evolución conseguida por Remedy.

En PlayStation 5 Pro, plataforma donde realicé esta reseña, el rendimiento fue excelente durante prácticamente toda la aventura. Incluso durante los enfrentamientos más exigentes, con decenas de enemigos y una enorme cantidad de efectos visuales simultáneos, el juego mantiene una estabilidad muy convincente. Encontramos únicamente pequeñas caídas puntuales en algunas secuencias especialmente cargadas, aunque nunca llegaron a afectar la experiencia de manera significativa. Es una producción técnicamente muy sólida para el nivel de ambición que propone.

El apartado sonoro vuelve a situarse entre los mejores trabajos de Remedy. Cada habilidad sobrenatural posee un impacto contundente, las anomalías generan efectos de sonido inquietantes y los enemigos cuentan con una identidad acústica propia que ayuda incluso a anticipar algunos ataques durante el combate. Es uno de esos juegos donde cerrar los ojos durante unos segundos sigue permitiendo imaginar perfectamente lo que está ocurriendo en pantalla.

La banda sonora acompaña perfectamente cada momento de la aventura. Durante la exploración predominan piezas ambientales que potencian el misterio y la tensión, mientras que los enfrentamientos importantes elevan considerablemente la intensidad mediante composiciones mucho más agresivas. Como ya es costumbre en el estudio, también existen varias secuencias musicales inesperadas que consiguen convertirse en algunos de los momentos más memorables de toda la campaña. En ese sentido, Remedy vuelve a demostrar que entiende el enorme poder narrativo que puede tener la música dentro de un videojuego.

Bueno, después de más de cuarenta horas explorando cada rincón de Manhattan, completando gran parte de sus actividades secundarias y descubriendo los numerosos secretos que esconde este universo, queda claro que Control Resonant es exactamente el tipo de secuela que uno espera de Remedy Entertainment. No busca repetir el éxito del primer juego, sino superarlo desde prácticamente todos los frentes posibles. Su narrativa continúa siendo una de las más originales de la industria, el nuevo sistema de combate representa una evolución brillante, la exploración recompensa constantemente la curiosidad y su apartado audiovisual vuelve a colocarse entre los referentes del género. Puede que su complejidad narrativa no sea para todos los públicos, pero quienes estén dispuestos a dejarse llevar por su extraño universo encontrarán una de las mejores experiencias de acción y ciencia ficción de los últimos años, además de uno de los claros candidatos a Juego del Año.

gamecored score 10

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Control Resonant brindada por Remedy Entertainment para PlayStation 5.

PUNTOS BUENOS

Una narrativa brillante y absorbente que expande el universo de Control con una historia más ambiciosa y un excelente desarrollo de Dylan Faden. El nuevo sistema de combate cuerpo a cuerpo es profundo, dinámico y tremendamente satisfactorio, ofreciendo una evolución natural respecto al primer juego. Exploración orgánica y recompensante, con misiones secundarias que enriquecen el mundo y se sienten tan importantes como la campaña principal. Dirección artística y apartado audiovisual sobresalientes, capaces de crear escenarios memorables y una atmósfera única dentro del género. Gran cantidad de opciones de progresión y personalización, permitiendo adaptar el estilo de juego mediante habilidades, Artifacts y mejoras.

PUNTOS MALOS

Su narrativa y mecánicas pueden resultar abrumadoras para nuevos jugadores, especialmente para quienes no hayan jugado el Control original o prefieran experiencias más directas.

CONCLUSIÓN

Control Resonant es una secuela que mejora prácticamente todos los aspectos del original y confirma a Remedy Entertainment como uno de los estudios más creativos e innovadores de la industria.